Mis pensamientos

miércoles, 20 de septiembre de 2017

MI AMIGA PROSTITUTA

Hace unos años me publicaron una novela que prácticamente no se publicó nada y es poco conocida. No obstante, desde mi punto de vista de autora, es una buena e interesante novela. Título, Mi amiga Prostituta.
En Facebook la voy  publicando en capítulos muy resumidos y contenido seleccionado.  Tal vez a los lectores de este Blog les guste. Así que hacemos la prueba.

EPÍLOGO (EMPEZANDOPOR EL FINAL)

Llegué un poco antes de la hora. Aparqué en medio de un gran charco, único lugar posible por aquellos alrededores. Esperaba con impaciencia mi reencuentro con Lucrecia. A derecha e izquierda la buscaba con impaciencia como si llevara siglos estacionada en aquel portalón, aún cerrado, del cementerio. Tan sólo tráfico ante mi vista y nubes que corrían en negra y eminente amenaza de lluvia. Un poco lejos, la parada de un autobús, objetivo de mis ansiosas expectativas. De pronto observé cómo, entre una multitud de gente que bajaba, una mujer, más bien un bulto me pareció, se aproximaba al cementerio. Di unos pasos en dirección hacia ella, y sí, era Lucrecia, tan ojerosa, envejecida y esquelética que en otra situación no la hubiera reconocido. Pero estaba allí, frente a mí, con un rostro desfigurado por grandes manchas oscuras, con preeminentes bolsas debajo de los ojos y una  vulgar taleguilla colgada del brazo. Nos saludamos fríamente: No quería molestarte, pero no sabía a quién acudir. Es muy duro… Se echó a llorar, limpiándose los ojos con el puño de la manga. No es molestia. Has hecho bien con llamarme.
Unos pasos y  en tenso silencio, acentuado por el alborozado piar de pájaros por entre los cipreses, esperábamos, los rigores de aquel mal asunto. bajo la marquesina  de las puertas, abiertas ya, de aquel lugar que exhalaba un sutil halo putrefacto. Se levantó viento y comenzó a lloviznar. A las nueve en punto, casi de la nada, surgió un coche, y un hombre, con papeles en la mano, preguntó sin apenas mirarnos: ¿Quién es el familiar? Yo, soy yo -se apresuró Lucrecia.
Y aquel hombre, hecho de rutinas, añadió: Soy del Ayuntamiento. Mal rollo éste y peor tiempecillo. Tiene que firmar estos papeles.
Después, a cojeadas, otro hombre de gafas oscuras y gabardina blanca, revisó documentos, habló algo y, finalmente, mirando a su alrededor, hizo chirriar un silbato al tiempo que exclamaba en tono  despectivo: ¡Gentuza! ¡Nunca están dónde deben!
Dos hombres, con  palas  al hombro, cubiertos con gabanes  de plástico, largos hasta los pies, y apurando un bocadillo, aparecieron y, sin mediar explicaciones, recogieron bártulos. Lucrecia  me miró. En sus ojos saltones, enrojecidos por tantas lágrimas cicatrizadas, una angustiada interrogante: ¿Qué va a pasar ahora?
 (CONTINARÁ)
 



jueves, 14 de septiembre de 2017

Mago del espejo: monólogo

  
Oye, espejito maravilloso, ¿qué tienes que decir de mí? Es que tú también me vas a guiar los pasos? ¡Lo que faltaba! ¿Qué me ves años?  ¿Qué no me ves arrugas?  ¿Y qué? ¿Qué ya tengo una edad? Bueno,  ¿te has fijado en mis hombros tersos, blancos, suaves? ¿Te has detenido, acaso, en mis senos coquetos de niña adolescente?   ¿Has reparado en mi erguido cuello, soporte de cálido abrazo? No le tengo miedo a los años, mago del espejo, no le tengo miedo a nada. ¿Recuerdas cuando  ante ti  me miraba de reojo y con tanto recato que ni yo misma me veía? Eso sí, eso era miedo al pecado, al infierno, miedo a perder mi blanca azucena... No, no seas tan listo; no la he perdido, porque no hay demonios que me tapen los ojos para mirar mi cuerpo, no hay infiernos para reconocer belleza y juventud... ¿Sabes quienes queman  y negrean azucenas? Los taladores, sí, que cortan libertades  que ciegos de envidia maltratan, hieren..., que cobran por no verte, que solo buscan pódium dónde auparse....  Tú, mago del espejo, dejaste de ser maravilloso, hace años,  para tornarte almanaque, tan absurdo, tan necio, tan maldito envidioso como todos los que se izan de bandera para llamarnos viejos a los demás. ¡Qué infeliz, mago sin magia alguna! ¿Es que no te das cuenta de que tú soy yo? No tienes más autoridad para recordarme años que la que yo quiera otorgarte. Y no, más que te pese, más que me recuerdes  la tarjetita de identidad, no eres mi juez, ni tú ni nadie.  Mi juez soy yo,  y tú, ¡a cerrar la boca y asentir! ¡Que no, que no te tengo miedo!

Al lado de mi cabaña tengo una huerta yb unmadroñal
Hoy me levanté entonando una vieja canción: Al lado de mi cabaña tengo una huerta y un   madroñal, con mi cabaña y mi huerta qué quiero más. Pues, yo, nada. Tan solo eso me haría feliz.


miércoles, 13 de septiembre de 2017

Juegos de muerte

          DIAIRIO CÓRDOBA / OPINIÓN
           Este verano la ocasión se me pintó calva. Sí, porque he podido de primera mano comprobar cosas que conocía de oídas con respecto a ciertas novedades, hijas de los tiempos, que son prioridad de niños y jóvenes, si bien responsabilidad de los mayores, que las facilitamos, consentimos e incluso justificamos.

Bueno, pues no sé qué va a ser de todos porque, para empezar, desde bien pequeños, los niños están enganchados a la PlayStation de la que solo sabía el nombre y consecuencias como el nerviosismo escolar con ciertos tic incorporados y, por supuesto, el fracaso escolar, pero es que hay algo mucho peor, descubierto al ver despacio estos juegos en la pantalla: de forma poco subliminal, los niños se van familiarizando con el crimen, la muerte, el terror, porque todo son metralletas, artilugios mortales, armas... ¿Por qué matan? –se me ocurrió preguntar a unos niños— ¡Ea, porque son extranjeros –me contestaron—. Sencillamente, sentí horror. 
Otro día, por la tarde, me di un paseo a un pueblo próximo. Tropecé con un festejo organizado por el ayuntamiento con entrada libre para cualquier edad. Entré por curiosidad y nunca hubiera imaginado lo que allí vi y oí: un diyeis que repetía por los altavoces cosas literalmente como estas: «¡Vamos a bailar! En una mano quiero veros una cerveza y en la otra un porro y que viva vuestra puta madre y los cojones de vuestro padre!», etc. 
El recinto abarrotado de jóvenes y niños que fumaban y bebían sin control de nadie. Sí, había un guardia en la puerta pero vigilaba, no sé, el orden tal vez y punto. Yo creía que estaba prohibido el alcohol, el tabaco y mucho más la droga, máxime en menores. ¡Cuánta mentira! ¿Cómo se puede organizar un evento sin controlar lo que sucede allí, al aire libre, incitando al consumo de sustancias tan dañinas y con un vocabulario tan soez? 
Me alejé de allí, triste y bastante desesperanzada porque comprendí cómo entre todos promovemos, asistimos, colaboramos a la creación de una sociedad de muerte en la que el terror no solo será de yihadistas, sino una forma más de supuesta convivencia. Denunciemos, vigilemos y evitaremos, en parte, este huracán detractor de valores que muy pronto, ya, no solo vamos a lamentar sino a pagar las consecuencias.

martes, 12 de septiembre de 2017

Se acabaron las vacaciones

DIARIO CÓRDOBA / EDUCACIÓN
Difícil de explicar los sentimientos que me agitan y enternecen esta mañana, cuando contemplo la entrada de alumnos a los centros escolares en este primer día de curso: bulla de madres, padres, abuelas y los niños a los que, como cada año de mi magisterio, quisiera recibir con los brazos abiertos e ilusionada. 
Niños, alumnos que, nuevos o no, llegan a nuestras aulas con el deseo flamante  de recibir lo mejor. Con dificultad siempre he podido disimular algunas lágrimas, cuando sus ojos, clavados en mí, parecían esperar respuesta a sus muchas expectativas de estreno. Y yo siempre he creído, y ahora más que nunca, que la primera y mejor respuesta no es otra que el interés expreso por todos y cada uno, de forma que todos se sientan atendidos, queridos, aceptados por sus maestros.
De ahí, queridos compañeros  y amigos que seáis conscientes de lo importante que es para un niño escuchar su nombre en voz de su maestro, sentir su atenta mirada, comprobar interés por su persona y percibir, y esto quizá sea lo más grande, que es querido, valorado e importante desde este primer encuentro, desde este primer día que puede ser decisivo en su vida. Ellos, niños de hoy, son el futuro que debe cimentarse en ambientes de paz, alegría, relajación, porque de todos estos bienes carece nuestra sociedad actual y no podemos tolerar la creación de un nuevo hombre sin que ingredientes tan necesarios estén ausentes en nuestros hogares y escuelas. Ellos, a pesar de sus precocidades, siguen siendo niños. Nada más sagrado que un niño, guardián de la eternidad en el tiempo, ante quien es una tremenda realidad el misterio del porvenir.
Sí, ese misterio es el que me transmuta, me renueva, me eleva cada mañana, lejos ya de la práctica escolar, pero nunca lejos de las inquietudes que me provoca el futuro de estos niños, hoy, que con la inocencia a flor de piel, llegan a las aulas.




domingo, 10 de septiembre de 2017

Empezamos curso escolar

 Para muchos niños hoy empieza el curso, primer día para muchos, encuentro con profesores y compañeros, para otros. Cada año, cuando llega este día, el recuerdo de todos mis alumnos y  de mis numerosas aulas en pueblo y en Córdoba, me asalta como cálida ola que por unos instantes borrara el tiempo y me situara en el regazo de Centros Escolares, esperando ilusionada el desfile de mis alumnos. Pero las olas se desvanecen en la playa, y así esta mañana mi ola, tras bañarme  en recuerdos, se esfumó, pero no pudo llevarse el magisterio que tanto amo. 
Y  es por eso que hoy mi relato –ya contado- tenga como protagonista el escenario de un aula, de un alumno, de una inolvidable  historia.

Han pasado años, pero nunca me podré olvidar de Alias virus -nombre puesto por él mismo-, un chaval de catorce años que de rebote de muchos cursos como repetidor, llegó a mi aula un día. Simulando un saludo militar, exclamó, con una sonrisa entre dulce y pícara, el primer día de clase: ee presenta Ernesto Che Guevara. Un poco desconcertada, le contesté por su nombre:  sea bienvenido a esta su clase, don Miguel. Bajando el tono se expresó en estos términos:  la escuela no mola, seño. Todo el día sentado y sin poder hablar, ¿usted se cree? Mi viejo, que soy un hombre y tengo que estudiar; el dire, que un día me echa, los maestros, que al pasillo... No mola, seño; la tienen tomada conmigo porque mi padre es del partido.
Lo senté en mi mesa y dándole libreta y bolígrafo le dije: ¡anda, escribe lo que quieras!  ¿Lo que quiera?, ¿y no me llevará al dire? No, tranquilo  -le insistí- «escribe lo que quieras que no lo va a leer nadie nada más que yo.
Con letra garrapatosa, escribió una sarta de picardías en las que incluía a padres, maestros, colegio, compañeros, etc. Comprendí al leerlo que se desahogaba a gusto de lo que pensaba y deseaba decir a todos y cada uno.  No está mal -le dije- pero puedes y debes mejorar la letra».Sorprendido, insistió:  ¿y no me va a llevar al dire? Te he dicho que no, anda escribe  ¿Le escribo una historia? ¡Claro, escribe lo que quieras!  ¡Qué guay! ¿Y no se lo va a decir a mi viejo?   ¡Qué no hombre, tranquilo, escribe!.  
Y no fue una historia, sino el triste relato de su vida, salpicada de robos, mentiras, droga...
Era la primera vez que me encontraba en una situación como aquella. Decididamente, era yo la que tenía que ir a él y desde lo que parecían ser sus intereses, caminar juntos. Próximas las vacaciones, me ausenté unos días de clase por enfermedad y cuando volví ya no estaba: lo habían echado.  
Una tarde de belenes y villancicos, derrotado, entró en el aula: ¡qué mala pata -exclamó- ¡Ahora que me empezaba a gustar la escuela!
Durante un tiempo le seguí la pista. Después, se perdió en el pozo de la droga, la cárcel, el sida. De por medio, unas palabras mal escritas: usted ha sido lo mejor que he tenido.

Comprenderéis, amigos, mi emoción cada vez que escribo o cuento esta historia que tuvo muchos más matices. Y no porque yo fuera lo mejor, ¡qué va!, pero lo quise de verdad  y el amor sí es siempre lo mejor.   

sábado, 2 de septiembre de 2017

Pequeño reportaje d este verano en Caleta de Vélez Málaga

Amigos: este sencillo reportaje fotográfico no es más que el deseo de una aficionada a la fotografía, empeñada en  eternizar  paisajes, momentos felices de un verano que no volverá  y que pasé, en días y horas, rodeada de los mejor: mi familia, mis amaneceres y las cosas sencillas.


Mi preciosa Marian, mi niña saharaui, feliz