Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

14 dic 2015

Con mi voto no se juega

Hoy, amigos, lectura del Diario Córdoba. Mi artículo no va contra nadie en particular, pero sí contra todos en general.

DIARIO CÓRDOBA/OPINIÓN
15/12/2015
Hay quien dice que el recuerdo es el perfume del alma. La verdad es que yo matizaría porque hay recuerdos cuyo perfume apesta tanto que nos hiere y martiriza de tal forma que mejor amnesia total, borrar y dejar en blanco este mágico disco duro que es la memoria, pero resulta que a lo largo de la vida suceden cosas que, con ligeras variantes, se repiten y quieras o no vuelven frescas y lozanas a hacerse presentes. 
Pues nada que en estos días estoy reviviendo las escenas que en mi pueblo y en mi infancia protagonizaban los charlatanes cuando una mañana, de vez en cuando, aparecían en la plaza: pícaros, de fácil palabra, buena voz, simpatía, gracia, etc. provocando grandes alborotos en pequeños y mayores.
Mis recuerdos se centran en la sorprendente escenificación que hacían desde la tribuna de una furgoneta de la que sacaban y exponían mercancías de lo más variopinto. Y la función comenzaba ofreciendo, el oro y el moro, por veinte duros --un dineral, entonces--. Y en cuanto una mano tendía el billete, el charlatán, en un delirio de generosidad, repetía: pues ahora yo te regalo esto y esto y porque me da la gana te regalo también tus veinte duros. ¡Qué momentazo! 
Las manos se extendían en demanda de artículos, pero he aquí que, cuando menos se esperaba, recogían velas y desaparecían, llevándose los billetes, su charlatanería y dejando esturreadas por el escenario cuatro baratijas, la boca abierta de la embaucada audiencia y el perfume de entrañables vivencias.
Y me pregunto yo, ¿qué estará pasando en estos días que de nuevo han aparecido los charlatanes?, aunque eso sí, tan aburridos, con discursos tan repetitivos que no dan ganas de comprarles ni un peine porque además siembran el desaliento de la audiencia y expanden el mal olor de la demagogia barata que nos lleva a exclamar: todos iguales.
No obstante habrá que votar, pero eso sí, que cumplan promesas, que sean honestos, honrados, justos, que miren al bolsillo de la gente y se dejen de datos y que sepan que con mi voto, tal vez jueguen una vez, pero no más. 


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