Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

11 abr 2013

Hoy es jueves

 HOY ES JUEVES


Hoy puede ser un gran día /plantéatelo así /Dale el día libre a la experiencia
para comenzar, /y recíbelo como si fuera fiesta de guardar.


¡Cómo me gustan las letras e algunas canciones!


Voy buscando un amor / que quiera comprender / la alegría y el dolor,
la ira y el placer, /un bello amor sin un final
que olvidé para perdonar. / Es más fácil encontrar rosas en el mar
La la la la larara rosas en el mar…


Pues, bueno, sí, hoy, el día ha empezado de lujo para mí. Poco o nada pueden saber de mi vida los posibles lectores de este blog, pero sí conocer ya algo del día de mi nacimiento, cuando los tejados de mi pueblo correaban escarcha y cuando la voz del sereno, en un bostezo, canturreaba por las esquinas las seis de la madrugada en un veinticuatro de enero. Mis padres, que habían perdido a un varón de seis meses, cuando yo era una feto de tres, y como ya tenían una preciosa niña, deseaban, y así buscaron, y así lo esperaban, repetir con varón. Y los oí contar muchas veces que lloraron, cuando yo nací, de dónde siempre he concluido que no fui deseada, que mi nacimiento no fue celebrado y que como dice la psicología, o yo me lo he inventado, no tenía que haber nacido.


Y con este sambenito he vivido buscando siempre ser aceptada y sintiéndome no querida sin capacidad para retener la atención de alguien sobre mí. Y hasta aquí esta especie de fotonovela que ni tenía idea de contar y que ya me parece que le he puesto hasta título, pero ahora viene lo mejor que nunca podía haber soñado.


Copio literalmente de un periódico de la época que me ha mandado uno de mis hermanos que estudia e investiga el rastro de los Agüeras nuestros NOTAS DE SOCIEDAD. El domingo, en la Iglesia Parroquial de Villa del Río recibió las regeneradoras aguas del bautismo la niña dada a luz recientemente por la señora doña Blanca Espejo-Saavedra, digna esposa de don Francisco Agüera Polo, director de la Sucursal del Banco Español de Crédito de este pueblo. La neófita, a la que se le impuso el nombre de Isabel Eugenia, fue apadrinada, etc. etc. Después del solemne acto, los numerosos invitados de los padres de la nueva cristiana se trasladaron a su casa, donde fueron agasajados con un espléndido lunch. Felicitaciones por este gran acontecimiento.


¿Qué les parece a los posibles lectores? ¿Es o no es noticia de lujo? Resulta que fui celebrada, felicitada, agasajada y nada más y nada menos que en el Diario Córdoba donde colaboro desde hace más de treinta años.


¿Y ahora qué hago con la noticia? Ya estoy hecha. ¿Quién me podría deshacer? Solo yo, y la verdad es que para mí es una noticia de diez pero creo que  me sigo sintiendo así como siempre, aunque, eso sí, con una buena notica anotada en mi página de   jueves de hoy. de todas formas pienso que todos nacemos al caer en la tierra una brillante estrella, y yo no iba a ser menos. (¡Qué bien me ha quedado lo de la estrella!)
Cuánto me gusta la canción de Mari Trini, Amores:

Quién no escribió un poema
huyendo de la soledad
quién a sus quince años 
no dejó su cuerpo abrazar
y quién cuando la vida se apaga
y las manos tiemblan ya
quién no buscó ese recuerdo
de una barca naufragar .

Pues, no, yo no tuve quince años, o mejor dicho:los sigo teniendo. Así que...



Voy a terminar, porque lo cierto es que cada uno tenemos miles de historias que contar, y creo que es bueno, e invito a ello, a que las contemos. Al menos pasamos el rato.
Y para que mis posibles lectores tengan un recuerdito,  les inserto una foto de la neófita en brazos de mi querida y guapísima mamá.


Sí, mi querida mami.
Si me oyes quiero decirte que te quise con locura
 y que te agradezco lo infinito
aquel  día de frío de mi nacimiento.

Y ya casi a la hora de acostarme, un vecino amigo, ha llamado a mi puerta: Toma -me ha dicho-. Un ramito del primer azahar que he encontrado abierto. Como sé que te gusta tanto...

Gracias a la vida / que me ha dado tanto...

10 abr 2013

Hoy es miércoles

HOY ES MIÉRCOLES

La primera foto del día, un  amanecer plomizo matizado por los cumplidores semáforos que no cesan: rojo, verde, anaranjado, verde... Y riadas de coches que se supone van a alguna parte.


¿A dónde me gustaría ir a mí a estas horas? Sí, lo sé, pero no lo voy a decir, porque es cosa de dos, y yo sigo respetando la privacidad.  Pero tiene que ver con mi sueño dormido de la pasada noche y tiene que ver con mi pasado,  con mis años de loca juventud, se supone. Me robaron besos, me robaron palabras, gestos, me robaron bailes.... ¡Cuánto me hubiera gustado  echarme un bailecito con un guapo galán! Pues por ahí iba mi sueño. Así que,  de poder viajar, buscaría a mi pareja del sueño. De loca juventud, nada de nada. De viajes, de asignaturas pendientes, nada de nada. En la rutina estoy bien y doy gracias a Diós, en el que quiero creer.
Del zarpazo del mareo, algo me colea todavía, pero es lo mínimo. 
Lo mejor del día la visita a mi chiquitín: Jamón en mano, bolmbones y un cochecito. ¡Qué lindo, qué lindo! Paraíso de felicidad son los nietosn. Me esperaba con los brazos abiertos y con ganas de traestearme el bolso. Lo primero que encontró fue una barrita de labios. ¡Bueno, bueno! Me ha pintarrajeado la cara que he quedado como Toro Sentado. Pero es mi gran alegría del día, lo más puro. lo más tierno y todo con diferencias.
 Como todos los miércoles, a las once y media en punto, mi programa de radio. Hoy, libros y lectura y como casi todos los días, la comida chamuscada, por eso de que me siento a escribir y se me olvida que existe el mundo.
¿Y a quién le puede interesar una vida, aparentemente, vulgar, vulgar? No lo sé, pero si algo hay en ella de valor es el  deseo de no dejar páginas en blanco, aunque solo pinte garabatos para mí tan importantes que de vulgar elevo cada día a Día "Internacional" o sea, día especial.
¿Y qué más? Lo de siempre: visita al jardín, un rato de charla con mis plantas y, ¡vemga pensar y pensar! Que si  muchas mentiras a mi alrededor, que si las creencias son instalaciones, que si robamos protagonismos, que si la envidia, que si patatín, que si patatán....
Ha sido un día   dorado por la visita a mi nieto. También por el correo de una antigua alumna que me dice cosas que recuerda preciosas que dice que le enseñé.Yo siempre digo que aprendí más de los alumnos que todo lo que yo pudiera enseñarles, pero a lo mejor ahí está el quid. En caso es que el ego se pone por la snubes. ¡Qué tontos y qué absudos los seres humanos! Al menos, yo, pero  es que, todo lo que me repite que mi nacimiento no fue un error me da subidón.
¡Santa Rota, santa Rita que mi sueño est anoche se repita! Chao.



Últimas fotos. El día sigue casi como comenzó: plomizo, pero mi arbolito dice que no le importa y está precioso. A mí tampoco me importa.


 

9 abr 2013

Hoy es martes

Bueno ya casi miércoles porque la guasa de los ordenadores: por dos veces se me ha borrado la entrada. Pero como le decía el perro al hueso: tú duro, y yo despacio...
Decía que  hoy, martes, el día estaba teñido de un gris más bien tirando para oscuro. ¿Razones? Por la mañana, trabajar, trabajar y dentista. Para la tarde  me andaba rondando la operación de vegetaciones de mi chiquitín. Sí, ya lo sé; cosa de poca impostancia pero no sé qué tienen los nietos que nada más tocarle un pelo y los abuelos nos subimos a la parra.
Bueno,  pues andaba yo preparando mis coquetos atuendos, que nunca se sabe, cuando sin esperarlo, cómo, una especie de empujón y aterrizo en la cama proxima a mis arreglos. ¡Vaya sustazo! ¿Mareo? ¿Infarto? ¡Uf, qué montón de cosas por mi cabecita! Como pude me enderecé y me llegué a este mi señor sillón donde llevo dos horas, móvil  va, móvil viene para saber algo del chiquitín.
Mi hija preocupada: pero, ¿te has mareado o qué? La respuesta más acertada hubiera sido el "o qué", pero ya tenía ella de sobra con el de los tres añitos en el quirófano. ¡Que no, que no te preocupes; cosa de las cervicales!
Y el gracioso de mi iPad en guerra  conmigo para cambiarme palabras, pero yo repitiendo lo del perro seguía y seguía y sin saber por qué haciendo un estricti de mis más recónditos secretos. A lo mejor es porque pienso que nadie los va a leer. A lo mejor por si alguien lo lee. A lo mejor, y es lo más seguro, por aquello de la cuna celeste no preprada para mí y por lo cual tengo que seguir justificando mi presencia en el mundo.
Y ahora, a las once y cuarto, o sea a las 23 y pico, aleluya, aleluya: mi chiquitín ha abierto los ojos y ha dicho: abuela, jamón.
A ver quién se atreve a repetir que el día ha sido gris. Atrás se ha quedado el mareo o "el qué", el cheque de la dentista y todito porque las palabras de mi chiquitín han revestido de oro, y no chapado, este día que termino ya porque mis relojes, unos impertinentes, no cesan de recordarme que me he pasado de rosca con la hora.
Tres veces he repetido esta entrada y ninguna igual, por eso de que es imposible recordar al pie de la letra un texto borrado. Solo las  palabras lindísimas del chiquitín, al despertar de la anestesia, he conservado: abuela, jamón. ¿Hay quién de más?

8 abr 2013

HOY ES LUNES. Son las 22 horas de un hermoso día de abril O sea que el día está finiquitado, prácticamente. A punto ya de mis formalidades rutinarias, anteriores a la cama.

¿Hoy? Notable un poco bajo, pero, ¡ojala esta evaluación no me faltara nunca! Lo primero, lunes y eso quiere decir que todo vuelve a ser normal… ¿Normal o rutinario? Creo que nos apegamos a la rutina y que no se nos tuerza un paso. ¿Qué triste, no? Pero es así: la vida un electro encéfalo plano, a no ser que tengamos el coraje de sublevarnos y coger por la calle de en medio. ¿De dónde que haya que cumplir años y más años entre dos paréntesis: vida y muerte? Y lo que llamamos vida, nacer, ser monadas, ser rebeldes, estudiar, trabajar, emparejarse y… ¡a empezar! ¡A darle marcha a la rueda que no se nos pare!: hijos, monadas, etc. etc. y que pase el pañuelito. Y lo que llamamos muerte… ¡UF…! De eso, nada de nada, pero, ¡qué yuyu!

¡La vida es maravillosa! –exclamamos en momentos de euforia-. Y se nos llena la boca expresando ilustres pensamientos. Repito que lo de maravillosa es cosa nuestra que la revestimos de gala, con orla, con pendientes largo, collares, sortijas, etc. cuando estamos de humor y las cosas nos van de primera. Otro gallo canta, cuando la vida nos da un zarpazo del color que sea: ¡Estoy harto de vida! ¡Qué asco de vida! Y cosas así. Al menos es lo que yo creo.

Pero bueno, ¿qué hago yo “filosofando”, aburriéndome y aburriendo al personal? ¡Vamos al día, lunes! Por eso de la rutina, las caras de siempre, tras el fin de semana, nos damos los buenos días en nuestra cafetería habitual. Me acompaña, a veces, compartiendo mesa, un hombre sencillo, sensible, educado… Hoy me dijo: Estoy deprimido. ¿Y eso? –le pregunté-. ¿Qué te pasa? Agachó un poco la cabeza, se le enrojecieron las mejillas y exclamó: Que no sé de qué hablar con usted. Yo no tengo su cultura, yo he sido albañil, yo no puedo darle nada…

Bastante impresionada por aquellas bellísimas palabras, le cogí una mano y le contesté: Me das lo que más necesito a estas horas y a casi todas: compañía. No quiero palabras cultas, ni quiero sermones formativos, ni quiero piropos… Cada uno puede dar lo que tiene y sería más que suficiente para ayudar a muchos seres humanos y a mí la primera. Me miró con los ojos lacrimosos y guardó silencio.

Y esta historia es lo más importante de este lunes, porque va mucho más allá de todas mis ocurrencias literarias y, sobre todo, porque en este caminar por entre los paréntesis vida y muerte, podemos encontrar sin buscarlo, auténticos motivos para dar, para recibir, para ser felices… Y a mí, en particular, motivos para saber que sí, que debí nacer.

¡Hala! ¡Si es que caigo siempre en la reflexión! Pero a esta especial persona, le debo el notable, que lo he rebajado, porque, ¡me tocaba dentista! Y no le tengo miedo a las agujas, ni a la anestesia… Le tengo, sí, pánico, al bolsillo.

En fin que termino que mi carillón, mi cuco y unos pocos relojes más, están a punto de cantarme; ¡Ayho, ayho a la cama a descansar!

Que digo que, ¡vaya  tarea me he impuesto esta semana! ¿Y para qué? A lo mejor para leerme y demostrarme que sigo existiendo. ¡Ayho, ayho!


¡Qué mágica luz a estas horas en mi terraza!


7 abr 2013

Diario de una semana

HOY ES DOMINGO. Me desperté, no, ¡si no he dormido!, mejor, abrí los ojos a las cinco de la madrugada. ¡Vaya noche: vueltas y más vueltas, pesadillas y más pesadillas! Pero abrí los ojos y mi escenario perfecto de siempre: relojes con la hora en punto, reclamado no sé qué, peluches todos con los ojos clavados en mí, la foto grande de mi compañero de más de veinte años, entre socarrona y tierna, que también me miraba, mi pintura de hace años que empieza a resultarme aburrida, mis libros, mis muñecas… Y todo como esperando que yo me pusiera en marcha y con ello les diera cuerda al reloj de su absurda existencia.
¿Y qué más? Bueno, pues una pereza horrible para hacer el esfuerzo de seguir viviendo. Sí, mis hijos, mis nietos, mis amigos… ¿Mis amigos? ¿Quiénes son? Si no les escribo, no me escriben, si no los llamo, no me llaman, si no los busco, no me buscan… Nada les debe interesar si estoy bien o mal, si estoy o me he ido. ¿Son amigos o son creaciones más de mi fantasía? Puede que sean, sí, carencias de mi subconsciente. Mis padres, cuando yo era una feta de cuatro meses, perdieron a un hijo varón y, ¡claro! deseaban y esperaban a otro que en parte mitigara su ausencia, pero aterricé yo, fémina llorona, regordeta y feúcha. Alguna vez los escuché contar que lloraron, cuando yo nací y he aquí que yo he interpretado siempre que no debí nacer, que no fui deseada, que aquella cuna celeste no estaba preparada para mí, luego tendría que justificar mi presencia en el mundo, siendo una súper…
¡Y uf, que tarea esta!, porque tenía una hermana mayor, una Shirley Temple que sí se había ganado bien el puesto. Fue la primera y para más inri, preciosa, extrovertida, simpática… ¡Si no parecen hermanas! –decía la gente, acentuando mi timidez, sosería y vulgar apariencia-. Así que, cuando mi madre me cantaba aquella nanilla de la época, “esta niña chiquita no tiene a nadie, su madre una gitana la echó a la calle”, pues ahí me veía yo: sola y en la calle! Y así me veía yo, y así me veía esta madrugada a las cinco.
Ahora son las diez de la mañana. A las diez de la noche, si las horas no me fallan, seguiré. A ver cómo se me da el día. Me voy. Adiós.

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Casi las 10/ 22 horas
¡Pues, sí, llegue las diez, o sea a las 22 horas de este domingo! Y digo yo, ¿quién me manda a mí meterme en estos compromisos de tener que escribir a una hora determinada? Me pongo por bandera la libertad –bla bla bla- y a la mínima me encuentro atrapada por un blog que como si mis mensajes los arrojara en una botella al inmenso mar de Internet, me santiguo y me digo: ¡allá que va por si alguien lo encuentra!
Y a lo que iba: después de mis esfuerzos mañaneros, después de llamar a mis hijos para que estuvieran tranquilos y contentos con mis proyectos, la mencionada, ya otras veces, subida a mi casa de la sierra. ¡Un catorce por ciento y mi coche renqueando! Pero mi música me acompañaba. San Francisco de Scott Mk… Mi imaginación volaba por ahí lejos, a lugares, más allá del mar habrá un lugar… En el último tramo, un sueño de bosque, las ruedas de mi se me quejaron, y con razón, porque, ¡vaya socavones que ha dejado la lluvia! Un poco más y me tiene que rescatar una grúa. Pero logré llegar sana y salva.


¡Ay, ay, qué olores! Cuántas flores, cuánto verde, cuánto silencio y cuánto cuidado en cada paso porque la tierra era un colchón de barro. Pero, bueno, saqué la cámara y fotografías van y vienen. Allí, -¡como para verme! Aspirar, expirar… ¡esas cosas que se hacen, cuando nadie nos ve y pensamos que estamos tragando salud –jjajajajaja!-. Llevaba un oloroso bocata para lo que se presentara, pero tras respirar tan buenos y sustanciosos aires, el apetito dijo: ¡Que estoy aquí! Y el bocata cayó en un santiamén. Me agarré a un carrito de la compra, por lo de mi agorafobia, y me planté en lo más alto, tan alto que desde allí se divisan un montón de pueblos y en días luminosos hasta Sierra Nevada. Hoy, no, hoy un aliento de niebla difuminaba los horizontes.
Por unos momentos recordé lo que había escrito a las seis de la madrugada y me dije: ¡Bueno, a lo mejor no fui deseada, pero aquí estoy, comiendo aire sano, pisando cacas de conejos, de cabras, fotografiando florecillas y pensando en mis amigos… ¿Amigos? Yo los quiero. No es virtud es que como se supone que no debí nacer, tengo que estar agradecida al mundo que me sostiene y ellos están ahí, un poco son los brazos que me acunan, aunque no me canten la nanilla de los años.
Y, nada, después, con el bocata, que no se me bajaba, me despedí de las montañas… Caminito amigo, yo también me voy.

Regresé con más música, feliz por mi reencuentro con la naturaleza que me habla, me mira, me quiere. ¡Ah! Una paradita en mi cafetería mañanera y un sabroso café. ¿Lo peor? Un corto gran mal rato: cuando subí a mi piso, me di cuenta de que me había dejado atrás el bolso: llaves, móvil, cámara de fotos, tarjetas de crédito y algunos secretillos más. Sí, fue corto porque al bajar y salir del ascensor, un gentil camarero me lo llevaba.
Y lo que resta, ya me duché, me puse el pijama, cerré puertas, revisé formalidades, puse la alarma a punto, me despedí de mis plantas en la terraza, pasé lista al recuerdo de mis amigos -¡que sí, que lo son!, miré al cielo y dije: Dios, que estoy aquí.
Y son las diez, tengo que terminar que antes de irme a la cama, tengo que echar mi sueñecito leyendo, una vez más, el Principito.
Beso mi botella –es vulgar lo de la botella-, no, nada de botella. Mi mensaje esta vez viaja en un precioso botecito de perfume. Mua, mua…

Y me bajé un ramnito d ehinojos que ahora huelo y me sabe a gloria.
Yo creo que sí, que debí nacer y nací.













2 abr 2013

Carta a mi coche robado

 
Aún en medio de tanta chatarra, seguirás siendo mi coche y...
¡cierra los ojos y recuerda lágrimas, juegos, versos... que compartimos.
No, no se borran las cosas vividas con amor.

Lo encontraba invariablemente solo. Solo y presto siempre a mi servicio. No le importaban las inclemencias del calor ni del frío, ni las males artes de nocturnos pasajeros Un halo de nobleza, de sencilla solemnidad, un tenue rutilar animado parecía envolverlo de felicidad. Era mi coche, uno más entre miles, pero cargado de vida aprendida del largo monologar de mi intimidad amiga, cobijada, como en claustro materno, en la calidez de sus silencios.
Palpitante siempre en su alma el trepidar de mis recuerdos, evocando palabras, susurrando olvidos, contemplando auroras, cielos estrellados, lunas...
Y el mar, ¡cuántos ensueños frente al mar que compartíamos en tardes largas de verano por el puerto! ¿Hasta qué otra orilla llegarán las playas? -le preguntaba- ¿Hasta dónde las gaviotas..? ¿Hasta dónde las sirenas? ¿Hasta dónde los ocasos en un mar que se los traga?
Y yo escribía malos versos y en voz alta se los leía, y mi coche, tan prudente, tan señor... sí, ¡yo creo que me aplaudía!, pero callaba.
Otras veces, con la lluvia, por caminos, en busca de un no sé qué, me perdía. Y allí amapolas, y trigales, y girasoles y en sonoros suspiros romances de luz, de aire, de manzanillas, de olores, emanados de los más puros sentires de la tierra empapada.
Sobre su volante yo soñaba que era mariposa, que era estrella, que era.... ¡Si yo no era nada! pero mi coche tan prudente, tan señor... sí, con su silencio, ¡cómo me respetaba!  Recuerdo una madrugada de Reyes Magos, solos, solos por la ciudad, por las calles túneles de luz festiva. Yo reía con los semáforos y en juguetonas maniobras los violaba, y ante la fuente, esplendor de agua, de palomas, de incógnitas blancas... siempre, la soledad decorando mi alma
Es la historia sin voz que esta noche presiento que me llama. Sí mi coche, tan noble, tan señor, tan mío, con tanta alma, en la intemperie de un desguace duerme, mientras siento un dolor que no puede expresarse con palabras. Te robaron de mí antes de llegar el día. ¡Mi coche, mi compañero, siempre a dúo, descubriendo madrugadas y escalando sueños de cielos, de mar, de amor... de montañas!
De ti, mi coche fiel me queda la dulce huella que los seres generosos nos dejan, y contigo, tan maltratado, tan herido, tan desahuciado... mis sueños, mi cansancio, mis lágrimas de cincoaños enterrados.
¡Luna bella, luminosa de abril, mágica, divina! Haz florecer un almendro junto a mi coche envuelto en vulgares chatarras! Quiero que no olvide que existe la belleza, aún en medio de un vertedero. ¡No lo dejes, luna sin monólogos de silencios íntimos! ¡Cántale el Aleluya tantas veces frente al mar escuchado! ¡Llévale, luna, mi beso y dile que siga jugando, que no importa el lugar, que no importa el trabajo, que cada cual por un lado seguiremos buscando horizontes, que la vida sigue su ritmo. La vida que sigue... y se pasa.

8 mar 2013

Carta a mi madre


QUERIDA MAMÁ

Vivir en el corazón de los que dejamos detrás de nosotros no es morir. Campbell.
Es por eso que al cumplirse treinta y ocho años de tu muerte, querida mamá, tú sigas viva en mí, pero de forma especial en esta madrugada de marzo, cuando los ciruelos japoneses están ya en flor, cuando empieza a oler a azahar y cuando a solas en este piso grande, casi reducido ahora al espacio de mi escritorio, tengo que sacar mis mejores palabras, como siempre, para plasmarlas en este reducida área de mi ordenador.

Y mis palabras, hoy, no pueden ser otras que la expresión más fervorosa y cálida hacia aquella mujer que fuiste, nada convencional, culta, exquisita, caritativa... en tan difíciles años que te tocaron vivir. Te recuerdo cultivando violetas y jazmines. Te recuerdo celosa de tus pequeñas y bellísimas propiedades: cajita de música, rosario, pañuelos, libros... Te recuerdo, que todavía se conserva en tus ropas, en aquel perfume de rosas que era rastro de tu presencia y también de tus ausencias.

¡Cuánto te quise, mamá! ¡Cuánto lloraba en la soledad de mis noches de niña, imaginando tu muerte! ¡Cuánto gozaba sentada junto a ti, sin que tú, sumida siempre en un mundo de sueños imposibles, apenas me notaras! ¡Cuánto sufría con tu precaria salud! Quiero tener fe y pensar que yo también sigo viva para ti, y es por eso que constantemente te sueño, te busco, te hablo...

Quiero decirte que sigo siendo aquella niña buena para todos que recogía las plumas caídas de los pajarillos, que protegía y enseñaba a los niños pobres, que perdida en los rincones del jardín, escribía poesías y cuentos.

No, no me he prostituido jamás, porque mis causas siguen siendo la verdad, la justicia, el amor por todos los seres humanos.

A veces, como hoy, me eternizo en este rincón sin saber cómo seguir el camino donde tantas ausencias me han dejado huellas profundas. Te sigo necesitando, mamá, para que me recuerdes que tengo que comer, para que me des un precioso pañuelillo para secar mis lágrimas, para que me acompañes con el silencio de tus largos rezos…
Tú no has muerto, mamá; sigues viva en mí y en todas las cosas bellas de este mundo. Sí, te oigo, te veo, te siento; eres tú, mi querida mamá, la única en este mundo que me quisiste tal y como era, que me aceptaste con mis muchas rarezas sin cuestionar ni una sola de ellas, la única en el mundo que me ha llamado “vida mía”.

Si me oyes, mamá, quiero que sepas que ya nadie me da aguinaldo por Navidad, que ya nadie me prepara aquel bocadillo que tú me hacías comer, cuando cada tarde llegaba agotada de la escuela, que ya nadie me escribe cartas a mi buzón para felicitarme por mi santo y por mi cumpleaños, que ya nadie adivina mis depresiones, mis problemas...

Cada día me parezco más a ti. Me miro las manos y te veo, me miro los pies y repito tus palabras:”donde se ponen unos pies bonitos...” Como a ti, cada día me gustan menos los productos congelados y las ropas de fibra, y cada día me gustan más las violetas, las manzanas, los libros...

Si me oyes, mamá, quiero que sepas que cada vez hablo menos y pienso más. Eso quiere decir que, a pasos gigantes, me voy acercando a ti.m No, no tengo miedo, pero me gusta la vida y en ella tratar de dar lo mejor de mí. ¿Soy buena, tonta o qué?

Yo sé tu respuesta y sé que a esta hora de nubes y soledad, estás tan cerca de mí que puedo tocarte, olerte y es por eso que te repito: ¡Cuánto te quiero, mamá!