Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

31 mar 2017

Novela de gran éxito en su día

Sí, en dos versiones, largas y numerosas reediciones, esta novela se descatálogó, tras años de éxito en España y Sudamérica, En capítulos muy resumidos os iré  transcribiendo algo.

"QUISCO, MI AMIGO"
Capítulo 1

Un remolino de vilanos se amontona a mis pies. La “catalana” se aleja levantando polvo por el camino de abajo. Frente a mi, cuesta arriba, un puñado de casitas apretadas. Atardece. Fuego en el cielo y manchas rosadas sobre las blanquísimas paredes. Soledad y silencio en la aldea, una aldea de la campiña cordobesa  llena de luz y aire. Un perro acurrucado en los últimos rayos de sol que rechinan en la acera, estira las orejas al verme. Después, viejo perezoso,  viene hacia mí ladrando. Husmeas mis zapatos y con un leve gruñido   se aleja con indiferencia.
Unos instantes más, y un hombre largo, negruzco, uniformado..., sale de un portalón de piedra. ¡Sapee..! –le grita a un gato que está enroscado a la puerta- ¡Qué leche de animaluchos! Al descubrirme, exclama, quitándose una gorra deslucida que trata de estirar entre sus manos: ¡Dios guarde a usted, señorita! Usted debe ser... Sí; yo soy Blanca. La nueva maestra –interrumpo, soltando la maleta y alargándole una mano-. Tengo mucho gusto. Yo soy López, el municipal, para servirla. El señor alcalde, el Victorino, que ha tenío que salir, me ha encarga  que viniera a esperarla.  En lo de la  Manuela tiene avisao el Victorino. Conforme se sube, a la derecha –me explica, colocándose en medio de la calle-. No hay pérdida. Usted lo verá. Es una casa de escalones, na más llegar a la plaza. ¡Quiscooo..! –vocea-. ¿Dónde, leche. te has metío..? No seas tan corto, hombre. ¿No te lo dije? Acompaña a la maestra a casa de la Manuela, que yo tengo una urgencia que hacer.
...Y del rincón de la fuente se despega, sin rechistar, un muchachote, un niño, diría yo  por sus ademanes: cabeza baja, manos entrelazadas, camisa pajiza, mirada mongólica, pelo al rape y un trabajoso tic en el cuello.
Estaba allí, cerca del arco de entrada: arrinconado en la fuente de piedra, entre un chorrito de agua y un cascarón de pared. No lo había visto antes, pero, para mí que me había observado desde mi llegada,


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