Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

15 abr 2020

ILUSIÓN: ETIQUETA DEL AÑO

MIRAR Y VER
ILUSIÓN: ETIQUETA DEL AÑO
ISABEL AG­ÜERA
Una ilusión eterna, o que por lo menos renazca en el alma de vez en cuando, no sólo está muy cerca de la realidad, sino que sin esa realidad no se puede vivir y en estos días que estamos viviendo en los que parecen haber  muerto las ganas, las ilusiones y casi la vida, caigo en la cuenta  de que no son las fiestas, los regalos, las explosivas alegrías las que provocan bellos e ilusionantes días  a los seres humanos. No, a pesar de la tremenda desgana de vivir que tal vez no invada cuando nuestras calles están desiertas, cuando no podemos pasear por un jardín o salir al campo o ir de compras y parece que estamos soñando en un planeta muerto,  nos queda viva la imaginación, las ganas de comer, de ver la tele..., estamos vivos, luego  tenemos capacidad para renacer alguna pequeña ilusión  que inventemos y hagamos realidad. Y sí,  hay que poblar la vida de ilusiones. Hoy estoy convencida de que los sueños,  casi siempre, hay que crearlos. La vida es un zigzag  de altos y bajos que nos vapulean de un momento a otro sin intermedios. El almanaque se eclipsó un día de marzo y allí sigue como si el tiempo, los días, tocados por el hada mala  hubiesen quedado dormidos, pero esta paralización de todo no debe poder con nosotros. ¡Que no, que no debe asustarnos este fantasma del virus que parece querer devorarnos en fechas, como la Semana Santa pasada, como ferias y fiestas.    Hagámonos felices, considerando que la ilusión procede de un manantial interior del que podemos beber siempre. Si lo ignoramos, llegará a ser pozo seco, montón de ruinas. Un pequeño esfuerzo, amigos: ¡Mirad al cielo y comprobad que ahí siguen las estrellas, juguetes eternos de nuestros ilusionados sueños!  Nos toca transmitirlos, pero si nos perdemos en nuestras ya manidos recuerdos, estaremos haciendo de las ilusiones más jóvenes, flores marchitas. Ahora que todo se etiqueta, expreso la mía favorita para este tiempo   y no solo para mí sino para el mundo entero, en una sola palabra: ilusión.


 


10 abr 2020

Viernes Santo 2020



No puedo recordar los días; tampoco el lugar y mucho menos el por qué. No obstante, lo oí contar tantas veces a mi madre que me veo y me oigo, cuando aún mis palabras eran tan sólo balbuceos, repitiendo dos palabras ante un cuadro de la Virgen Milagrosa: PAN, MARÍA

Sí, ahora lo sé. Corrían los difíciles años de la posguerra. Un hálito de miedo, de miseria, de ausencia total de ilusiones se entronizaban en la rutina de los días, días que, cual río sin más caudal que la lejana mirada hacia un mar de deseos, se nutría de fe y espinosos recuerdos.
Han pasado años, ¡muchos años! 
En mí jardín crecieron rosas; también espinas. La vida es eso: caminar por los infinitos laberintos de esta nada o de este todo que somos, rozando, eso sí, rozando siempre una plegaria que se torna suspiro, queja, palabra… La mía, aquella que no abandoné jamás, en la que un día descubrí se escondía la maravillosa ingenuidad de los niños, y la sabiduría del que sabe conformarse, ser feliz con lo básico y necesario, ha sido siempre, Pan, María.
Ayer me aleje de mi habitual paseo. Me sentí muy cansada y busqué dónde sentarme un rato. A bocajarro, tropecé con una capillita  callejera, una blanca imagen de la Virgen, cuajada de flores frescas y  velas. Alrededor, cómodas sillas que invitaban al descanso y oración. Tímidamente, como si pisara  tierra que no me perteneciera y casi esperando que alguien me reprochara un allanamiento de morada, decidí sentarme, justo frente la Virgencita blanca. En pocos minutos comenzaron a llegar mujeres   que tras un silencioso trajín de limpieza y cambio de flores, encendiendo  velas, santiguándose y arrodillándose, a coro repetían la Salve, sin reparar, para  nada en mi  presencia que más bien parecían agradecer con un amable, “buenos días”.
Mi fe y reflexión,  que no pasa precisamente por imágenes, estaba  juzgando  aquellas mujeres de fanáticas, de fogosas creyentes de falsas  ideas, me trasladó a una foto de mi madre en mi  piso, rodeada también de flores, y la reflexión me  creció en justa comparación: ¿qué diferencia había entre una imagen y una foto? ¿Qué derecho tenía yo para anatematizar a piadosas creyentes que rezaban y en  cuyas oraciones iban implícitas sus muchas necesidades?  Yo también las tenía, y muchas, pero ni eran oración, ni flores, ni tan siquiera empatía con aquel grupo de mujeres que, volviéndose se  a santiguar, apagaban velas y se despedían.
De nuevo me quedé sola con el descanso satisfecho, pero algo me mantenía allí sentada como si estuviera viviendo un  desapacible sueño. Al fin, como robotizada, me levanté, di unos pasos y me arrodille  junto a la virgencita. Como un soplo de recuerdos me aventara, mis labios, pronunciaron dos palabras: Pan, María.
Hoy, en esta tremenda crisis que sufrimos, mis labios de vuelven ingenua oración como uncanto0 de fe y esperanza: Pan, María
  

30 mar 2020


Mi bella sierra cordobesa en primavera

En una obra inédita, titulada "Repentes", del que soy autora, me he reencontrado con una singular prosa poética que, modestia aparte, me ha sorprendido por su ingenua y profunda belleza. En uno de sus párrafos dice así:
"Mamá, ¿yo estoy hecha de repentes? De repente, Dios; de repente, nada. De repente, odio; de repente, amor. De repente, el día; de repente, la noche... ¿Qué hay detrás del espejo, mamá? Me da miedo mirarme. ¿Y si al cruzarlo caigo en un precipicio? ¿A qué huelen los sueños mamá? Yo quiero ser aquella niña que se tragó una estrella para dar brillo a su corazón, etc"
Esta mañana de niebla, desde mi  terraza, sólo  las farolas en un rescoldo de luz. Mis pensamientos se han eclipsado en un crecer de sensaciones que más bien era un recorrer horizontes de soledad y silencios. De repente, nada. De repente casi hastío de tantas mezquindades  humanas. De repente, la muerte, sí, la muerte como liberación de esta hoc de niebla que agarrota mi garganta. De repente, majestuoso,  rojo rojo, bellísimo, un capullo en el rosal de mi terraza, contrastando con el blanco denso de la niebla. y  con el negro, negro de mis reflexiones.
En un vertiginoso vaivén de repentes, como si el brillo de una estrella se hubiera instalado en mi corazón, las rosas se me han multiplicado, porque florecen en todas las estaciones, porque están ahí, cuando la mirada desnuda de miedos, de intereses, de egoísmos... se eleva por encima del torrente que es la vida y los acontecimientos que en ella rotulamos los seres humanos, florece la bella rosa de la esperanza ycaemos en la cuenta de que ha vuelto, y somos, primavera.


28 mar 2020

DÍA INTERNNACIONAL DEL TEATRO

 



                                               MIS OBRAS DE TEATRO


Amigos: Ayer fue  EL DÍA INTERNACIONAL DEL TEATRO.  Día, que sin conocer fecha en tantos años transcurridos, el teatro ha sido uno de mis hobbies favoritos desde niña. Por eso paso a contaros, y me he tenido que reír,  días ya muy lejanos.

Día el de hoy, para mí muy especial, ya que desde niña, el hacer teatrillos, como os he dicho, era un de mis hobbies favoritos, hasta el punto de  crear mi propia  “compañía” , cuando solo tenía  diez años y a la vista de que  mi hermana y sus amigas, que también  hacían teatros, me rechazaban porque decían que era muy sosa. En los patios de las casas, montábamos escenarios con sábanas como telones y poco más. “El patio de butacas”  consistía en tablones apoyados en  piedras, adoquines que  buscábamos por todas partes. Mi padre, cuando se enteraba de que cobrábamos una perrilla por cabeza, me obligaba a devolverla: ¡qué vergüenza 
-decía-,  la hija del director del Banco vendiendo papeletas!
Pero aquella niña que soñaba con el teatro, nada más pisar la primera escuela, en horas extra, con niños y con mayores, organizaba teatros que representábamos por los pueblos de los alrededores, trasladándonos en camiones con el equipaje de disfraces y decorados a cuestas.
Para no extenderme demasiado os cuento una anécdota que ya algunos habréis leído, pero es  que ha habido veces, a lo largo de mi vida profesional, que me han sorprendido cosas que han funcionado sin que  ni tan siquiera lo pudiera imaginar. Este es el caso de José María -nombre ficticio-, un chaval de once años,  tartamudo, pero gracioso y querido por todos los compañeros.
Con motivo de la fiesta de fin de curso, organicé un  divertido guión de teatro. Para ello, la responsabilidad de adjudicar “papeles” la hacía  siempre  recaer sobre los alumnos. Sin ningún problema y por unanimidad, nombraron como protagonista  a José María. 
Por supuesto acepté la decisión, pero me eché a temblar pensando el problema que para él iba a suponer y, de cara a la puesta en escena, lo que se podía organizar con aquel chaval de tartamudez más que evidente.
Ensayaron, prepararon disfraces, decorados, etc. Y todo con gran entusiasmo y algarabía, a veces, difícil de contener en el transcurso normal de las clases.
Nadie habló de la tartamudez de aquel alumno. Parecía como si los compañeros y compañeras, los mejores conocedores de tal problema, la hubiesen olvidado.
Por supuesto, a mí me preocupaba, pero también observaba y callaba. Lo hablé con el logopeda que también andaba preocupado y que me aconsejaba que, con cualquier achaque, lo sustituyera. Pero no, el  sustituirlo me parecía profanar la decisión de sus compañeros y, por supuesto, el entusiasmo del niño, sobre todo.  
Y llegó el día de la puesta en escena. El patio de recreo del Centro, transformado en teatro, estaba rebosante de padres, madres, abuelos, tíos, vecinos...  Con impaciencia se esperaba la representación titulada “Tu hermano es un hombre”, parodia de la que yo soy autora, y cuyo personaje principal, el padre. como ya he dicho, era José María.
Bueno, ante la sorpresa mía, creo yo más que de la  de nadie, aquel niño pronunció   palabra tras palabra sin atrancarse ni una sóla vez. 
Parecía milagroso. El logopeda, que le ayudaba, me miraba y sonreía; también él estaba sorprendido.
Y lo más curioso de todo es que aquel alumno, tartamudo de siempre, a partir de aquel evento, jamás  volvió a tartamudear.

En mis obras publicadas están   repetidamente, comentadas las ventajas del teatro pero una vez más me refiero a ellas porque creo que es preciso repetir una y otra vez para que las cosas calen. Con el teatro se consigue una socialización natural y fluida, se enriquece el vocabulario, se aprende a leer modulando, se aprende a comprender, que es lo más interesante, se corrigen posturas, movimientos, soniquetes, se potencia la memoria,  creatividad, etc. Y sumamente importante, también, los niños se sienten felices ensayando  teatros, teatrillos, les llamo yo, por su extensión y sencillez,  e incluso los de más edad, son capaces de escribir sus propios guiones. 
De las muchas ventajas del teatro tenemos que deducir que no se trata de una actividad festiva y compleja para determinados días, como generalmente se entiende sino que debe ser práctica habitual en las aulas y desde mi punto de vista  dando  libertad a los alumnos para que  entre ellos elijan personajes, decorados, e incluso los  posibles disfraces que deben ser lo más sencillos posibles. A veces con una simple careta y siempre desde la creatividad y el mejor ambiente posible.
Algunas fotos d e alumnos, y también de mayores, en escena.

Felicidades muy especiales a la compañía de excelentes actores  de mi pueblo, Villa del Río.

Buen día para todos. A la tarde  compartiré con vosotros algún guión sencillo.
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18 mar 2020

SUPERVIVENCIA

DIARIO CÓDOBA / OPINIÓN
ISABEL AGÜERA

EL neurólogo y psiquiatra austríaco Frankl Viktor, sobreviviente del Holocausto, tiene frases que nos vienen como anillo al dedo a la situación actual que estamos viviendo: «Cuando ya no podemos cambiar una situación –dice- tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos». Y efectivamente poco o nada podemos hacer para huir de este obligado reclutamiento que estamos viviendo en nuestras casas. Dice también: «quien tiene algo por qué vivir es capaz de soportar cualquier cómo». 
Yo creo que ambas frases tienen significado justo, sobre todo para los jóvenes que tan mal llevan verse privados de su ritmo de salidas y reuniones con amigos. Se sienten enjaulados, prisioneros sin causa provocada por ellos, y es cierto que ni a jóvenes ni a mayores nos apetece estar todo el día unos frente a otros, mirándonos las caras, más bien de mal humor y sin cesar de ir y venir al frigorífico que parece ser el único relajante que apacigua por poco rato la pereza de los ánimos. 
No obstante, si como dice Viktor Frankl no podemos cambiar ni exterminar al virus rey, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros que seguro nos está haciendo falta aprender a vivir con menos estrés, nos está enseñando cuánto necesitamos de los otros y de ahí los inventos de los bailes y canciones desde balcones y ventanas, forma única posible de comunicarnos en esta impuesta cuarentena en la que uno mismo puede crearse un micro universo de posibilidades a su alcance: una buena película, una conversación por el móvil, consultas curiosas a Internet, leer, escuchar música y sobre todo, reflexionar en cuánto tenemos y no lo valoramos hasta que nos vemos privados de ello. Por otra parte, reflexionad en tantos millones de seres humanos que no tienen ni cama ni comida, ni libertad y pasan por la vida privados de todo. Y sobre todo, amigos, todos tenemos algo por lo que desear vivir, luego tenemos que soportar del mejor grado posible, el cómo.
* Maestra y escritora


17 mar 2020

RESISTIRÉ

Amigos: en estos difíciles momentos, leed y cantad este resistiré que tanto necesitamos, pero que lo vamos a superar


Cuando pierda todas las partidas
Cuando duerma con la soledad
Cuando se me cierren las salidas
Y la noche no me deje en paz
Cuando sienta miedo del silencio
Cuando cueste mantenerme en pie
Cuando se rebelen los recuerdos
Y me pongan contra la pared
Resistiré, erguido frente a todo
Me volveré de hierro para endurecer la piel
Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
Soy como el junco que se dobla,
Pero siempre sigue en pie
Resistiré, para seguir viviendo
Soportaré los golpes y jamás me rendiré
Y aunque los sueños se me rompan en pedazos
Resistiré, resistiré
Cuando el mundo pierda toda magia
Cuando mi enemigo sea yo
Cuando me apuñale la nostalgia
Y no reconozca ni mi voz
Cuando me amenace la locura
Cuando en mi moneda salga cruz
Cuando el diablo pase la factura…
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