Mis pensamientos

viernes, 9 de junio de 2017

Somos personas

Sábado 10 de junio de 2017

(De mi biografía en Facebook)


Luna llena en mi Avenida

 Anoche, leyendo el mensaje de una de nuestros amigos, en una Red Social, caí en la cuenta de lo anónimos que somos unos para otros en gran mayoría. Pensé que eso se debe, entra otras cosas,  porque vamos tan a la ligera y a lo nuestro que no  tenemos tiempo ni gana de leer los comentarios que también escriben los demás y en los que, aunque  dirigidos  a mis escritos, en ellos van dejando pinceladas de sus vidas que no deberíamos  dejar pasar, porque,  los amigos, los grupos, los blogs, etc. son algo más que nombres, somos ante todo, personas y eso quiere decir que sentimos, sufrimos, nos alegramos, tenemos problemas, etc. ¿Por qué no añadir a su comentario una palabra siquiera que se sienta escuchado, leído? Lo de “me gusta” es de agradecer, pero, seamos sinceros: la mayoría   de las veces ni tan siquiera sabemos de qué va lo escrito.
De ahí que, por mi parte, me haya propuesto, de vez en cuando, hacer un breve currículum de amigos que conozco bien –no son muchos- y, por supuesto, sin desvelar nada privado.
Y voy a empezar por mi hermana Mª Jesús, Mari en la familia. Y lo hago, no por qué sea mi hermana, sino porque ella, testigo anónimo, aparece todos los días sin hacer ni el más mínimo ruido. Creo que la mejor forma de que sepáis de ella es reproduciendo la siguiente Carta al Director que le dediqué, en su día, en el Diario Córdoba.

Miércoles, cuatro de marzo. Nueve y media de la tarde. Tras seis horas de angustia infinita, el doctor Concha nos da la noticia a toda la familia reunida en tensa expectativa: Todo ha ido bien –nos dice-.. No obstante hay que esperar veinticuatro horas. Sí, mi hermana María Jesús, mi amiga, mi cómplice de toda la vida, por tercera vez se sometía a una muy delicada intervención quirúrgica. Confieso mi exacerbada imaginación que se tornaba  interrogantes hacia la diana de aquel quirófano, cuya puerta nos separaba: ¿Qué estaría pasando? ¿En qué instante perdería la conciencia? ¿En qué momento el bisturí haría presa en su cuerpo tan de niña todavía? Silencio, mucho silencio entre todos los que al otro lado del evento la acompañábamos, la esperábamos. Hoy, cuando tan sólo han transcurridos unos días, y estás en condiciones de leer esta carta, quiero decirte, hermana, amiga, cómplice, si la emoción me deja, que tu vida es un regalo para la familia y para todos los que te conocen, pero sobre todo para  ese hombre, tu marido, de tantas lágrimas calladas, para tu hijo, sonrisa como expresión única de su dolor, para mí, muy especialmente, que como niña asustada me sentía huérfana  de tantas cosas que desde tu inconciencia no podíamos compartir. Hoy, cuando al fin, una sonrisa cansada vuelve a ser presente en tus labios, quiero dar gracias a Dios,  gracias a ese magnífico Doctor Concha y a su equipo, Gracias, sobre todo a ti, por tu coraje, valor, por tu bondad. Alguien más, y lo sabes, los niños te esperan porque hasta unas horas antes de la intervención, le dedicaste juegos, palabras… amor. ¡qué gran maestra! Tu sueño de apadrinar a tu hijo en su enlace matrimonial es ya un futuro inmediato. Seguiremos  viendo amaneceres y ocasos, arco iris y lunas, porque el reloj de la vida te ha dado cuerda y tú consciente de ello, la retas, una vez más,  en duelo que, en definitiva,  es el vivir de todos.

Esto es algo de  mi hermana. Sombra una de la otra desde muy niñas. Mayor que ella, la considero, más hija que hermana. Ahí, está, humilde, con su fotito todos los días.

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