Mis pensamientos

martes, 19 de junio de 2018

El papel de los abuelos en educación d los nietos


 
Dos obras para el verano- De la primera hablamos continuación. La segunda, muy importante y necesaria para padres, porque tener casa no es tener hogar; tener hijos no es tener familia; educar no es pagar estudios; amar no es comprar caprichos.

Al   aproximarse las vacaciones, tiempo que por lo general conlleva más horas con los nietos, me voy a referir hoy a mi forma de entender el papel de los abuelos en su educación   que va mucho  más allá que el de ser meros  cuidadores, canguros para los nietos. En una ocasión me decía una niña:  mi profe, a cada paso nos dice que no tenemos valores, y yo me digo que si eso se come con patatas fritas. No sé si la niña me lo decía como broma o era fruto de su ignorancia, pero le pregunté: ¿en clase  hay alumnos extranjeros? ¡Un montón! –exclamó-. ¿Y son tus amigos? No, ¡qué va; son rumanos. Pues hay unos valores que se llaman solidaridad y tolerancia  quieren decir que tenemos que ser amigos de todos sin importarnos  su raza, su color… Exclamó tan solo: ¡Ah! No lo sabía, pero entonces mi profe no tiene esos valores porque se le nota que no los gustan.. Esta anécdota es totalmente real.
Hay una frase de Séneca que repito mucho en mis escritos y que dice:  Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de ejemplos.
El tiempo que los nietos pasan con los abuelos, tanto si es diario como ocasional, de ninguna manera puede quedar reducido a sentarlos ante el televisor o dejarlos extasiados   con los móviles y que  pasen las horas    incomunicados, silencioso sumergidos en un mundo que no les pertenece.   Necesario e importante es que los abuelos traten de hacer de dicha convivencia una experiencia constructiva y, sobre todo, festiva, convivencia que debe pasar por hacer de la rutina una recreación  de valores mediante estrategias que, como bien cuidado índice, y como los mejores maestros, debe ser programada.
Infinito el tema del papel de los abuelos, expuesto de forma práctica y sencilla en mi obra Guía Práctica para abuelos, pero hoy, y para  no extenderme más. resumo algunas  cosas que los abuelos deben conocer en esa feliz convivencia



LOS ABUELOS NO DEBEN...
1)      Sentirse obligado a ser el canguro de sus nietos.
2)      Mentir a los nietos. Si no puede decir la verdad, sencillamente expresarlo así, pero nunca mentir.
3)     Desautorizar a los padres. Si opina que están equivocados, debe tratarlo en privado con ellos.
4)     Por ningún motivo,  chantajear a los nietos.
5)    Asustar a los nietos para conseguir determinados fines.
6)     Estar dispuesto a consentirlo todo. Hay que dilatarse pero no derretirse. 
7)    Hablar de forma negativa a cualquier manifestación sexual natural de los pequeños. 
8)    Llamar pecado a una palabra soez o grosera, aprendida de los adultos.
9)    Hablar demasiado del cielo, de Dios de la Virgen, de la muerte, etc. PuedeN suscitar preguntas para las cuales no van a tener respuestas.
10)  Sermonear acerca del pasado como mejor tiempo.
11)  Silenciar la opinión de los nietos. Primero escuchar, después opinar.
12)  Disimular sus achaques; tampoco abusar de ellos ante los nietos.
13) Olvidar que los nietos son el futuro que pasa, casi milagrosamente, por sus manos, un futuro que debe  culminar en una auténtica obra de arte y que para ello, su granito de arena es imprescindible porque paso a paso se hace el camino.





sábado, 16 de junio de 2018

La mirla


Aquel día, justo a mis pies, cayó muerta la mirla. Apuntaban los verdes por la primavera  y olores nuevos se habían entronizado en el aire y como aleluya solemne, bandadas de pájaros emigrantes cruzaban los cielos.
Ellos, cazadores furtivos, dispararon a la mirla, bello elemento de aquel paisaje que, como punto negro sobre el limpio cielo, revoloteaba en los alrededores de mi parcela.
Cayó fulminante sobre el romero. En el nido, cuatros huevecillos verdes aguardaban calor y tiempo.  Unas lágrimas brotaron de mis ojos, y mis manos reverentes, fueron caricia para aquel lúgubre evento que me palpitaba con rabia  por los puros entresijos del alma.
  Jarales, tomillos, hinojos, encinas… Y uno, dos, tres...   palomos surcaban los cielos en arrullos de amores  y en el silencio de las horas y en la soledad del lugar.
Atardecía, cuando, tras depositar el diminuto cuerpo de la mirla y su nido bajo el madroñal, junto al pino grande, regresé a la ciudad. Tráfico, gente, campanas... vida. En mi  bolsillo, un par de alas negras, mágico tesoro que, deseaba enarbolar para siempre como glorioso  himno a la libertad.
Allí, al rescoldo de mis sueños, junto a mi almohada, un luminoso y lacrado sobre negro, como urna sagrada, atalayaba las alas de  la madre mirla  Pasó algún tiempo. Una noche, cuando la luna llena inundaba de macilenta claridad  las paredes de mi dormitorio y,  cuando ya  el sueño había hecho presa en mis ojos, me despertó un extraño aleteo.
 El sobre negro, arrebatado de mi mesita de noche por un súbito viento, y en  vaporoso  zigzag, revoloteaba  por la ventana, al tiempo que la sombra fulgurante de un pájaro negro se alzaba en palpitantes vuelos y se perdía  en la espesura de la noche.

 Han pasado años, pero todavía me pregunto si fue un sueño pero, cuando la luna llena inunda mi almohada, a mi corazón retornan las notas de aquel himno a la libertad que fueron siempre las alas, cruelmente arrancadas  por detractores de vida, a la madre   mirla.


jueves, 14 de junio de 2018

NIÑO

Dicen mi niño que eres listo, pero
que estudias poco,
que atiendes menos, 
que suspendes exámenes
que juegas en clase,
que hablas, te ries..
que no te concentras,
que reniegas de las tareas,
que te cansas rápido de estudiar...
que eres hiperactivo, 
que no sueltas el móvil,
que eres desordenado,
que eres desobediente..,

Dicen, mi niño, que tienes que aprender inglés  francés, alemán y hasta chino
Dicen que tienes que practicar deportes.
Dicen que debes ir a clase de música, baile, etc.
Dicen que es tiempo de catequesis,
tiempo de confesiones y Comuniones,
tiempo de madrugar,
tiempo de correr que llegas tarde,
tiempo de ser el mejor...

¡Qué pena me das, mi niño!
 ¿Alguien te habló alguna vez de  felicidad? 
¿Alguien alguna vez se interesó por conocer tus gustos, intereses, aficiones...
¿Alguien alguna vez se preocupó de enseñarte a pensar, opinar, escuchar, de mirar y ver el mundo más allá de ese círculo de obligaciones y responsabilidades que tanto pesa sobre tus débiles espaldas?


Tú, mi niño, eres como una pequeña planta que hay que regar, abonar, podar, limpiar  de las malas hierbas, proteger de las intemperies y con paciencia esperar el fruto
A ti te pedimos fruto sin haberte dado nada o, peor aún, te exigimos lo que nosotros, mismos, los mayores, no somos capaces de dar.
Qué fracaso el de los mayores que, olvidados de tus ocho años, no nos revelamos y luchamos por tachar de tu vida las palabras que tan mal te definen.
Por el contrario buscamos causas que justifiquen  lo que dicen de ti: maestros y padres.

 Mi niño precioso
¡Qué antorcha de luz y esperanza
veo en la transparente inocencia, ignorada, de tus  lindos ojos!
Incierto tu futuro, pero esta maestra que tanto trabajó, amó
y ama a los niños, te dice, hoy,
que la  única felicidad posible,
la que merecemos todos en esta corta vida,
no está en saber mucho sino en tratar, poo a poco de ignorar menos,
no está en ese acelerón que te
quieren dar hoy, está en entender que en el mundo, en esta pequeñísima parte de universo que nos toca, todos viajamos en el mismo tren; somos, pues, compañeros de viaje.
Vive, mi niño, sueña, sé feliz
Y no dejes nunca que las manos de un mal alfarero te modelen a su gusto.

No lo veré pero llegará un día que  emergerá la luz del  juicio sensato que devuelva a los niños su condición de niños.


miércoles, 6 de junio de 2018

Relato: Mi amiga gitana

Primero, miradas, después, sonrisas, más tarde, saludos, finalmente sencillas pero fluidas palabras. Sí, ella era gitana. Aparecía cada semana con el mercadillo y, como si de una reina se tratase, el marido y los hijos, la veneraban. Era de gesto amable, de sonrisa fácil... Las primeras palabras partieron de mí: ¡vaya trenza que tiene! Mis hombres no quieren que me la corte. Una trenza negra, sedosa, gorda, larga hasta la cintura. ¡Y usted sí que viene siempre guapa, señora! 
A partir de aquel día, cada semana, una cita, un café, unas sustanciosas frases.
Cuando llegó el verano, invariablemente, me traía una moña de jazmines, y yo, con ella entre mis manos, sentía que una profunda emoción me invadía. Era evidente su sensibilidad, delicadeza... ¿agradecimiento? Creo que sí, que aquella mujer, sin cultura alguna, pero educada e inteligente, valoraba y agradecía mi actitud hacia ella.

Un día faltó. La buscaban mis ojos, la buscaba mi alma. Sin ella aquel lugar estaba vacío. La gente en tumulto iba y venía. Los pregones se sucedían en vocerío de competencia. La cafetería rebosante de café y churros, pero yo estaba sola; faltaba, y me dolía en el alma, mi amiga gitana, mi moña de jazmines. Pregunté al marido, fiel siempre a sus mercancías. Está mala de los nervios; cosas de la edad. Pasó el tiempo: un año, quizás dos... Esta mañana de mercadillo, sentada en la terraza, una mujer me miraba, me sonreía, se me acercaba: era ella. Su trenza larga persistía, pero en su gesto se dibujaba una triste sonrisa: Me quería morir; he estado muy malita, pero mis hombre me han cuidado... Compartimos café, alegrándonos por el reencuentro. Gesticulaba, más que hablaba, para decirme que yo estaba guapa como siempre. De pronto, su rostro se iluminó. De una taleguilla sacó un álbum de fotografías: era su nieto. Entre mis manos temblaban aquellas fotos de un precioso niño gitano, tan niño como todos y tan querido como todos,
Esta noche al recordarlo, una especie de plegaria me brota del alma: ¡Ojalá nadie, nunca margine, a un ser humano, a un niño!, porque también ellos, cuando llegaron al mundo, encendieron una nueva estrella en el universo.

martes, 29 de mayo de 2018

El señor del jardín

 Él, con sus pies torpes, sus infinitos achaques, sus noventa años, sus ojos pequeñitos,  ensombrecidos 

por impenetrables cataratas, era, porque a mí así me lo parecía, el Señor del Jardín.
Aristócrata de gestos, de palabras borradas  por un evidente párkinson, colgado de una descomunal pipa, a todas horas y por cualquier atajo del jardín, aparecía.   
Mi nada, destinataria de sus torpes reverencias, lo saludaba, mitigando así la fatiga de sus  ojos turbios, donde siempre rutilaba una lágrima, y con los míos pegados a los suyos como  único horizonte de la hora, lo escuchaba.
Sí, entre temblores, trataba de contarme su honorable pasado: tuve casa, esposa, hijos, tuve oficina, coche... -balbuceaba como si las palabras le chorrearan por unos labios fallecidos hacía tiempo-. Y entre el temblor de us manos, un ramito de flores siempre, obsequio que agradecía tanto..
Un día, el Señor del Jardín, faltó.  Era otoño. Los trenes, en trepidante zig-zag cruzaban irreverentes el silencio del jardín.   Un niño paseaba en bicicleta por el albero. El señor del jardín se fue y mis paseos se tornaron hojas secas bajo mis pies, revoleteo de papeles, despedida de pájaros emigrantes.  Alguien, al paso, exclamó: ya entregó la cuchara, señora. Unos instantes de desconcierto, de oscuridad, de vacío absoluto... mi móvil me retornaba a la vida: abuela, ¿estás sola? No, vida mía; estoy contigo
En el majestuoso tronco de una palmera escribí: ¡hola, señor del jardín!  

Y en mi alma, una vez más: ¡hasta luego, amigo!