Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

14 may 2018

DÍA INTERNACIONAL DE LA FAMILIA


DIARIO CÓRDOBA / OPINIÓN
Un año más llega el Día Internacional de la Familia, día que se viene celebrando el 15 de mayo y que un año más suele pasar desapercibido al no haber destinatario determinado para el comercio. No obstante es un día de importantes reflexiones de cara, sobre todo, a los padres que son por excelencia los pilares de la familia. En estos tiempos las palabras disciplina, castigos, represión, etc. se escuchan reivindicativas en foros, tertulias y a poco que se dialogue con profesores y padres, como si en ellas estuviera la panacea, la pócima milagrosa para acabar con los supuestos males que aquejan a nuestros niños, jóvenes y por consiguiente a la  vida familiar.
Y si es cierto que se precisa con urgencia un remedio, para mí que difícilmente las soluciones apuntadas puedan ser eficaces y convenientes. El principio de la educación es predicar con el ejemplo, y es por ello que la raíz de tanto problema radica en el ámbito por familiar para todo ser humano:  En el seno del hogar, en esa convivencia con padres y hermanos que, como corriente imparable de transferencias, comienza el mismo día del nacimiento, es donde se va forjando al individuo que más tarde puesto en escena tendrá unos determinados comportamientos sociales. Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida. Pero los padres de hoy día, inmersos en atributos posmodernistas, no promueven valores, y ni tan siquiera ellos tienen el alma templada para afrontar, desde la moderación, las complejas cotidianidades de tan agitados y turbulentos tiempos. Es por ello que se impone una reeducación de los mayores, una reflexión que nos ponga de relieve cuándo y cómo educamos a nuestros hijos. La familia no está pasada de moda. Lo estamos nosotros cuando seguimos aferrados al ayer, a nuestra ancestral forma de entenderla, pero la familia   ya no es lo que era  pero sigue siendo el centro neurológico para la formación de los individuos y seguirá siendo por siempre

 Los momentos   más felices   de mi vida    han sido siempre los vividos en familia.También para muchos seres humanos pues que sean los peores.
Mi gran familia

6 may 2018

A mi nieto en su Primera Comunión

Por fin, mi querido Gonzalo. llega el día tan esperado por toda la familia de tu Primera Comunión. Esta mujer que, tras ser madre y maestra, ha descubierto que nada hay más hermoso,    conmovedor y tierno que ser abuela, no lo podía pasar por alto sin dedicarte mis más sentidas palabras, porque tú, mi querido chiquitín, eres tan especial para mí como  lo has demostrado tú por mí que fue la palabra abuela, la primera que pronunciaste. Hace uno días, tu madre me contaba cómo en un trabajo que te pedían pegaras la fotografía de la persona  más importante para ti y escribieras por qué, pusiste una foto mía contestado: porque la quiero mucho y es muy buena y escribe muchos libros. ¿Hay algo más grande en esta vida que esa predilección y esas palabras a tus pocos años? 
Inteligente, creativo y gracioso como eres, quiero recordarte algo importante: te preguntaba que deseabas que te reglara. Nada abuela –me contestaste-; no hace falta. Ante mi insistencia exclamaste, al fin: un móvil mismo. Me hizo gracia y sentí pena al comprobar que ya estás contagiado por este síndrome de los tiempos, pero  hoy, día de tu Primera Comunión, quiero regalarte solo un palabra y con mayúscula: AMOR. 
Sí, vida mía, aunque  no la entiendas hoy, quiero que sepas que nada hay  tan importante como amar y ser amado. Es lo único que vale la pena, la gran lección que nos dio Jesús: amar a todos. Ante todo, hacer la Primera Comunión  viene a ser algo así como sellar una amistad con Jesús que fue crucificado por decir la verdad, por pedir justicia, por llamar hipócritas a los que se las daban de buenos y no lo eran, por predicar el amor a todos sin mirar el color de su piel, por perdonar, etc. Pero todo lo que Él hizo y nos enseñó está escrito como  las normas que deben seguir sus amigos, y ya sabes, los amigos se quieren, se respetan som fieles siempre y,  bueno, lo entenderás mejor cuando vayas cumpliendo años y si lo deseas podrás, por tu cuenta ratificarte en la decisión de ser amigo de Jesús que hoy deciden tus padres.
Sé muy feliz, vida mía y si eres un buen cristiano, lo serás, porque entenderás  que la mayor felicidad reside en el pacto de amor con la humanidad, pacto  que hoy celebramos contigo todos lo que te queremos.  
Tan importante eres para mí que me fundo contigo y hago también mi Primer Comunión, mi primer compromiso con todos: AMOR
 


29 abr 2018

Aniversario


De una obra, titulada Cartas a mis  Hijos
Carta Nº 1
A la memoria de papá, del mejor padre y posible abuelo
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Llueve mucho esta madrugada. Mis ojos, nubes  preñadas que de lágrimas regaron caminos, vuelven a ser bo­rrasca hoy de nostalgias y recuerdos. Aquel pueblo de nuestro encuentro, las tormentas, los paraguas, los charcos, las goteras...
Tú y yo, pobres de todo; tú y yo, ricos en  amor; tú y yo, dichosos con nuestra nada, vivíamos en plenitud la lluvia en los otoños, y los trigueros en las pri­maveras, y las espigas y las eras en los veranos...
Tú y yo hicimos de nuestras vidas tal aleluya que, tras veintidós años ya de aquel adiós sin retorno, puedo escucharte, puedo verte superpuesto  en el cuadro vivo de los días.
Sí, yo sé que eres tú, boca grande en sonrisas que me mira. Sí, eres tú, llu­via limpia que cala mi alma esta ma­ñana. Sí, eres tú, nostalgia  en las flo­res marchitas de un ayer que es hoy en el almanaque de mi alma.
Y tú eres yo, poema de amor escrito en el cálido aliento de los instantes que me nacen, que me palpitan, que me llevan... no sé a dónde, pero es tu amor lo que respiro, y es tu amor lo que me inflama, y es amor... ¡si, si, amor! lo que me ríe y me llora.
Amor palabra izada de bandera en el cuadro vivo de cada día, donde super­puesto, yo te descubro. Tu recuerdo, sigue siendo  flujo y reflujo en luga­res, palabras, silencios... amores.
Tu recuerdo no es un ayer muerto en la precoz hora de azahares y jazmines. Tu recuerdo no es aquel beso postrero que dibujó en mis mejillas  el blanco pañuelo de tus labios en el terminal suspiro que exhaló tu alma.
 Tu recuerdo es... sí,  realidad de unos hijos buenos que te siguen recordando y amando, y es   mirada rutilante que son los ojos ingenuos de nuestros nie­tos.
Y tu recuerdo es la hoja que vuela, y es el arrullo  eterno de  nuestra tórtola  y es el viento que agita mi cortina cuando sola te presiento en este aliento de vida que palpita  cálido junto a mí.
¿Verdad que eres tú, Mariano? Arrúllame una vez más que te escucho, como escucho el silbo del viento o el temblor de las hojas en la terraza-   Mi corazón es la senda, ¿no oyes cómo me galopa el resplandor  de la aurora?
Vuelve con la mañana; te estoy esperando, amor; no tardes tanto.




28 abr 2018

Cruces de mayo

 Mi nieta Isabel María, bailando en una Cruz
 Mi nieta Amalia, de pequeñita, luciendo su cruz
Como vengo haciendo, cuando escribo de mi pueblo en  años de mi infancia   son mis recuerdos los que van a primar, en esta notoria costumbre de las cruces de mayo, y es por ello que las alusiones sean personales, si bien estoy segura se identificarán con los hechos la gente que, como yo, los vivió de una manera o de otra.
Cada año al llegar mayo el tema de las cruces me apasionaba. Los niños en general hacían sus cruces particulares, muchas de las cuales, hechas por personas mayores, resultaban ser pequeñas obras de arte. La mía era de confección particular. Quiero decir que me las tenía que arreglar sola, para lo cual me servía de dos varetas, -nunca las conseguía derechas totalmente- que revestía con lacitos  de papel de seda que pegaba con gachuela. Después, como base  una caja de zapatos, adornada con el mismo procedimiento. La veo, sí la veo colocada, finalmente, sobre la cómoda con muchas estampitas alrededor, con grandes ramos de celinda, rosas, jazmines y todo cubierto de pétalos.
¡Qué feliz me sentía cuando  al fin podía contemplar aquel singular altar, allí, al alcance de mi vista, frente a mi cama! A veces, mis fervores me llevaban a exhibirla por la calle, como los demás niños que, de casa en casa, recaudaban unas pesetillas, pero todo quedaba más bien en intentos porque mi padre no consideraba digno de mi condición el andar pidiendo.
Recuerdo, como algo espectacular, el altar que Andrés, el mosca, monaguillo de profesión, montaba en una habitación de su casa, frente al Colegio de las monjas. Creo que el hecho de ser monago le imprimía cierta autoridad entre la chiquillada, y tal vez, fuera la razón por la que su altar era el más elogiado y visitado. Efectivamente, lo recuerdo como un monumento que ocupaba de forma escalonada toda una gran habitación. Cada tarde, simulaba decir Misa, y allí que acudíamos todos, pero no sé por qué extraña razón yo no le gustaba y en cuanto me veía aparecer, con mi velo hasta la cintura, mi librito de misa y  mi rosario repetía: tú no entras, nena, que eres mu fea. También en la iglesia me perseguía tirándome del velo. Así que nunca participé a gusto de sus célebres “ritos Tan sólo podía verlos desde la calle o desde la ventana.
Y ahora me viene a la memoria, a modo de paréntesis, cómo también, a cuenta de mi librito de misa, me sentía perseguida por una niña, Isabel la larga, creo que le llamaban. Todo comenzó por una imposición de ella de cambiarme una estampita de mi primera Comunión por no sé qué cosa. Me dijo: vamos a echar pelillos a la mar, y eso quería  decir que si   la descambiaba me iba al infierno. 
Y se apropió sin más de mi estampita, pero me resultaba insoportable el pensar que sin yo querer me la había arrebatado. E imaginaba aquel Niño Jesús, con un ramo de azucenas,  en tono rosados, y con la inscripción de mi nombre y fecha de mi Primera Comunión en su poder. Un día, cuando se fue a comulgar, dejó su librito de Misa encima de una banca, y yo, que siempre andaba cerca, aproveché para rescatar mi estampa y esconderme detrás de una columna ¡Pero, ay! Rápidamente se dio cuenta y mirándome, con terroríficos gestos, me amenazó.
Y no sé cómo lo hizo, pero en unos instantes me esperaba, haciendo sonar dos piedras entre sus manos, en un sitio tan estratégico de la calle, que saliera por la puerta que saliera de la iglesia, podía verme.
Cosas, recuerdos que me hacen sonreír al rememorarlas. Sí, fui niña de juegos, de cuentos, de muchas  y grandes fantasías, pero niña tímida, sensible que, como sucederá siempre a otros muchos niños y niñas, viví  acosada por la “tiranía” de los más, aparentemente, fuertes.
A pesar de los años y de  las muchas cosas de que hoy gozan los niños, las cruces de mayo de confección casera para recaudar algún dinerillo, siguen vivas, y yo en lo que puedo, sigo participando de ellas, porque no dejan de ser creativas e ilusionantes.
Y no puedo dejar de mencionar, un entrañable y emotivo recuerdo:   mi hijo, con nueve o diez años, con su cruz y amigos recaudaban unas  pesetillas que se repartían. Él, cada año, las empleaba  en comprarme algo de un puentecillo cercano.
Cruces de mayo, olor a azahar, celindas, alhelíes, azucenas flores...  Vida que se repite  y renueva cada año   y es como una bonita evocación de lo sencillo, bello,   y hermoso  con lo que personalmente quiero empatizar hasta fundirme en ingenua cruz de mayo .