Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

25 dic 2015

Estampa Navideña


En un paseo a orillas del Guadalquivir, un poco alejada de Córdoba, he tropezado con esta manada de ovejas.
Medio extasiada por la emoción de una visión tan real y al mismo tiempo tan ancestral, me conmoví profundamente. 
Me dije: nada más bello para compartir con mis amigos que esta auténtica estampa navideña.

22 dic 2015

Sentarse a la mesa

De la obra que dedico a mis nietos, queridos amigos,  sigo con unos "consejitos" para la comida de Noche Buena y, por supuesto, para siempre que nos sentemos a la mesa. Pero no olvidemos los mayores que como mejor se educa es con el ejemplo.

SENTARSE A LA MESA
¡Ea, mis queridísimos nietos y nietas!  Mañana noche sí es ya Noche Buena. ¿Tenéis preparado el cuaderno dónde todos escribamos al menos una frase? Por si acaso, llevaré yo el mío con buen boli para que no haya excusas. Seguro que esta mañana iréis de compras con vuestros padres que vivieron esa entrañable costumbre, cuando eran niños. Vividla a tope y sé conscientes de esos momentos felices  de familia  unida que se quiere.  Yo, entre tanto, prepararé los aguinaldos que este año con la crisis… ¡Bueno, no os preocupéis que los he recortado poco, muy poco!
Y unas palabras tan solo para que todos dediquemos un momento a recordar al abuelo Mariano que tanto le gustaban estas fiestas y que, era tan generoso, que la última Navidad que pasó con nosotros, muy enfermo  ya, ¡ni una palabra de tristeza! Al contrario, cantó, bailó, tiró  petardos y preparo “los platoss gordos” que era cómo llamábamos a la cena. Así que, siguiendo su ejemplo, nada de  penas y a ser felices.
Y ahora unos consejitos para esa mesa de Noche Buena en la que todos nos vamos a sentar.  
A la mesa hay que sentarse bien vestidos, limpios, peinados… Y esto no quiere decir que tengamos que estar incómodos, tensos, con ropas súper lujosas. ¡No, no, ni mucho menos!, pero nada de seguir con la misma ropa que se tiene puesta todo el día: hay que arreglarse.
Sentarse bien a la mesa  implica otras muchas cosas como saber usar debidamente los cubiertos, saber cortar la carne, comer el pan sin dar bocados a un solo trozo sino a pedacitos chicos, masticar sin ruidos, evitar que se vea la comida en la boca,  sentarse bien en la silla,  etc. etc.
Las servilletas no son baberos de niños pequeños, luego no os las colguéis del cuello. Usadla con discreción, puesto que van quedando manchas de comida. Si no os gusta algo de la comida, como mínimo, probadlo pero no le hagáis ascos ni expreséis con gestos o palabras vuestros desagrado. Pensad que las persona  o personas que han cocinado lo han hecho con el mayor interés y esmero para agradar. Así que es de buena educación elogiar lo que se come. Escuchad al que habla y evitad hablad a la vez y en voz tan alta que solo parezca ruido. Evitad las peleíllas que tanto os gustan entre hermanos. Si os da tos o tenéis que estornudar, hacedlo con el mayor disimulo posible. Por supuesto, nada de eructos. No habléis con la boca llena. Es horroroso que los demás nos vean masticar la comida. Pedir las cosas por favor. No hagáis ruido con los cubiertos. No  os levantéis de la mesa, aunque hayáis terminado de comer, hay que esperar a que terminen todos. Para coger agua o pan, no paséis el brazo por encima del plato de otro. Pedidlo al que lo tenga más cerca.
Y en fin que esto parece un recetario más que mi cartita de Navidad, pero me toca enseñaros y, desde luego, seguir aprendiendo que es mucho. Cantad, bailad, reíd... Dedicad también un recuerdo a los que no tienen techo, ni plato, ni Navidad ni nada de nada. 
Si algún día se publica la obra titulada "Historias de mi abuela" podréis leer cosas muy interesantes  y divertidas acerca de cómo se vivieron aquellos años en los que yo fui niña, en los que no había casi nada pero éramos felices porque teníamos ilusión por todo Y ya termino. Recordad siempre que solo el amor salva y es la mejor fuente de felicidad. Dad y recibir amor es el mejor motor para vivir  y morir en plena conciencia de haber valido la pena  nuestra existencia. Promoved convivencia familiares siempre que podáis, porque  la familia unida será el mejor bálsamos que encontréis a los aguijonazos de la vida. Os quiero muchísimo.



Y  con esta foto del año  pasado por estas fechas os quiero recordar que la vida son momentos, fogonazos de luz que, de vez en cuando, se visten de negro. Llenaos, pues, de luz para cuando llegue la noche.

19 dic 2015

Leyenda de la mulita y el buey+

 Amigos: son fechas, estas de niños sobre todo. Los cuentos conllevan magia que a los pequeños de todos los tiempos contagia y si  hoy no los entienden bien, los mensajes que transmiten florecerán un día en su corazón. 
Son muchas mis obras de cuentos y teatro para niños. Os cito estas dos, editadas por Narcea y en día siguientes, otras.
Un hombre que en el campo trabajaba con una mula y un buey se ayudaba pero los dos animales, ancianitos ya estaban y las patas se le doblaban a cada paso que daban. Un día el hombre dijo: lo siento, amiguitos! No me servís ya para trabajar. Tendré que llevaros al matadero y algo por vosotros me darán. No tengo medios para viejecitos alimentar.
Y al ser de día, en la cuadra entró y antes de salir, de nuevo les habló: queridos animalitos: os debo mucho tengo que reconocer. Cada día me habéis ayudado en mi duro quehacer. Podréis por ello comprender qué difícil me resulta esta decisión pero no me queda otra; también sabéis que mal anda mi corazón. No puedo trabajar y solo quiero, necesito, otra solución,
Y dicho esto, a la mula y al buey en un carrito cargó y pasito a pasito a las cercanías de un pueblo llegó y sentándose en una piedra, se hizo esta reflexión: ¿Dos animales tan viejos quién me va a comprar? No sirven ni para carne, ni para trabajar. Será mejor que los deje en libertad, que hagan lo que puedan y Dios les ayudará.
Y bajándolos del carro de ellos se despidió. ¡Ea, aquí termina nuestra aventura! Tenéis plena libertad que habéis trabajado mucho y de ella debéis disfrutar. ¡Adiós, queridos amigos! Os deseo encontréis algo de felicidad.
Y anochecía, cuando el hombre se alejaba y los dos animalitos uno a otro se miraban. Al fin la mulita habló: ¿Y qué podemos hacer? Para nada servimos ya, tendremos que caminar y buscar un refugio donde la noche pasar. ¡Sí, sí, -dijo el buey- qué frío hace en este lugar! Pero, ¡qué cansado estoy! Muy lejos no podré llegar. ¡Ánimo, amigo! Despacito vamos a caminar y seguro que encontramos dónde la noche pasar -contestó la mulita.
Mal andaban los dos cuando, con la luna llena divisaron un portal. Era un abandonado cobertizo con paja y poco más. ¡Vaya! ¡No está mal este lugar y los dos juntitos nos daremos calor, y ya buscaremos mejor sitio cuando salga el sol –exclamó la mulita. ¡Vale, vale! .dijo el buey-. No está mal; me muero de sueño y mis patas no pueden más.
Y acurrucados y adormilados estaban cuando oyeron que un murmullo de pasos se acercaba. Con las orejas tiesas en alarma estaban ,cuando vieron llegar a un matrimonio que en borriquilla montaban y que despacito entre ellos hablaban.
-¿Qué te parece, María, este lugar?
-¡No está mal, José! En esta pajita nuestro niño nacerá Y estos dos animalitos / con su aliento calentarán.
¿Has oído, hermano, lo que he oído yo? –preguntó la mulita-.¡Sí, sí! Creo que he oído bien. Que un niño nacerá y que tú y yo con nuestro aliento vamos a calentar.
Y nació Jesús, nuestro Salvador. La mulita y el buey su aliento dieron y el portal se iluminó con estrellas caídas del cielo. Ángeles, pastores y Magos al Niño regalaron y la mulita y el buey, para siempre en el portal con Jesús, María y José para siempre se quedaron.
Ángeles y pastores cantaban: En el portal de Belén ha nacido el Salvador, ha nacido nuestro rey y lo calientan con su aliento la mulita y el buey. ¡Ande, ande, ande, ande, / la marimorena / ande ande, ande que es la Noche Buena. Y a coro todos repetían
Noche de saber / noche de cantar / que para ayudar / no existe la edad.

17 dic 2015

Esplendor en la hierba

 Muy queridos amigos: 
Ayer, tomaba café con un amigo mayor que me decía refiriéndose a la cena de Noche Buena: cada vez me gusta menos esta noche. Soy un convidado de piedra: hijos, nietos, más familiares añadidos. Ya no pertenezco a esta generación que lleva las fiestas por otros derroteros, mientras uno solo le queda la nostalgia de otros tiempos. 
Sentí pena, de verdad, mucha pena, porque yo no creo que los mayores sean convidados de piedra en ningún sitio ni en ocasión alguna. Los mayores pueden, podemos sentir nostalgia de tiempos pasados, pero tal vez lo más positivo y necesario sea guardarlos dónde nadie los vea e incorporarnos a estos. Es decir, no queramos repetir la historia de nuestra vida trascendiéndola a los jóvenes, sino incorporándonos a la suya en la medida que nos sea posible.

Y al escribir esto me viene, ¡como no!, a la memoria la Noche Buena de mi infancia, cuando mi padre y mi madre al atardecer, y con los siete hijos que somos alrededor de la gran mesa, cantábamos villancicos, se inauguraba el momentazo tan esperado de abrir el cajón de mantecados, se preparaba el pavo en la cocina, olía a dulces caseros, se escuchaba por la calle pandillas niños cantado y pidiendo el aguinaldo… 
Después hubo otras noches buenas, en el internado, con mis hijos y marido, etc.
Pero todo eso me pertenece a mí, a mi generación, a mis tiempos de niña y joven y aunque los recuerdos me asalten y… 

“Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba. Aunque ya nada pueda devolverme las horas de esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no debemos afligirnos, pues siempre, la belleza subsiste en el recuerdo".


Y este villancico, Adeste Fideles,mi preferido, y el Aleluya de Hender lo sigo escuchando en la voz de muchos recuerdos.

Adeste Fideles Concierto de Navidad. Orquesta y Coro ...

15 dic 2015

Vacaciones y Lectura

De nuevo, periódico, amigos. Buenos días. Tiempo de vacaciones, tiempo de niños en las casas y tiempo de ejercer de padres todo el día. La lectura es una buena estrategia para convivencias felices y formativas.

DIARIO CÓRDOBA/ EDUCACIÓN
ISABEL AGÜERA 16/12/2015
Son tiempos estos en los que se habla mucho de libros, de lectura, tiempos, días que me hacen reflexionar y recordar años de mi infancia en los que los mayores, alrededor de la mesa camilla, en los inviernos, o en la puertas de las casa, en los veranos, nos leían o contaban cuentos que nos embelesaban, tanto por su contenido como por la relajada narración que era pródiga en descripciones, diálogos, comentarios y que predisponía a la motivación, ante todo, por los libros. Hoy día no hay tiempo para compartir con los pequeños la magia de la lectura y en una dejación de responsabilidades los padres esperan que esta labor sea práctica exclusiva de la escuela.
No obstante, la lectura es un valor que debe rebasar el ámbito escolar porque no se trata, simplemente, de un proceso más de aprendizaje, sino sobre todo porque mediante su dominio se adquieren destrezas, actitudes, competencias que les van a resultar imprescindibles en la vida cotidiana y en su integración con grandes posibilidades en la sociedad. De ahí que la familia, los padres deben adquirir conciencia de la definitiva influencia que sus hábitos lectores, por un lado, y la colaboración, por otro, pueden ser determinantes en el valor que para los pequeños represente la práctica lectora.

Llegan las vacaciones y con ellas la gran interrogante de padres, en general: ¿y ahora qué? Los niños tienen idéntico derecho que los mayores a descansar de su cotidianidad laboral en las aulas, derecho que a veces atropellamos tratando de emplearlos en nuevas y constantes tareas. Desde mi punto de vista nada mejor que libros a mano para compartir. Sí, libros que los niños deben elegir de forma que estén en línea con sus gustos y preferencias, libros, lecturas que los padres deben acompañar de forma que ayuden a comprender, trascender e interiorizar. Los hijos deben ser el prioritario valor para los padres. Los hijos son nuestra mayor responsabilidad y los años de la infancia cruciales para su futuro. No lo olvidemos que el tiempo vuela,

14 dic 2015

Con mi voto no se juega

Hoy, amigos, lectura del Diario Córdoba. Mi artículo no va contra nadie en particular, pero sí contra todos en general.

DIARIO CÓRDOBA/OPINIÓN
15/12/2015
Hay quien dice que el recuerdo es el perfume del alma. La verdad es que yo matizaría porque hay recuerdos cuyo perfume apesta tanto que nos hiere y martiriza de tal forma que mejor amnesia total, borrar y dejar en blanco este mágico disco duro que es la memoria, pero resulta que a lo largo de la vida suceden cosas que, con ligeras variantes, se repiten y quieras o no vuelven frescas y lozanas a hacerse presentes. 
Pues nada que en estos días estoy reviviendo las escenas que en mi pueblo y en mi infancia protagonizaban los charlatanes cuando una mañana, de vez en cuando, aparecían en la plaza: pícaros, de fácil palabra, buena voz, simpatía, gracia, etc. provocando grandes alborotos en pequeños y mayores.
Mis recuerdos se centran en la sorprendente escenificación que hacían desde la tribuna de una furgoneta de la que sacaban y exponían mercancías de lo más variopinto. Y la función comenzaba ofreciendo, el oro y el moro, por veinte duros --un dineral, entonces--. Y en cuanto una mano tendía el billete, el charlatán, en un delirio de generosidad, repetía: pues ahora yo te regalo esto y esto y porque me da la gana te regalo también tus veinte duros. ¡Qué momentazo! 
Las manos se extendían en demanda de artículos, pero he aquí que, cuando menos se esperaba, recogían velas y desaparecían, llevándose los billetes, su charlatanería y dejando esturreadas por el escenario cuatro baratijas, la boca abierta de la embaucada audiencia y el perfume de entrañables vivencias.
Y me pregunto yo, ¿qué estará pasando en estos días que de nuevo han aparecido los charlatanes?, aunque eso sí, tan aburridos, con discursos tan repetitivos que no dan ganas de comprarles ni un peine porque además siembran el desaliento de la audiencia y expanden el mal olor de la demagogia barata que nos lleva a exclamar: todos iguales.
No obstante habrá que votar, pero eso sí, que cumplan promesas, que sean honestos, honrados, justos, que miren al bolsillo de la gente y se dejen de datos y que sepan que con mi voto, tal vez jueguen una vez, pero no más.