Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

4 nov 2016

Ruego al amanecer



Amanecer cálido el de esta madrugada en preludio de lluvia que nada más salir –seis menos cuarto de esta mañana- noto  chisporrotear, ya, sobre mi cabeza. Me detengo a respirar profundo como si quisiera  tragarme, eternizar la mágica hora de semáforos, silencios, luces serenas de mi Avenida. Alguien se me cruza y exclama: ¿Hace “fresquete”, Isabel y hay que cuidarse!. ¿Dónde vas a estas horas? A vivir –le contesto-, y sí, hay que cuidarse para vivir, pero no vivir para cuidarse.
Y un soplo de extraña felicidad, ausente de la dura realidad que también me acompaña, alienta en mi alma un profundo deseo de vivir. No –me digo-, no quiero morir, quiero vivir, vivir…
Y en esos repentes que nacen en el halo de cualquier sentimiento que te conmueven, sin esperarlos, en cualquier instante,  sentada junto a un gran ventanal de mi cafetería, al negro cielo que tengo  por  horizonte, un ruego que dirijo a un dios y a mí misma, verbalizo interiormente un ruego que después, y para vosotros, escribo en mi libreta de notas:

RUEGO
No quiero ir a ese lugar maravilloso,
donde dicen que moras, Dios,
si allí no puedo sentir este aire fresco del amanecer,  el chisporroteo de la lluvia, el dolor y la esperanza, si allí no puedo sentir solidaridad con la pobreza, la injusticia, el desamor..,  si allí no puedo escuchar los casi divinos coros de ópera, el murmullo del jardín, el rumor de las olas, el rugir del viento, el trinar de los pájaros, la carcajada de un niño, el doblar o repique de campanas, los rezos  de un claustro…
 No, yo no quiero ir allí, Dios, contigo,
si no puedo ser testigo de amaneceres y crepúsculos,
si no puedo ver lunas y estrellas,
si mis ojos se ciegan  a paisajes, horizontes,
huellas, primaveras,  otoños, montes,  valles...

No, yo no quiero ir allí, Dios, contigo,
si mis labios no pueden ser besos,  sonrisas, palabras...
si mis manos no pueden ser  caricias, apoyo, pincel...
si  mis manos no me sirven para escribir un verso...

Pero escucha, Dios, si como dicen,
Tú eres el Creador de este universo infinito
seguro que Tú, ¡sí, sólo Tú! eres mi música, mi flor,
mi noche y mi día, mi cielo, mi mar... mi amor.

Y si es así, ¿sabes?,  estoy lista para irme ya contigo,
sí, allí donde para siempre pueda gozar
de tantas pequeñas maravillas....

Pero déjame un  poco  más, uno largo, siquiera
para que siembre mi  maceta de albahaca
aquella que tengo pendiente,
aquella que sueño en los ojos de cada niño, de cada anciano, 
sí, aquella que sueño   en los ojos del mundo cada madrugada.

                    


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