Mis pensamientos

lunes, 24 de abril de 2017

La aventura de ser escritor

DIARIO CCÓRDOBA / OPINIÓN
Todavía flamean destellos del Día del Libro. Es por ello que no haya prescrito aún la reflexión que en estos días me llevaba a escribir el siguiente mini relato: Un hombre, que de toda la vida se había dedicado a limpiar máquinas de escribir, decidió hacerse escritor. Así, escribió y se público su libro. Después, con él bajo el brazo, repetía de un lado par a otro: ¡soy escritor, soy escritor! Un día tropezó con un antiguo cliente. Este, al verlo le preguntó: ¿qué? ¿cómo va el asunto de las máquinas? Lo dejé, ¿sabes? Fueron demasiados años poniendo a punto los libros de los demás. Ahora trabajo para mí. Y poniéndole su obra en la mano, dijo: toma, lee y presume de amigo escritor. El hombre, sabio y prudente, hojeó el libro y exclamó: ¡vaya!, compruebo con desagrado el que tú, experto en limpiar máquinas, has descuidado la tuya. Esta lectura es ilegible.
En estos tiempos parece que el ser escritor es algo así como el pasaporte imprescindible para lograr la inmortalidad y si bien es verdad que todos tenemos derecho a desearla y buscarla, no lo es menos que los caminos son tantos como seres humanos habitamos el planeta. ¡Qué absurdo sería decidir ser un Picasso, un Mozart, etc.! La vocación de escritor para mí, es ante todo, una especie de brote creativo que surge a partir tal vez de una simple observación o acontecimiento pero que, día a día, impulsa al escritor a derrochar tiempo, silencios, renuncias para fecundar, mejorar, pulir y hacer crecer la criatura maravillosa que se va gestando, como si una gran fuerza interior empujara y se impusiera, sin tregua posible, hasta adquirir la madurez suficiente para tomar las riendas de sus posibles derroteros.
El título de escritor, pintor, etc., es lo que menos importa porque la auténtica aventura de escribir, en este caso, no tiene como fin primordial la publicación, la fama,  el nombre, la inmortalidad, cosas por cierto bastante circunstanciales, sino ser cómplices privilegiados del gran milagro creador que tanta satisfacción personal e íntima provocaa.

Hoy, como ilustración, unas frases famosas
 
 La verdad que escribir constituye el placer más profundo, que te lean es sólo un placer superficial". (Virginia Woolf)
 El escritor escribe su libro para explicarse a sí mismo lo que no se puede explicar  (Gabriel García Márquez)

 Un buen escritor expresa grandes cosas con palabras pequeñas  a la inversa del mal escritor que dice cosas insignificantes con palabras grandiosas. (E. Sábato)

sábado, 22 de abril de 2017

Conversando con mi cuerpo


Bueno, pues resulta que ayer, sobre todo por la mañana, fue un mal día para mí. Sí, malo, y no es que me sucediera nada especial. Solo que ni tan siquiera tenía ganas de ver la luz. Me dolía todo y nada. Me agobiaba todo y nada. Me preocupaba todo y nada. No sé si quería llorar o reír. No sé si quería compañía  o me molestaba. Sonó el teléfono dos veces y no lo  descolgué. Llamaron a la puerta y no abrí. Estaba así como entumecida, incapaz de darme respuestas, de reaccionar. Estaba bloqueada y sin clave de desbloqueo: ni ganas de comer, ni de beer, ni de escribir, ni tele, ni nada de nada. Que qué hice. Ahí voy:
Me encerré en una salita que mis amigos más íntimos  llaman de la musas, por la cantidad de libros de  videos, etc. que hay. Eché la persiana hasta quedarme a oscuras total, me senté y cerré los ojos y no sé cómo me encontré hablando con mi cuerpo: vamos a ver, corazón, que con eso de ser  la máquina, me preocupes. Quiero sentirte latir porque te noto lento, lento. ¿Y qué quieres, si has estado tres horas sin moverte del ordenador? Me tienes aburrido. ¡Date un paseíto, mujer y verás como me acelero! ¿Y tú, don hígado que te crees  señor de mi cuerpo? No tendrás queja: ni bebo alcohol, ni como grasas, ni dulces... ¡Tú te lo pierdes, niña! ¿Qué? Ay, perdona, quería decir que eso está bien, pero no te prives tanto que si no me das trabajo... ¡Una copita, un choricito de vez en cuando, unas tapitas de queso que tanto te gusta... ¡Si es que me estoy volviendo hígado de cabra con tanto verde como comes! Pues, no digamos yo. ¿Y qué eres tú? Soy tu estómago, princesa. ¿Y qué te pasa a ti? Pues que no aguanto  las cenas, sobre todo, de nada con tres galletas mojadas en agua. ¿Dónde se ha visto con lo chocolatera que eras? ¡Anda, anda que se me están pegando las paredes! ¡Cómete un buen bocata y dejas los tres palillos reglamentarios! Pues   con quién yo quiero hablar es con don colon. ¡Vaya problemas que me creas!¿Tú te crees? Toda la vida luchando contigo a cuestas. ¡Y venga  poleos y venga manzanillas...! ¿Me culpas a mí de tu mala administración de todo? Sentimientos, comidas, cariños preocupaciones, recuerdos... ¡Que es tu sistema nervioso el que me trae a mal traer y que me llenas de aire! Ya te lo han dicho miles de veces: no corras tanto, criatura, ni te preocupes hasta  si no oyes maullar al gato de tu vecino. Y yo soy el páncreas: ¡que te comas esa milhojas que miras con ojos golositos! ¿No ves que me vengo abajo  nada más que te pones de pie? ¿Puedo hablar? Soy tu cabeza. Habla, pero no sé de qué puedes quejarte tú. ¡Ufff! ¡Trabajo mucho, mucho, una barbaridad! Pues no es nada las historias que te montas con eso de la creatividad! Y claro, luego estás mareada, tienes sueño, estás como ahora mismo: hecha una ....  Pues,  tú sí llevas razón, pero es que no paras de charlarme e inventarme cosas y más cosas, y así  me agotas, se me pega la comida, tengo sueño, pongo erratas en la escritura...  Y etgno mi ratito de relajación diaria... Sí, ¡menos mal! Porque de lo contario, loca, loca Mira por donde, mi columna es la más calladita y es la que más sufre.  No te preocupes; haré por ti lo que pueda. Sí, mujer; no me abandones....
¿Y qué pasó? Pues que me levanté, abrí ventanas y me dije: ¡a ordenar libros, muchacha! ¡A vivir dejando la vida fluir  y se encargará de lo que tenga que pasar.

   


jueves, 20 de abril de 2017

Antonio era mi alumno

 Han pasado años, pero a mi memoria acude aquel alumno de diez años que, habiendo visto pronto el dolor de la vida, miraban desde una inmensa tristeza, matizada, de vez en cuando, de ingenua felicidad. Él era tierno tallo herido, a penas despuntar, que sobrevoló por nuestras vidas, cual estrella fugaz de la que más bien queda el recuerdo de un maravilloso rastro luminoso y la certeza de haber sido testigos de su deslumbrante existencia. De rostro pálido, transparente, aficionado a la escuela, a sus maestros, a sus libros… 
Y Antonio se nos fue de pronto. Un día de escuela, mientras sus compañeros en clase compartían la difícil tarea de la educación y el aprendizaje, mientras su silla, vacía como otras veces, casi no extrañaba a nadie, mientras cada cual en su trabajo, olvidados de la provisionalidad que es la vida, con afanes desmedidos, con nimiedades, con absurdos y sin caer en la cuenta de que vivimos inmersos en el funeral eterno de los tiempos, hacíamos planes de un futuro que nos deparara  mayor bienestar. Ni siquiera una corazonada, un telepático presagio: nada. Me gustan mucho tus  cuentos -decía con la cabeza siempre sobre la mesa-. La vida del pequeño Antonio, como blanquísima espuma de mar, se desvaneció con el viento.
Y era un bonito día de primavera, y el sol siguió su curso, y las margaritas y las amapolas, en un frondoso salvaje, parecían entonar el más bello himno de la alegría, y en las calles, el tráfico, los ruidos, las prisas... Pero en medio de esta eclosión de vida, un pequeño féretro nos llenaba de tristeza a todos los que vivimos, de una manera u otra, la corta vida de aquel niño.

Lo recuerdo, especialmente en este día. Sí como se recuerda el perfume de una rosa o la imagen de un bello paisaje. Y es que un alumno es como un hijo que cae en nuestras manos y nos hace sentir que servimos para algo. 
¡Échame una mano, tú que estás en el cielo!, y espérame, espéranos.  Trataré, entre tanto, de escribir mejores cuentos, mi querido, mi queridísimo pequeño Antonio.

sábado, 15 de abril de 2017

Resucitemos cada día


Que la paloma de la paz recorra el mundo 
con el mensaje de no a la muerte y sí a la resurrección

Sí, amigos,  hoy, cuando  la Semana Santa empieza  a pasar página,  dejando ecos  de Pasos, saetas, inciensos, hoy, domingo de Resurrección, quiero dedicaros reflexiones que  me brotan, fluidas  e imparables, al recordaros  y recordad cuánta emoción me produce cada año la celebración de este día que  hoy, entre cielo rosado,  piar de gorriones nuevos, silencio de una Avenida en calma total, me trae memoria más intensa que la imagen o el timbre de miles de voces. Son mensajes profundos que sólo yo conozco y que me provocan incontrolables deseos  de elevarme de esta “playa” a la búsqueda de un eterno abrazo con el universo.
¡Qué paz! ¡Qué amor! ¡Qué misterio! Una leve caricia noto correr por mis mejillas... ¿lagrimas? Pueden ser, pero esta vez de emoción por haber tenido fuerzas para superar momentos difíciles. También  de alegría por estar aquí con todos vosotros, mis amigos, con la luna que también se despide,  con potentes  recuerdos, celebrando esta maravilla que somos, cuando definitivamente nos sentimos resurgir como criaturas nuevas, tras cada noche de lúgubres pesadillas, tras cada evento que nos sumerge en dolor y apatía.
¡Qué felicidad mirar al cielo y comprobar que siguen los astros, y que la Osa Mayor permanece inmutable, juguete eterno de mis sueños. También yo sigo existiendo y saboreo con placer mi constante resurrección, mi decidido esfuerzo de levantar la loza de tan múltiples sepulcros como a veces tratan de ahogar las ilusiones de mi alma. Pero lo importante es la paz que conduce mi barca por las aguas tranquilas  donde la fe amansa tempestades y resucita muertos.. Queridos amigos, asistid conmigo a este maravilloso parto de la vida. Allí donde estéis mirad al cielo, levantaos, caminad,  dejando atrás  los despojos muertos que yacen en nuestro interior;  es domingo de resurrección- El ayer ya no es hoy, y  hoy, nada más abrir los ojos, tuve miedo de haberos perdido, pero no: seguís vivos

Haciendo caminos y rompiendo silencios. Algo me guía por los azules vientos.

jueves, 13 de abril de 2017

Nazareno con temblor de cirios



Retazo de mi pregón de Semana Santa en mi pueblo, Villa del Río


 Tañe la campana del convento, y en las calles, en las casas, en las puertas... la tenue luz del alba comienza a desbaratar el  sutil halo de la madrugada.  Es Viernes Santo. Ya Jesús ha sido azotado, coronado de espinas, condenado... Ya,  nazareno que camina roto bajo el peso de la cruz, es sólo mirada que nos sale al paso en agonía y nos lacera el alma y nos silencia en palabras que se tornan suspiros y soledad en el esplendor  de luces en primavera. ¡Qué solos nos sentimos los hombres! ¡Qué grande Jesús Nazareno!
"¿Cómo a los hombres, Señor, sonríes / mientras sollozan tus sentidos / y te azotan los lívidos silbidos / que estampan la columna de rubí..? / ¿Cómo es posible que tu amor confíes / a los hombres, Señor, endurecidos Y cómo de tus labios doloridos / el ámbar dulce del perdón deslíes..?"
Nuestro Padre Jesús se dirige a la plaza. Allí la tradición y la historia  petrificadas en un ancestral castillo, allí, a mano de su túnica morada, las viejas aceñas del río, los tamujares del puente romano, los chispeantes murmullos de los modernos surtidores, allí, ante su Nazareno, puede escucharse  el sobrecogedor silencio de un pueblo  que suspira, que, año tras año, espera expectante el encuentro con el apóstol amado, Juan, el encuentro con la mujer pecadora, María Magdalena, el encuentro, dolor y angustia, con su madre, Nuestra Señora de la Soledad.
Y cuántas lágrimas derramadas al repique del tambor! Son los recuerdos de otros tiempos, y son los años vividos en tradiciones que nos hicieron crecer en amor a nuestro pueblo, y son ausencias de seres  queridos que nos precedieron y que otros Viernes Santo, presencia viva, estaban allí, como están los naranjos, las cigüeñas, como sigue, y nos embriaga, el azahar en primavera.
"Lágrimas hay en el aire / reflejos de luna verde / mi Dios con temblor de cirios / por la calle viene"
Y la sentencia cantada se cumple, y el cuerpo ensangrentado de Cristo, sobre la cruz clavado, a hombros de briosa juventud, recorre las calles del pueblo que se torna alfombras de luto, mantillas, saetas, tambores, trompetas... Lloran el jardín del Lirio y las aceñas del Guadalquivir;  lloran mujeres y hombres; llora el mundo; se oscurece el sol. Dios ha muerto y un toque de queda nos conjura a velar con fervor, con esperanza, con amor, porque al tercer día, Cristo resucitará.

Pero el Viernes Santo es noche, y es silencio y es tremenda Soledad