Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

2 nov 2014

Paréntesis en el dia de los difuntos



Tras cada negra noche, explosiona, cada amanecer, 
una nuevo día, una nueva vida

En una de mis películas favoritas, “Lo que queda del día”, película que he visto no sé cuántas veces, hay una escena que siempre me emociona. Él, Anthony Hopkins, y ella, Emma Thompson, en una noche de lluvia y bajo el mismo  paraguas, esperan el autobús que puntualmente llega. Ella sube y él se queda bajo la lluvia. El autobús se aleja y él con la mano extendida en despedida se queda solo.
Toda una maravilla de gestos en una interpretación extraordinaria. 
Aquella despedida, aquel gesto de la mano eclipsada en un adiós sin retorno, me motivo hace años a escribir un relato que hoy Día de los Difuntos, una vez más, posiblemente, reproduzco sin tristeza pero sí como homenaje al que fue mi compañero durante  veinticinco años.
Lo titulé, “En un tris”.
       Aquella noche lejana, ¡muy lejana!, él  y yo cómplices de años, historias y proyectos, aguardábamos, en silencios, rotos en dolor, miradas y suspiros,  el  autobús que nos separaría para siempre.
Era negra noche de truenos cabalgando en mil rayos por el cielo.
En un tris, la hora de partida. Una plaza. Sólo una. Sube él. Un ardiente beso como despedida y un adiós sin palabras que apaga, en un tris, el universo de sueños de un abrazo sostenido  en tantos años… Muchos años. 
A pie de tablas, sola,  acariciaba en vilo y en nostálgica sonrisa, la cálida huella de aquel beso, mientras caía definitivamente el telón.
El autobús se alejaba y la lluvia persistía. También mi mano quedó suspendida como si, separada de la suya, no hubiese más vida. Pero unas palabras, como lluvia que rompiendo hielos, la acariciaran, me hicieron mirar hacia delante: ¡Nunca, nunca estarás sola, mamá! Era la voz de mi hijo, un casi niño que me devolvía a la vida con nuevas esperanzas.

Y, bueno, queridos amigos/as: no quiero entristecer a nadie, porque todos, antes o después, pasamos malos, muy malos tragos, pero… Como el viento que pasa y no lo vemos  pero lo notamos en nuestro rostro  y nos da  ese hálito  de vida que precisamos en cada instante, Él, sí el Dios en el que quiero creer, está en nuestra vida.
Y hoy, especialmente, por un súbito acontecimiento ayer, abro los ojos, lo veo y doy gracias.




No hay comentarios: