Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

22 mar 2010

Aniversario II



Tu fotografía


Mis labios te buscan
en el frío cristal de una fotografía
que bajo mi almohada duerme.

Y allí el cálido tacto de tu piel
que me sigue ardiente... vivo
y como si reencarnado en el papel
me devolvieras mis sueños
mis infinitos deseos
de fundirme contigo.

Sí, allá en el universo,
donde yo sé que me esperas
donde mi nada junto a la tuya,
seguiran sumando sueños.

Un beso, dos besos...
Una vida de besos
en el frío cristal de tu fotografía.

Esa es mi otra vida.

12 mar 2010

ANIVERSARIO I

Queridos amigos: Al aproximarse el veinte aniversario del hombre que fue mi compañero durante veinticinco años, quiero compartir con vosotros, mis generosos seguidores, unas sencillas, y tal vez malas poesías -soy consciente de ello-, salidas del corazón más, mucho más, que de técnicas y modernismos. En ellas quiero expresar algo de lo que siento y cómo lo siento. No sé si lo conseguiré pero, al menos, quiero intentarlo como mínimo homenaje a su memoria.



Con sus manos entre las mías, con su beso en mis mejillas, nos despedimos para siempre.
¡Qué solo se quedó el mundo para mí!
La primavera fue testigo


TE RECUERDO


Te recuerdo en el amor primero
que nos nació en los trigales
de un pueblo en primavera.

Te recuerdo en el amor que
nos creció con la sabia dormida
del otoño en los jardines.

Te recuerdo en el amor
rescoldo de inviernos
palpitantes en historias de futuro.

Te recuerdo, no como pasado.
Te recuerdo mi presente, hoy,
y te recuerdo mi vida, hoy,
Y te recuerdo mi amor, hoy.
Faro, luz blanca,
lazarillo de mis torpezas...
SÍ, también, hoy. .

No, tú no eres memoria
tú vives conmigo
entronizado en la enramada
de cada aurora,
de cada ola,
de cada sueño...

Tú y yo seguimos proyectando sombras en el albero,
Y seguimos marcando huellas en la arena.
Y seguimos eclipsados en el crecer de la luna
Y seguimos caminando entr abrojos y estrellas,
porque el amor que te tuve, que te tengo,
cirio flameante en día sy noches,
más que le pese a la muerte,
jamás encontrará viento que lo sofoque.
Jamás, jamás mientras yo viva.

9 mar 2010

SER MAESTRO/A


En fechas pasadas se ha celebrado en Andalucía el Día del Maestro, día que por cierto prácticamente pasó desapercibido, aunque no tanto para los maestros y alumnos, dado que fue día de vacación y, sinceramente, creo que si hay día que celebrar y divulgar por todos los medios debería ser precisamente este dedicado a homenajear la figura del maestro, el trabajo del maestro, tan básico, necesario y trascendente.

Es por eso que a maestros y maestras, artífices del futuro, sembradores de sueños que culminarán en realidades no muy lejanas, les dedico este espacio con sencillas reflexiones plasmadas en una de mis obras y dedicada al magisterio.

Ser maestro es, ante todo, entender que los alumnos no son sumandos de una suma. Luego jamás se les podrá aplicar el signo del igual.

Ser maestro/a es ser manantial de donde fluya la ilusión y el amor como agua fresca donde todos los alumnos, sin excepción, puedan saciar su sed.

Ser maestro/a es tener capacidad de inventar la escuela cada día, de crear el hábitat donde todas y cada una de las "plantas" encuentren su microsistema para crecer y multiplicarse.

Un maestro debe metamorfosear en sueños todo lo que pasa por sus manos porque ser maestro/a implica, incluso, sacar de la nada.

Cuando un alumno se torna silencioso, su maestro debería echarse a temblar porque ese discurso es una vociferante acusación a nuestra posible sordera.

Para un maestro no debería importar tanto la lección como la ilusión de cada día.

Si los alumnos son copia de sus maestro, ¿qué mostrarán cuando se les exija el original? Convertir la enseñanza en maratón es, sencillamente, convertirla en fracasos.

Finalmente: El alma de un maestro/a debe ser tan universal que no haya puertas cerradas a nadie, a nada, sino cielo despejado donde, luzcan el sol de la esperanza, en las mañanas, donde luzcan estrellas y lunas en negras y desérticas noches.

11 feb 2010

NUEVA OBRA: MI AMIGA PROSTITUTA



Esta novela nos presenta la historia de dos mujeres a las que el azar, como mano implacable del destino marcará a lo largo de ambas vidas, tras un primer encuentro fortuito en la infancia y en la sociedad de la posguerra tan radicalmente clasista. Lucrecia, hija de una “mujer mala”, hija del pecado, carne de infierno, niña anatematizada, despreciada y humillada. María, hija de un emblemático médico de pueblo, querida y respetada
Una y otra vez, el tiempo y las circunstancias las distancian pero repetidamente vuelven a encontrarse en situaciones tan dramáticas que enervan y sobrecogen al lector, dado su gran realismo que si bien se trata de una novela de ficción, su transfer a la realidad de tantas mujeres de hoy día, obligadas a prostituirse, sometidas a malos tratos, marginadas y condenadas por sectores puritanos e intolerantes, no es pura casualidad sino resultado de la hipocresía reinante en una sociedad que sigue clasificando y calificando por el color de la piel, por la cuna o por cualquier accidente que no concuerde con los principios preestablecidos como normas morales. Concluye la autora: No somos diferentes, no es el otro, la otra, el culpable, el que debe cambiar. Somos todos que con variopintas caretas creemos engañar y engañarnos prostituyéndonos, a cualquier precio, por lograr beneficios políticos, sociales, económicos o simplemente por placeres carnales que damos en llamar libertad sexual.
Mi amiga prostituta –dice la protagonista- aquella niña de la calle del Río, la hija de una mujer mala, Lucrecia, no era diferente a mí; tan sólo era la otra, aquella que responde por los pecados de todos, la réproba… la contaminada, y yo la honorable, respetada, querida, aceptada. No obstante mi prostitución fue de mucha más baja calidad que la suya. Para ella, una especie de supervivencia en un mundo que le tenía cerradas todas las puertas; para mí, placer por placer.
Novela que no dejará indiferente a nadie y que, desde las primeras páginas mantendrá y elevará el interés del lector, motivado, in crescendo, por la apasionante vida de estas dos mujeres.

31 ene 2010

Dos cuentos de una de mi obras.


El gorrión y el arbusto

Un gorrión, en su débil vuelo, se detuvo en la rama de un arbusto.
La rama, molesta, se quejóVete; pesas mucho. No puedo soportarte.
El gorrión, levantando el vuelo, exclamó: ¡Perdona, perdona! No había reparado en mi peso; sólo en tu fresca sombra.
Y se alejó.
Poco después, un fuerte viento zarandeó al arbusto de tal manera que sus ramas
barrían la tierra y muchas de sus hojas, arrasadas por el huracán, volaban en
vertiginosos remolinos.
El gorrión, cobijado en el alero de un tejado, observaba al arbusto. Cuando
pasó el viento, se acercó a él y le dijo: ¡Cuánto he sufrido viéndote azotado por el huracán!
¡Qué equivocado estás, pequeño gorrión! -contestó el arbusto-. Soy fuerte. Tus
pequeños ojos han debido confundirme con alguna hierbecilla del campo.
Estaba hablando el arbusto cuando le crujió una rama y cayó al suelo.
¡Vete, vete! -gritó-. Ya te dije que me hacías daño con tu peso. ¿Quién
reparará el mal que me has ocasionado?
El gorrión, sin contestar, se dijo: Buscaré para descansar un árbol fuerte. Está visto que los presuntuosos, necios y, sobre todo, "pequeños" además
son un peligro.


El árbol y la sombrilla


Un árbol gigantesco le dijo a una sombrilla que, colocada bajo él, proyectaba una pequeña sombra en el césped: ¡Hay que ver lo inútil, lo ridícula, la poca cosa que eres bajo mis frondosas ramas de frescas sombras.
La sombrilla no respondió, pero, cuando llegó el mediodía, un sol rabioso caía
sobre el césped sin sombra alguna del árbol.
Unos caminantes, al descubrir la sombrilla, se colocaron bajo ella,
manipulándola hasta lograr la sombra deseada.
Y se quedaron allí a descansar.
El árbol y la sombrilla se miraron.
El árbol guardó silencio. La sombrilla sólo dijo: Es verdad que soy pequeña, ridícula, absurda.., pero, ¿has visto? ¡pueden moverme! ¡Mi sombra es flexible! Pequeña, sí, pero manejable para quién l necesite.

12 ene 2010

LA BELLEZA

¡QUÉ INSÓLITO Y BELLO PAISAJE EN ESTOS DÍAS!
La belleza sólo es comprendida con el espíritu. Nos podemos confundir porque irisada puede aletear ante nuestra atónita mirada perdida en la materialidad de las cosas.
Pero la belleza que así se muestra tiene tan corta vida que, antes de que se ponga el sol de un día, habrá muerto.

Sólo es bella y eterna la calidez que emana del corazón y se va proyectando allá donde alcanza nuestra mirada, nuestro destino, nuestra imaginación.
¿No os habéis fijado cuán bellos son los pasos del caminante, cuando sutilmente nos roza con el halo de su melancolía? Bellos y cálidos son siempre los pasos del caminante.

Porque la belleza que admira el mundo es el efímero fulgor de una estrella fugaz, pero la belleza que admira el sabio es armonía de la que sólo se percibe una suave brisa transparente que deja al descubierto el corazón palpitante del hombre.

La panorámica mas excitante para la vista es aquella donde pueden volar aves, brotar fuentes y reposar el caminante. Pero un campo vedado es como un erial por donde sobrevuelan nubes secas y vientos yermos.

Según vamos cumpliendo años nuestro concepto de la belleza va cambiando, pero al final podemos darnos cuenta de que volvemos a la etapa de niños. Es decir, la simpleza de una cometa que se eleva, por ejemplo, puede resultarnos más bella que el gran decorado que pueda ofertarnos el mundo.

La belleza es ante todo armonía. Si hay elementos disonantes, mejor eliminarlos. Son como ruidos que molestan y distraen. Buscad en todo armonía. Es más, sed vosotros armonía viva.

Cada amanecer contemplo la belleza de la alborada. Jamás se repite el paisaje, pero siempre se repite la armonía.

¡Cuánta belleza llevaré conmigo, cuando abandone este mundo!
Mis ojos rastrearon insólitos paisajes, y mi alma, llena de amor y agradecimiento, se elevó buscando respuesta. Sí, la hay; está en nosotros.

No dudéis en elegir siempre lo más bello: acertaréis porque la belleza no puede convivir con la maldad, mentira, hipocresía…

Todas las cosas y sobre todo las personas tienen su lado bello. Sucede que a veces, nuestra fealdad nos impide descubrirlo. Por eso, si empezamos por considerar nuestra propia belleza, nos daremos de bruces con la de los demás por muy escondida que se halle.

No todas las miradas, aún dirigidas en la misma dirección, saben ver qué hay más allá de una alborada. Miran pero no ven porque sus ojos buscan augurios que nada tienen que ver con la belleza, la paz, la esperanza que el nacimiento de un día nos comunica. Es como si una ceguera infinita les impidiera ver la luz del día.