Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

17 sept 2012

Carta a Ruth y José

DIARIO CÓRDOBA/OPINIÓN
ISABEL AGÜERA
18/09/2012


Mis queridos niños, Ruth y José: sí, míos también, propiedad de todos los que al mirar vuestras caritas sentimos que algo se nos rompe en los adentros. Desde el día que alguien os "perdió" sois presencia que no puedo dejar de sentir tan cerca de mí que hasta puedo oler el perfume tierno de vuestra piel de melocotón y puedo escuchar vuestra voz, vuestras risas y hasta vuestro llanto en momentos vividos, como todos los niños, en pleno fragor de vida que empezaba a despuntar de la cuna que os meció y de la mano que os acompañó en aquellos primeros pasos.
Son tantos los niños que pasaron por mi vida que de memoria conozco el color de vuestras inciertas palabras, de vuestros inocentes juegos, de vuestros miedos y sueños.
Vuestro nacimiento sí que fue un acierto, un aplauso feliz para familiares y amigos que, como savia nueva, inyectaban en sus vidas proyectos ilusionados de cara a vuestro futuro en un mundo que nada podía saber de vuestra existencia.
Hoy, alguien decidió acabar con aquellos planes para convertiros en terrorífica noticia en medios de comunicación, hoy, sí, el mundo os conoce y se espanta de vuestro corta vida y trágico final.
Os fuisteis sin despedidas, mientras otros niños compartían recreos, libros y mientras la vida, imparable noria, seguía su curso sin que ni tan siquiera una corazonada de los más cercanos os acompañara.
Solos, sin campanas, sin funeral, os desvanecisteis con el viento. Pero esta carta no es fruto de un arrebato de sentimentalismo, sino reflexión que me hago cuando amanece esta mañana primera de estrenos en las aulas. ¡Cómo duele vuestras sillitas vacías! Y me pregunto: ¿cuántos niños mata el hambre cada día? ¿Cuántos son víctimas en manos de padres, de pederastas, de marginación-? Y sin ser noticia, lo sabemos todos, pero, demasiadas pocas pestañas se mueven para evitar tales horrores.



* Maestra y escritora





16 sept 2012

Conversaciones con mi Ángel

Queridos amigos: Hoy, domingo, releo una de mis obras, "Conversaciones con mi Ángel" y resumo un capítulo, por si os apetece leer algo distinto, creo.
En una de estas Conversaciones pregunto a mi Ángel, acerca de la existencia de Dios.


Mi Ángel dice:
Tras ese sol maravilloso que acude fiel a su cita con los días, incierto a veces, está Dios en tu vida, un Dios que jamás te ha fallado, que siempre estará en ti, que te acompaña día y noche, en inviernos y estíos, en guerra y paz, en abundancia y escasez… Lo dice Heráclito, te lo digo yo: Dios está en tu vida como el viento que pasa y no lo ves pero lo notas en tu rostro y te da ese hálito que precisas en cada instante. Vuelve la vista atrás, querida niña, y dime. ¿Qué ves en todos y cada uno de esos tus difíciles momentos?   Vuelve la vista atrás, sin dejar de mirar hacia delante, y comprobarás que Él estaba allí y sigue estando, aquí.

Y yo le contesto:
Llevas razón, mi Ángel. Siempre, siempre he encontrado una mano que ha tirado de mí, y he encontrado huellas de pasos que no se correspondían con calzado  humano. Es cierto que mis pensamientos, conclusiones me han situado, me sitúan, al límite de un umbral, cuya frontera, se me abre en horizontes, como has dicho, de luz, paz y esperanza. Reflexiones, sí, que, como torrente de pequeñas, cosas me arrastra a una dimensión desconocida, a un mar nuevo en el que me siento una con todos y con todo, me siento como superada, crecida… ¿Me entiendes?

Y mi Ángel, exclama:
¡Cómo no te voy a entender! Ya te lo he dicho: en todos los momentos de tu vida, en esas huellas irreconocibles, Él estaba allí. Y seguirá estando y haciéndote caer en la cuenta de tu nada que se dimensiona, no obstante, cuando, como lo que eres, puedes discernir entre lo grande y lo pequeño, lo necesario, importante y trascendente, de lo superfluo, caduco y vano.

Y yo, exclamo:
¡Tengo miedo, Ángel, mucho miedo! ¿Y si no hay tal Dios? ¿Y si todo son ilustraciones que precisa mi mente? No quiero irme de este mundo, no quiero dejar de percibir los olores y sonidos de la tierra, y no quiero dejar de escribir, y no quiero… ¿Y por qué existe el dolor, la muerte? ¿Y por qué...

Mi Ángel:
¡Corta, corta que no hay quién te detenga! El Dios de verdad no está hecho a tu medida ni a la de humano alguno. El Dios de verdad ni quita ni da. Los administradores sois vosotros que nacéis con una mochila de herramientas para ello.

Y yo:
¡No sé, no sé! No quieor morir, no quiero sufrir...!

Mi Ángel:
Todo fluye, chica, y nada permanece; tampoco tú. Llegará un día que te irás. ¿Tu destino? Déjalo en manos de ese Sol que te enamora, que te habla en el idioma que es único para ti. Tu Dios de los amaneceres, de las nubes, de los jazmines… Tu Dios de los niños, de los ancianos, tu Dios que te da las buenas noches por el móvil en voz de un  amigo, que te hace ser sensible, reflexiva ante el que muere, el que llora, el que ríe…

Y yo:
Sí ese Sol, ese Dios del que me hablas, fuera todo lo que tanto deseo, ahora mismo firmaría para irme con Él. Pero, ¡hay tantas cosas que no entiendo!

Mi Ángel:
¡Claro que es, amiga mía! pero cada ser humano tiene su día de llegada y de partida, y es más para cada ser humano ese Dios tiene un rostro muy particular. Para unos, es el dinero, para otros, el poder, para muchos, el tener y tener sin preocuparse de ser… Sucede, pues, que no todos saben interpretar al único Dios que, en constantes vaivenes, se os cruza en el camino, os habla, os mira… No creas en un Dios de premios y castigos, de silencios y olvidos. No creas en un Dios, remedio de todos los males y culpable de vuestras desgracias. Ni creas en un Dios, eco de vuestra voz. Dios, desde una dimensión que no podéis ver ni entender, está, no obstante, presente, cerca y superpuesto, sobre todo, en la boca del pobre, del marginado, del que clama justicia y también, ¡cómo no!, en esas pequeñas cosas que a ti, particularmente, tanto te gustan y emocionan: el autobús de madrugada, la mujer que corre, el viejecito del jardín… Esas huellas de pasos, de las que hablas, y que, como dices no corresponden a calzado humano alguno, son de Él que va delante y detrás, a tu diestra y siniestra No lo busques en los cielos porque a esas alturas difícilmente puedes verlo, conocerlo, entenderlo…

Y yo, insistiendo:
¿Y si no existe nada?

MI ángel:
¡Uy, uy, qué cansado estoy! Me voy a la cama; buena snoches.

Y yo:
¿De qué hablaremos mañana?

Mi Ángel:
No corras tanto, chiquita. Mañana será otro día. No penséis en el mañana, que a cada día le bastan sus preocupaciones y sus penas… Sí, mañana. Ahora duerme y reposa. ¡Chao!

6 sept 2012

Historias con misterio

Queridos amigos/as: Aunque no conozca a la mayoría, hoy siento deseos de hablar con vosotros todos. ¿Sueños, realidad? Tampoco yo lo sé. Os lo cuento tal y cómo lo viví. Ni soy visionaria, ni creyente de  visionarios. Es más, yo que vosotros, no me creería. Seguro que, cualquier interpretación que deis a mis confidencias, será válida y de antemano la acepto.


     Sí, me había quedado sola. Desde que él se fue, nadie, en ningún lugar del mundo, me esperaba. Definitivamente, ya no estaba. Murió una madrugada, cuando ya apuntaban los verdes por los horizontes. Me dejó un beso en las mejillas. Se llamaba Mariano. Un buen padre, un buen amigo, un buen marido! Cuando él murió, casi quedé jubilada de todo.
Una noche, a duermevela, sentí que me abrazaba fuertemente.
¡No quiero, no, por favor; déjame que estoy soñando y al despertar…
No sueñas –me interrumpió-. Y podrás comprobarlo al despertar.
Me desperté antes de la hora acostumbrada y un profundo olor del perfume que a regañadientes usaba, inundaba mi almohada que nada tenía que ver con la que usaba en vida de él.

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     Mi reloj de pulsera quedó parado en aquella fatídica hora de su muerte. No le pasa nada, señora; anda perfectamente. Es un buen reloj. Consérvelo.
Pero aquel magnífico regalo de cumpleaños que él me hizo, si bien una y otra vez lo ponía en hora, inexorablemente, detenía sus agujas al marcar la una en punto de cada madrugada.

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     Aquella tarde, de finales de octubre, tras penosos meses negros, regresé al café de siempre. Correspondiendo a pésames y saludos, atropelladamente, me dirigí al rescoldo de aquel crepúsculo que, nostálgico, me aguardaba. Por la ventana, mi coche, aparcado en batería, un coche amarillo California que, ¡guardaba tantos recuerdos! Sobre todo, como relicario, coleccionaba yo la presencia de sus últimos suspiros, de sus postreras palabras, de sus terminales deseos.Mis ojos, ocultos en densas gafas negras, se nublaron en lágrimas. Noté cómo mi rostro se envaraba y cómo mis pulsos iban a romperse al límite de unas incontrolables palpitaciones. Quería resucitar cada una de sus palabras, el tacto de su piel, la calidez de su brazo sobre mis hombros, resucitar el sol que tomábamos en largos paseos por el jardín, el olor a tierra mojada, tras los chaparrones de otoño, y el perfume de las lilas, el azahar y las flores del paraíso, en la primavera pero todo estaba perdido, mientras el mundo seguía allí, con sus palabras y sus mentiras, con sus rutinas… Seguía sin más.

Entre dos luces. Al salir del café, noté cómo un sutil vientecillo siseaba por los árboles y agitaba y desordenaba mis largos cabellos. Poca gente, casi nadie. Algún perro, gorriones en el césped, voces de niños, televisores y el tráfico normal de la hora. Mi coche, útero de regreso, se había quedado tan solo en el aparcamiento que su presencia resultaba provocativa. Precipitadamente, introduje la llave. Una extraña vibración me sacudió, al tiempo que caía fatigada en el asiento. Pero, ¿qué era aquello? Mis ojos no daban crédito a lo que veían. ¿Alucinaba? No, era real: aquel cenicero, tan reverentemente precintado y tan celosamente vigilado por mí, pequeño estuche de sus últimos pitillos, no sólo estaba abierto sino que desprendía una sutil humareda violácea que inundaba de intenso olor a tabaco negro aquel recinto, tabernáculo de tantos recuerdos en largos años de convivencia. Un fuerte temblor me conmocionó. No; yo no deliraba. Estaba totalmente lúcida.

Había muerto de cáncer de pulmón. Era mi marido. Y yo misma, aquellos últimos días, le llevaba cigarrillos, a escondidas de médicos y enfermeras. No, no me pesa; era lo único ya. Y él lo sabía, y él me lo agradecía con una mirada opaca, sombría... y con el esbozo de una sonrisa, mezcla de complacencia y dolor.

 

29 ago 2012

Soy Agorafóbica

DIARIO CÓRDOBA/OPINIÓN
 ISABEL Agüera 30/08/2012

Queridos amigos/as: Si bien, para transcribir mis artículos tengo un Blog, "La aventuarde vivir", título de una obra que pronto saldrá a la luz, por considerar que el de hoy puede ser de utilidad para quienes como yo lleven a sus espaldas las cruz de alguna fobia, lo repito aquí.
Nadie lo tiene todo. Por ello considero que no podemos detenernos, "llorando" nuestras limitaciones. La vida es algo más que un paisaje que nos pasa por la ventanilla de un tren parado. Somos, todos, desde nuestra pequeñez, elementos imprescindibles, dignos de ser parte activa del maravilloso paisaje que es la vida.
Besos dsde esta ventana, para mí, algo más que una posibilidad virtual.  


 SOY AGORAFÓBICA

¡Pues, sí! Llegó la hora de que explique algunas cositas, más que nada por si le sirven a quien pueda sufrir esta misma fobia. También para los que me ven con el carrito de la compra domingos y festivos y me recuerdan que está cerrado el súper.
Y que no, que no soy ludópata, ni alcohólica- ¡Qué va! Eso es lo que me preguntaba alguien, a media voz: "¿Es que te gustan las maquinitas?". No, querida amiga, tranquila que no van por ahí los tiros. Agorafobia, para los profanos, es una palabra que procede de los términos griegos ágora-plaza y phobos-miedo. Por consiguiente, la agorafobia es un trastorno de ansiedad que consiste en el miedo a los lugares abiertos por insignificantes que sean y el temor a sufrir una crisis de pánico que, súbitamente, aparece con un cuadro clínico caracterizado por el aumento de la frecuencia y presión sanguínea, la respiración agitada, sudor, sensación de ahogo, mareo, temblores, despersonalización y un largo etcétera de síntomas tremendos por el mero hecho de tener que traspasar el quicio de tu puerta o simplemente por estar de pie en medio de un lugar abierto.
Y, sí, yo soy una más de los muchos seres humanos que viven recluidos en sus casas sin ser capaces de dar un paso fuera de ellas. ¡Y claro que sí, que he salido, que he trabajado, que he luchado y que sí que lo sigo haciendo!, pero, ¡cuánta incomprensión! Por ocupar un aparcamiento reservado para minusválidos un tremendo día en el que no me atrevía a salir del coche, perdí a un muy querido amigo. Sonrisas, miradas y un lago, ¡ejem, ejem!, por estar sentada, por ejemplo, mientras los demás permanecen de pie. Mi vida laboral y mi vida en general, un auténtico calvario, desde niña, pero también una  superación sin tregua.
No estás solo, querido agorafóbico. Al menos, somos dos. Agárrate a lo que puedas, sal fuera y camina, aunque sea mirando solo el reducido espacio del paso siguiente. Intégrate en el paisaje de la vida, porque todos, de alguna manera, estamos sometidos  a presiones, fobias, miedos... Y ten por seguro que sé, exactamente,  cómo te sientes.

* Maestra y escritora





25 ago 2012

Algo de humor

Mi buen amigo, excelente dibujante, gran creador de muchas obras y mejor persona, Carmelo López de Arce, así me vio con mi nieto mayor, Gonzalo. Desde mi punto de vista, la viñeta merece el diez más grande.

19 ago 2012

Mi mejor néctar

Queridos amigos/as: Os transcribo algunas reflexiones de mi obra Néctar de la Vida. Al hacerlo, se me cruzan por la cabeza los grandes problemas del mundo y a mí misma me digo: Estas simplezas que escribes no van a ninguna parte.
No obstante, y sin ser ajena al mundo que me rodea, no puedo pasar por alto las pequeñas-grandes cosas de mi día a día. No tengo más. Cógelas o déjalas. Si las aceptas, en ellas notarás un hálito de alma de esta mujer que lucho por no dejar de ser eso: polvo de estrellas.




Mamá, ¿qué hay detrás de espejo?

Tengo miedo de ponerme frente a él.

¿Y si cruzo el cristal y me caigo?

¿Y si me pierdo en una maraña?

¿Y si una mano negra me apresa?

Yo quiero ser mágica como mi pluma azul,

como mi bote de pétalos de rosa,

como el arco iris, mi canica de cristal...

Mamá, ¿yo estoy hecha de silencios..?

Mamá, ¿yo estoy hecha de repentes..?

¿A qué huele el dolor, mamá..?

¿Dónde estoy cuando duermo..?

Quiero que siempre te encuentre sentada,

atenta al rumor de mis ocasos y auroras...

Quiero escuchar siempre en las madrugadas

el suave tañer de tus pasos festivos...

Quiero...

¿Y si te mueres, mamá?

¡No, no, nooo...! ¡No te mueras nunca, mamá...!

¡Nunca, nunca, NUNCA...!

                                                        .......................  

ECO

Aquí, en pleno corazón de la sierra
 
me  acerco a mi monte favorito y grito:

¡Eco, eco, ecooo..!

No me falla: siempre contesta.

No, no contesta: repite, y eso me recuerda que,

en este lugar, no hay más voz que la mía.

¡No, no puede ser!

Buscaré más voces.

Es demasiado monte para mí sola.

Es demasiada belleza...

¡Tengo que compartirla!

   .......................

MI radio-reloj no me falla.
En la oscuridad de la noche me recuerda, en fluorescente rojo, que sigo viva.

Y me vuelvo a dormir, agradeciéndole tan buena nueva, mientras conmigo

duerme una oración:

¡Gracias, Dios..!

   .......................

Al dejar la litera del tren, en la que he pasado la noche, he sentido que mi

cuerpo había descansado sobre otros muchos cuerpos...

¡Sabe Dios de quiénes!

Tal vez, asesinos, rameras, borrachos, y puede que tan bien, ¿por qué no?

poetas, filósofos, religiosos...

Y he sentido el calor de   otros muchos cuerpos,

¡sabe Dios de quiénes!

En adelante, descansarán superpuestos también sobre el mío,

y mi alma para siempre estará impregnada de …

¡Polvo del camino!

¡Polvo de estrellas...!


15 ago 2012

Entrevista Periodística


A mis amigos/as, por si quieren conocer esta estrevista del Ideal de Granada.