Mis pensamientos

sábado, 13 de mayo de 2017

Ternura: valor olvidado

Hace años conocí a una buena  mujer que, cada madrugada, camino del trabajo, se detenía a desayunar  en mi cafetería habitual. De vez en cuando la invitaba a café y compartíamos un rato de charla. Me contaba que tenía tres hijos pero que los tres estaban lejos, y que ella todas las noche se acostaba un rato en cada una de sus camas con el fin de calentarlas y por la mañana, encontrarlas deshechas, haciéndose así la idea de que dormían allí. Les cambiaba las sábanas, las volvía a hacer, etcétera. 
La verdad es que aquella historia me conmovía por el amor y ternura que conllevaba. Hoy, aquella mujer ya no existe. El maldito alzhéimer la ha dejado perdida en un túnel de oscuridades y olvidos. Un  familiar me comentaba: le ha dado por hacer y deshacer camas. 
No dije nada, pero sí, más de una lágrima corrió por mis mejillas, y hoy, por otras muchas experiencias, quiero una vez más reivindicar ese valor tan perdido en la corriente corriente de palabras, gestos y acciones duras como circulan a diario por el escenario de nuestra cotidianidad. 
La ternura es la columna central que sostiene la vida --dice el literato Martínez Gil--. La ternura es un sentimiento que engrandece al hombre; es la demostración más sublime del afecto entre dos personas, es una fuerza prodigiosa capaz de transformar los más pesados ambientes. 
Describir la ternura sería difícil, puesto que es un sentimiento tan grande y noble que las palabras quedarían cortas, pero es un sentimiento que abarca no solo a personas que se aman sino que es como un fluir constante de comprensión, proximidad y amor hacia todos los seres humanos. El cantante belga Jacques Brel lo expresaba en sus canciones: "Somos como barcos partiendo todos juntos en la pesca de la ternura". 
Para mayores y pequeños, mujeres y hombres, animales y plantas, yo reivindico ternura, por favor.




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