Mis pensamientos

sábado, 22 de abril de 2017

Conversando con mi cuerpo


Bueno, pues resulta que ayer, sobre todo por la mañana, fue un mal día para mí. Sí, malo, y no es que me sucediera nada especial. Solo que ni tan siquiera tenía ganas de ver la luz. Me dolía todo y nada. Me agobiaba todo y nada. Me preocupaba todo y nada. No sé si quería llorar o reír. No sé si quería compañía  o me molestaba. Sonó el teléfono dos veces y no lo  descolgué. Llamaron a la puerta y no abrí. Estaba así como entumecida, incapaz de darme respuestas, de reaccionar. Estaba bloqueada y sin clave de desbloqueo: ni ganas de comer, ni de beer, ni de escribir, ni tele, ni nada de nada. Que qué hice. Ahí voy:
Me encerré en una salita que mis amigos más íntimos  llaman de la musas, por la cantidad de libros de  videos, etc. que hay. Eché la persiana hasta quedarme a oscuras total, me senté y cerré los ojos y no sé cómo me encontré hablando con mi cuerpo: vamos a ver, corazón, que con eso de ser  la máquina, me preocupes. Quiero sentirte latir porque te noto lento, lento. ¿Y qué quieres, si has estado tres horas sin moverte del ordenador? Me tienes aburrido. ¡Date un paseíto, mujer y verás como me acelero! ¿Y tú, don hígado que te crees  señor de mi cuerpo? No tendrás queja: ni bebo alcohol, ni como grasas, ni dulces... ¡Tú te lo pierdes, niña! ¿Qué? Ay, perdona, quería decir que eso está bien, pero no te prives tanto que si no me das trabajo... ¡Una copita, un choricito de vez en cuando, unas tapitas de queso que tanto te gusta... ¡Si es que me estoy volviendo hígado de cabra con tanto verde como comes! Pues, no digamos yo. ¿Y qué eres tú? Soy tu estómago, princesa. ¿Y qué te pasa a ti? Pues que no aguanto  las cenas, sobre todo, de nada con tres galletas mojadas en agua. ¿Dónde se ha visto con lo chocolatera que eras? ¡Anda, anda que se me están pegando las paredes! ¡Cómete un buen bocata y dejas los tres palillos reglamentarios! Pues   con quién yo quiero hablar es con don colon. ¡Vaya problemas que me creas!¿Tú te crees? Toda la vida luchando contigo a cuestas. ¡Y venga  poleos y venga manzanillas...! ¿Me culpas a mí de tu mala administración de todo? Sentimientos, comidas, cariños preocupaciones, recuerdos... ¡Que es tu sistema nervioso el que me trae a mal traer y que me llenas de aire! Ya te lo han dicho miles de veces: no corras tanto, criatura, ni te preocupes hasta  si no oyes maullar al gato de tu vecino. Y yo soy el páncreas: ¡que te comas esa milhojas que miras con ojos golositos! ¿No ves que me vengo abajo  nada más que te pones de pie? ¿Puedo hablar? Soy tu cabeza. Habla, pero no sé de qué puedes quejarte tú. ¡Ufff! ¡Trabajo mucho, mucho, una barbaridad! Pues no es nada las historias que te montas con eso de la creatividad! Y claro, luego estás mareada, tienes sueño, estás como ahora mismo: hecha una ....  Pues,  tú sí llevas razón, pero es que no paras de charlarme e inventarme cosas y más cosas, y así  me agotas, se me pega la comida, tengo sueño, pongo erratas en la escritura...  Y etgno mi ratito de relajación diaria... Sí, ¡menos mal! Porque de lo contario, loca, loca Mira por donde, mi columna es la más calladita y es la que más sufre.  No te preocupes; haré por ti lo que pueda. Sí, mujer; no me abandones....
¿Y qué pasó? Pues que me levanté, abrí ventanas y me dije: ¡a ordenar libros, muchacha! ¡A vivir dejando la vida fluir  y se encargará de lo que tenga que pasar.

   


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