-En mi clase se hace creatividad los viernes por la tarde.
-En la mía -añadió otro maestro- se hace una hora a la semana.
-Pues yo -dijo un tercero- no tengo hora; en cuanto se ponen insoportables, les mando sacar los cuadernos de dibujo y...
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Durante un tiempo, a la muerte de mi marido, con mucha facilidad lloraba por cualquier cosa.
En clase, para disimular, bebía constantemente tragos de agua de un vaso que los alumnos/as me mantenían lleno.
Una mañana se presentó una pequeña con un paquete de pañuelos:
-Toma -me dijo-; te lo regalo, porque de tanto beber agua, te vas a ahogar.
Una: Que los niños/as saben entender, tanto el dolor como la alegría, cuando nacen del corazón.
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Una pequeña de seis años me dibujó sin manos. Me dijo:
-Maestra, te he hecho un retrato.
Al verlo, exclamé:
-Pero... ¡cómo! ¡Se te han olvidado las manos! Me has dibujado manca.
-Sí -contestó consciente de su omisión-. Como tú no pegas...
¡Cuánta lógica conllevan las palabras de los pequeños/as y cuántas experiencias vividas en tan cortos años! ¡Qué suerte ser para ellos/as una experiencia “manca”!
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Me preguntaba una niña:
-Maestra, si el pez grande se come al pez chico, el último de la fila, ¿a quién se come?
Por unos instantes, dudé en la contestación. Después, improvisé:
-Pues, los chicos se comerán unos a otros y...
Antes de que terminara mi improvisada “lección”, ella exclamó:
-¿Y por qué los grandes no se comen también a los grandes?
Los niños/as no saben razones de “grandes” ni de “chicos”,




























