Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

20 may 2017

Relato: La tierra que no quiso amo

Un trozo de buena tierra fue despreciando a cuantos compradores querían hacerse con ella. 
No -repetía-, no quiero amos por grandes que sean vuestras ofertas. Me debo a todas las semillas, a todas as aves, a todos los pasos.
Pero un día, las tierras de alrededor, que se dejaron comprar, comenzaron a ser tratadas, sembradas, abonadas, cultivadas. Sus amos, con grandes expectativas, vivían pendiente de la cosecha. Sucedió, no obstante, que, a pesar de las apariencias, aquellas tierras no eran tan buenas como parecían por lo que frustraron a sus compradores que tras exterminar, mediante fungicidas, herbicidas, etc, toda clase de vida en aquellas tierras, las abandonaron
Y  aquellos terrenos, vergeles de tantos cuidados, quedaron reducidos a estériles y solitarios desiertos que para nada servían y que nadie frecuentaba. 
Por el contrario, de la tierra que no quiso amo, brotó, como cada temporada, abundante hierba  que servía de alimento a pajarillos, y de refugio a insectos, y de paseo a cuántos querían refrescar sus pies. 
Las tierras que se habían vendido exclamaron: ¡qué sabia fuiste, vecina! Los amos piden todo a cambio  de mucho que no es nada porque cuando te exprimen y ya  no les sirves, sin piedad, te abandonan.


17 may 2017

La escuela no mola

  Una triste, muy triste historia, cuyo espacio más apropiado es mi Blog de Educación, creo que nos puede servir de pista por dónde caminar en educación: no tratar de qu los alumnos, los hijos vengan a nuestro terreno sin haber ido previamente al suyo.
 Han pasado muchos años, pero nunca me podré olvidar de Alias virus -nombre puesto por él mismo-, un chaval de catorce años que de rebote de muchos cursos como repetidor, llegó a mi aula un día. Simulando un saludo militar, exclamó, con una sonrisa entre dulce y pícara, el primer día de clase:  Se presenta Ernesto Che Guevara. Un poco desconcertada, le contesté por su nombre:  sea bienvenido a esta su clase, don Miguel. Bajando el tono se expresó en estos términos:  la escuela no mola, seño. Todo el día sentado y sin poder hablar, ¿usted se cree? Mi viejo, que soy un hombre y tengo que estudiar; el dire, que un día me echa, los maestros que al pasillo... No mola, seño; la tienen tomada conmigo porque mi padre es del partido.
Lo senté en mi mesa y dándole libreta y bolígrafo le dije: ¡anda, escribe lo que quieras!  ¿Lo que quiera?, ¿y no me llevará al dire? No, tranquilo  -le insistí- «escribe lo que quieras que no lo va a leer nadie nada más que yo.
Con letra garrapatosa, escribió una sarta de picardías en las que incluía a padres, colegio, compañeros, etc. Comprendí al leerlo que se desahogaba a gusto de lo que pensaba y deseaba decir a todos y cada uno.  No está mal -le dije- pero puedes y debes mejorar la letra». Le escribo una historia?».  ¡Claro, escribe lo que quieras!». ¡qué guay! ¿Y no me va a llevar al dire?   ¡Qué no hombre!. Y no fue una historia, sino el triste relato de su vida, salpicada de robos, mentiras, droga...
Era la primera vez que me encontraba en una situación como aquella. Decididamente, era yo la que tenía que ir a él y desde lo que parecían ser sus intereses, caminar juntos. Próximas las vacaciones, me ausenté unos días de clase por enfermedad y cuando volví ya no estaba: lo habían echado.  
Una tarde de belenes y villancicos, derrotado, entró en el aula: ¡qué mala pata -exclamó- ¡Ahora que me empezaba a gustar la escuela!
Durante un tiempo le seguí la pista. Después, perdió en el pozo de la droga, se perdió. Hoy, no  sé...

14 may 2017

Día de la Familia

 Un gran día el de hoy, amigos: Día de la familia.  
Un breve relato 
Un hombre, importante ejecutivo en sus años jóvenes, había ocupado cargos de gran responsabilidad, relacionándose con altas esferas sociales y con vida de altura que le permitía vivir con holgura en placeres e intrascendencias.  Llegado el tiempo de su jubilación, sintiéndose alejado y olvidado de todos, notó cómo lo invadía una gran depresión: había perdido trabajo, amigos, viajes, fiestas, dinero, mujeres... Recluido en su casa, cada mañana, al despertar, se notaba tan deprimido que acudió a una afamada doctora. Ella, experta veterana de la medicina y del conocimiento del ser humano, le dijo: no, no lo ha perdido todo: tiene hijos, nietos, mujer, tiene familia.
El hombre, melancólico, comprendiendo  la causa de sus males, contestó: no, doctora; no tengo ninguna de esas cosas. ¡Ojala así fuera!, pero todo lo perdí, cuando era tiempo de ganarlo.
  
Albert  Camus tiene una frase que hago mía, a poco que rememore mi infancia: El espléndido calor que reinó sobre mi infancia me ha privado de todo resentimiento.
Sí, cuando los hijos crecen al cálido rescoldo de una familia unida, tolerante, dialogante… los hijos crecen sin tener que abrirse paso a golpes. Luego sus vidas serán lagos en calma por muchas tempestades que les rodeen.

13 may 2017

Ternura: valor olvidado

Hace años conocí a una buena  mujer que, cada madrugada, camino del trabajo, se detenía a desayunar  en mi cafetería habitual. De vez en cuando la invitaba a café y compartíamos un rato de charla. Me contaba que tenía tres hijos pero que los tres estaban lejos, y que ella todas las noche se acostaba un rato en cada una de sus camas con el fin de calentarlas y por la mañana, encontrarlas deshechas, haciéndose así la idea de que dormían allí. Les cambiaba las sábanas, las volvía a hacer, etcétera. 
La verdad es que aquella historia me conmovía por el amor y ternura que conllevaba. Hoy, aquella mujer ya no existe. El maldito alzhéimer la ha dejado perdida en un túnel de oscuridades y olvidos. Un  familiar me comentaba: le ha dado por hacer y deshacer camas. 
No dije nada, pero sí, más de una lágrima corrió por mis mejillas, y hoy, por otras muchas experiencias, quiero una vez más reivindicar ese valor tan perdido en la corriente corriente de palabras, gestos y acciones duras como circulan a diario por el escenario de nuestra cotidianidad. 
La ternura es la columna central que sostiene la vida --dice el literato Martínez Gil--. La ternura es un sentimiento que engrandece al hombre; es la demostración más sublime del afecto entre dos personas, es una fuerza prodigiosa capaz de transformar los más pesados ambientes. 
Describir la ternura sería difícil, puesto que es un sentimiento tan grande y noble que las palabras quedarían cortas, pero es un sentimiento que abarca no solo a personas que se aman sino que es como un fluir constante de comprensión, proximidad y amor hacia todos los seres humanos. El cantante belga Jacques Brel lo expresaba en sus canciones: "Somos como barcos partiendo todos juntos en la pesca de la ternura". 
Para mayores y pequeños, mujeres y hombres, animales y plantas, yo reivindico ternura, por favor.




12 may 2017

Nada es algo

Esta mañana, más tarde de lo habitual en mi cafetería, por eso de los sábados y  domingos, oí a un hombre decir, refiriéndose al peso de unos zapatos; menos que nada, porque nada ya es algo.
Directamente esas palabras, “nada es algo”, me han traído hasta una de mis novelas  que de entrada dice así:
Ya es mañana, y hasta no hace mucho, anteayer, ayer, yo me sentía feliz de no ser gallina. Sí, porque las observaba en el gallinero de mi casa y las veía tan aburridas... Apenas se movían. Vivían, eso sí,  solo para comer, poner huevos, cacarear de vez en cuando, agacharse ante el gallo y mirarse unas a otras, como diciendo: ¡ea, esto es lo que hay! Y terminar, como buen caldo, en algún puchero.  
Por el contrario yo era un saco de ilusiones, de sueños... Un saco rebosante de    emociones, de amores que despuntaban al arrullo de palomos, que me vibraban al compás de los momentos, que me galopaban por el alma, que me aceleraban el ritmo de mi pulsos, enarbolando días singulares de no sé cuantas  esperanzas. ¡Qué envidia, si lo sospecharan las gallinas! Una vida sin corral, sin gallo, con alas, una vida para campear por mis respetos y llegar lejos, muy lejos... Hoy me pregunto, tras el paso de los años, ¿en qué me diferencio yo de las gallinas? ¡Si el mañana de ayer, que es hoy, caigo en la cuenta de que también soy un aburrido animalillo de corral! A ver: cacareé más de la cuenta, un gallo me dijo, vamos, y fui, me siguió un gallinero, un ponedero...   y nada: punto final, porque los días se me van de las manos sin más, como tirándome a la cara: ¿y qué más quieres?  Esto es lo que hay.
¡Qué pena siento de mí! Picotear en algún que otro grano, dormir en un palo, soportar que la  “madrastrona”  naturaleza, ¡chssssssh!, nos mande callar,  nos abandone cuando comprueba que no hay huevos que recoger, que esperar y, ¡hala! ¿Terminar como buen caldo en algún plato? Ni tan siquiera eso.

Amigos: esto es una novela. Es cierto que la vida, con pequeñas diferencias, es un electroéndefalo plano repetitivo y súper rápido, pero las palabras del hombre esta mañana,  descendiendo a la realidad, me repito nada es algo, y eso es lo que tenemos, lo que somos, nada, pero creo que más que algo, es mucho+