Mis pensamientos

lunes, 19 de junio de 2017

Supervivientes

DIARIO CÓRDOBA / OPINÓN
SUPERVIVIENTES
Según definición de la RAE, la palabra supervivencia significa vivir con  escasos medios o en condiciones adversas. En estos  días, asistimos al gran invento de una cadena, que  se jacta de las mejores cuotas de pantalla, y que, como creo que todos sabemos, se trata de colocar ante nuestra tonta expectación a un grupo de personas famosas, jóvenes y fuertes en una isla paradisíaca, rodeadas de atención invisible de medios de todas clases y que, al parecer, pasan  algo de hambre, pero que se dan la gran vida, tumbados, nadando, etc. y que,  antes o después, todos se llenan los bolsillos, no precisamente de  caracolas, sino de buen dinerito.
Y, claro, yo a su lado soy más que superviviente por muchas razones, pero no pienso precisamente en mí, ¡qué va!, pienso en tantos mayores –ancianos- que viven en soledad, sin poder pagar sus medicamentos, sin poder pagar la luz de un mínimo ventilador en estos días abrasadores, con goteras chaparrones, por todos lados, sin fuerzas para salir a comprar un bollo de pan... Y pienso en los niños del mundo, también de España, que pasan hambre de verdad, que comidos de moscas sufren enfermedades y mueren, y pienso en maestros y niños de nuestras escuelas que, en los rigores del calor, se tienen que regar literalmente, para poder sobrellevar las altas temperaturas, encerrados en aulas sin ningún tipo de refrigeración, y pienso en los enfermos que metidos en camas se asfixian porque el paro o bajo sueldo no les alcanza ni  tan siquiera para lo básico... Pienso, y no acabo, cuánta supervivencia a mi alrededor y no obstante los focos miran para otro lado.
Erich Fromm dice: la supervivencia física depende de un cambio radical del corazón humano. Y yo digo, hoy más que nunca, a mi parecer, el corazón  humano y los cinco sentidos están fijos en el poder, la competitividad, el dinero y en la caja necia de la tele,


viernes, 9 de junio de 2017

Somos personas

Sábado 10 de junio de 2017

(De mi biografía en Facebook)


Luna llena en mi Avenida

 Anoche, leyendo el mensaje de una de nuestros amigos, en una Red Social, caí en la cuenta de lo anónimos que somos unos para otros en gran mayoría. Pensé que eso se debe, entra otras cosas,  porque vamos tan a la ligera y a lo nuestro que no  tenemos tiempo ni gana de leer los comentarios que también escriben los demás y en los que, aunque  dirigidos  a mis escritos, en ellos van dejando pinceladas de sus vidas que no deberíamos  dejar pasar, porque,  los amigos, los grupos, los blogs, etc. son algo más que nombres, somos ante todo, personas y eso quiere decir que sentimos, sufrimos, nos alegramos, tenemos problemas, etc. ¿Por qué no añadir a su comentario una palabra siquiera que se sienta escuchado, leído? Lo de “me gusta” es de agradecer, pero, seamos sinceros: la mayoría   de las veces ni tan siquiera sabemos de qué va lo escrito.
De ahí que, por mi parte, me haya propuesto, de vez en cuando, hacer un breve currículum de amigos que conozco bien –no son muchos- y, por supuesto, sin desvelar nada privado.
Y voy a empezar por mi hermana Mª Jesús, Mari en la familia. Y lo hago, no por qué sea mi hermana, sino porque ella, testigo anónimo, aparece todos los días sin hacer ni el más mínimo ruido. Creo que la mejor forma de que sepáis de ella es reproduciendo la siguiente Carta al Director que le dediqué, en su día, en el Diario Córdoba.

Miércoles, cuatro de marzo. Nueve y media de la tarde. Tras seis horas de angustia infinita, el doctor Concha nos da la noticia a toda la familia reunida en tensa expectativa: Todo ha ido bien –nos dice-.. No obstante hay que esperar veinticuatro horas. Sí, mi hermana María Jesús, mi amiga, mi cómplice de toda la vida, por tercera vez se sometía a una muy delicada intervención quirúrgica. Confieso mi exacerbada imaginación que se tornaba  interrogantes hacia la diana de aquel quirófano, cuya puerta nos separaba: ¿Qué estaría pasando? ¿En qué instante perdería la conciencia? ¿En qué momento el bisturí haría presa en su cuerpo tan de niña todavía? Silencio, mucho silencio entre todos los que al otro lado del evento la acompañábamos, la esperábamos. Hoy, cuando tan sólo han transcurridos unos días, y estás en condiciones de leer esta carta, quiero decirte, hermana, amiga, cómplice, si la emoción me deja, que tu vida es un regalo para la familia y para todos los que te conocen, pero sobre todo para  ese hombre, tu marido, de tantas lágrimas calladas, para tu hijo, sonrisa como expresión única de su dolor, para mí, muy especialmente, que como niña asustada me sentía huérfana  de tantas cosas que desde tu inconciencia no podíamos compartir. Hoy, cuando al fin, una sonrisa cansada vuelve a ser presente en tus labios, quiero dar gracias a Dios,  gracias a ese magnífico Doctor Concha y a su equipo, Gracias, sobre todo a ti, por tu coraje, valor, por tu bondad. Alguien más, y lo sabes, los niños te esperan porque hasta unas horas antes de la intervención, le dedicaste juegos, palabras… amor. ¡qué gran maestra! Tu sueño de apadrinar a tu hijo en su enlace matrimonial es ya un futuro inmediato. Seguiremos  viendo amaneceres y ocasos, arco iris y lunas, porque el reloj de la vida te ha dado cuerda y tú consciente de ello, la retas, una vez más,  en duelo que, en definitiva,  es el vivir de todos.

Esto es algo de  mi hermana. Sombra una de la otra desde muy niñas. Mayor que ella, la considero, más hija que hermana. Ahí, está, humilde, con su fotito todos los días.

jueves, 8 de junio de 2017

Ataque de ansiedad.

Hoy no voy a ocultar algo  que algunos sabéis y otros ni imagináis. A veces, sin saber por qué se nos presenta  un mal día o una mala temporada, mas bien psíquica que  física, que nos tortura de forma que solo el que lo ha padecido conoce.
Personalmente, y no tengo miedo de confesarlo, entre otras razones por mi agorafobia y por otras muchas que  sí me reservo, cuando menos lo espero se me presenta un ataque de ansiedad terrible: sudoración, temblores, palpitaciones, mareos, nauseas, dolor de cabeza, desgana absoluta de todo, etc.
Os gustaría preguntarme qué hago cuando me siento así. Os lo cuento: primero, nada; dejarme morir que es lo que me creo que me va a suceder. Después, hay un momento que pienso que debo reaccionar, que eso ya me ha pasado muchas veces, que  mañana estaré mejor... Y a esto trato de añadir hacer algo que me guste dentro de que no  siento interés ni gana de hacer nada más que estar con los ojos cerrados porque, hasta el más leve roce de la piel, me produce dolor. Pero me digo: ¿qué es lo que más me distraería? Y bueno, en este caso, me acosté tarde con la nueva portada de Facebook en la que me veía bien y me decía: ¿en dos días no te vas a deteriorar tanto que estés al borde del final?
Y me acosté algo mejor, pero sobre las dos y media de la madrugada, de un golpe me despertaron todos los síntomas: no me atrevía a moverme, no me atrevía a beber un poco de agua, no me atrevía 
ni tan siquiera a abrir los ojos. a encender la luz... Por mi cabeza pasaba llamar a mis hijos, pero,¿cómo despertarlos a esa hora? De pronto, oí que al móvil, que lo tengo sobre la mesita de noche, entraba un mensaje. Me extrañó mucho y por curiosidad, extendí una mano y lo cogí: ¡madre mía! Se trataba de un amigo de mi grupo, cuyo nombre no me parece bien dar,  que me contaba, para que lo leyera por la mañana, la noche tan mala  que pasaba y cómo recordándome me mandaba una bonita canción.
Sinceramente, rompí a llorar; no estaba sola. Alguien, de otra ciudad y a quién no conocía  vis a vis, me acompañaba y “acariciaba” con aquella música y con su confesión  tan similar a lo que a mí me sucedía.
A las cuatro  decidí levantarme, ducharme y, a cuestas con todo aquello, a las cinco bajé a tomar un café y un nolotil que me fueron aliviando poco a poco.

Esta es vuestra amiga Isabel Agüera, ni tan fuerte, ni tan valiente como podéis creer, pero en disposición, eso sí, de deciros: no os dejéis  caer en  brazos de estos fantasmas. Son como humo que por muy espeso que parezca, si nos decidimos a  atravesarlo, encontraremos la luz. Y también, compartir, porque puede que encontréis a otro con los mismos miedos y dolores y al ser dos, todo se  
divide. 
Muchos seres humanos, mientras dormimos  tranquilamente sufren cosas mucho peores. Bueno será que los recordemos y nos daremos cuenta que lo nuestro  nos duele porque es nuestro pero ni comparación con el  dolor del mundo.

Y esta es la fotito que me hablaba 

lunes, 5 de junio de 2017

Las buenas noticias

DIARIO CÓRDOBA / OPINIÓN
ISABEL AGÜERA
La felicidad humana --dice B. Franklin-- generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días. Bueno, pues sucede que lo que ocurre cada día y a todas horas, son pequeñas grandes noticias que nos roban esas posibles chispas que nos pueden hacer felices. Por  curiosidad, he ido anotando la hora completa de un telediario: atentados. fuegos, malos tratos, violencia, robos, corrupción, desastres meteorológicos, accidentes, etc. ¡Ni una sola buena noticia! ¿Cómo se puede ser  medianamente feliz con tantos desastres a la mano y como espada de Damocles presta a caer sobre nuestras cabezas?
En mi biografía reza que fui niña de miedos en aquellos años que los demonios de todo tipo andaban sueltos: pecados, infierno, bombas, muertos aparecidos, fantasmas, los rojos, los verdes... ¡qué sé yo! Las puertas se cerraban a cal y canto nada más oscurecer y en el silencio de las noches, sombras negras se entronizaban   «mutilando» para toda la vida  a nuestros padres y dejando grabado el terror en las mentes de los hijos. ¡Ni idea de entender ni saber pensar y mucho menos decidir! 
Aires nuevos parecían, al fin llegar, aires huracanados que enarbolando banderas de libertad y democracia, resucitaban conciencias perdidas en la desesperanza y terror, unas, y en la ignorancia, otras. No obstante, aquellos ojos cerrados a todo, se han ido haciendo a la luz, a la verdad, haciendo y entendiendo que libertad y democracia son algo más que palabras izadas en momentos de fervores patrios que dejaban atrás miedos y rigores, pero no, aquellos miedos hoy tienen nombres propios: muchas y malas noticias que nos entrecortan la respiración, nos atragantan y talan las incipientes alas de libertad. Gritos silenciosos salen de mi garganta: ¿Por qué no os calláis? ¿Que ganó el Madrid? ¿Y qué? Eso ni sube ni baja el pan, eso, leche y picón.



domingo, 4 de junio de 2017

Dónde buscar ayuda

Durante años, busqué y creí encontrar ayuda, en confesores, médicos, psicólogos, etc. 
Y si bien es verdad que no estoy cerrada a ningún tipo de ayuda que me pueda ser dada y que de ninguna manera desprecio, mi convencimiento más absoluto, el resultado de mis múltiples incursiones en la maratón de las ayudas no es otro que la certeza de que, cada uno de nosotros, si se lo propone, puede ser su mejor amigo, médico, libro, mejor psicólogo. 
Porque, a veces, puede que busquemos una mano y sólo encontremos una fría y dura espalda. Aunque me duela reconocerlo y confesarlo, la muerte de mi marido fue el primer paso positivo en mi crecimiento personal: me sentí sin manos a las que agarrarme y haciendo grandes equilibrios, comencé a dar pasos en soledad.
De ahí también una buena conclusión: cualquier acontecimiento, por doloroso, desgarrador que pueda resultar, puede tener su cara positiva. Basta que miremos con lupa en nuestro interior. Allí flamea una débil llama que bien puede extinguirse o transformarse en antorcha permanente en nuestras vidas.
Os deseo de corazón que avivéis hasta el más mínimo rescoldo que os pueda quedar y que es seguro que os queda,
El hombre cultiva mil rosas y no encuentra en ellas lo que busca, y lo podría encontrar en una sola rosa.

Saint-Exupery