Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

13 feb 2016

Premio Joaquín Guichot: POR AMOR AL ARTE


Sábado 13 de febrero de 2016
 Por amor al Arte", premio Joaquín Quichot, pero os cito algo sobre el mismo porque es una belleza y un placer ver cómo niñas/os del Centro Público Nuestra Señora de Linares de Córdoba, llevaron a cabo una recreación poética de Julio Romero de Torres. Y es por eso que os transcribo algo e inserto algunas imágenes. Mi enhorabuena a Isabel Azañón Agüera, mi hija, y a su compañera Pilar, así como a toda la Comunidad Educativa y resto del profesorado



Proyecto que consiste en una recreación viviente, poética, fotográfica, musical, folclórica y artística de las escenas de diversos cuadros del pintor cordobés Julio Romero de Torres, no solo por su interés a nivel local sino también por su importante proyección nacional e internacional. Se trata de utilizar y explotar todas las posibilidades didácticas en torno al objetivo de desarrollar integralmente la competencia lingüística.
Con la expresión poética como eje central, se representan las escenas de diversos cuadros del pintor y el entorno en el que se sitúan sus lienzos, acompañándolas de música, coreografías y letras que versan sobre el artista. Todo ello situado en un entorno adecuado -patio cordobés-, que se reproduce y ambienta, previamente, con rincones, escenas, tradiciones, flamenco y folclore. 
Se trabaja de manera cooperativa contando con la participación de toda la Comunidad Educativa.
Y ahora dos  de los poemas. El dedicado al cuadro La CHIQUITA PICONERA y a la GUITARRISTA

CHIQUITA PICONERA
Guapa y morena,
semblante y tristeza,
mueves el picón
con gracia y pereza.
Tus ojos son oscuros,
negros como el carbón,
tu piel, pálida y suave,
tu boca, poema y corazón.
Pelo azabache y moño
luces con garbo y gracia.
Cordobesa, de sol y oro,
cordobesa, tú eres raza.

LA GUITARRISTA
Posas con guitarra,
cordobesa de mi amor,
con mirada penetrante
de sublime resplandor.
¡Quién pudiera ser mantón
que resbala por tu piel
y sentir tu tez morena
con sabor a sal y miel!
Tocas triste melodía
con olor a viejo olvido
notas que penetran firmes
y provocan tus suspiros.
Cordobesa de Manila,
mantón que a mí me apresa,
de luz se hace mi alma
cuando tú a mí me besaS.


Mi enhorabuena más grande a mi hija y a su compañera, a todos el profesorado y a los padres porque tan solo los maestros/as, cuando hay tal colaboración, sabemos qué cuesta llevar a un gran teatro y con la maravilla que resultó, un proyecto tan ambicioso y bien conseguido.

Y EL ENLACE POR SI QUERÉIS VER  LA OBRA COMPLETA PARA IMAGINAR EL TRABAJO.


XXVI Edición Premios Joaquín Guichot. Por amor al arte

11 feb 2016

Dios habla a "Boca cerrada!

¡DIOS, Dios, Dios..! ¡Qué difícil palabra! ¡Dios, Dios, Dios...! ¡Qué extraña palabra! Cuánto más la repito, menos la entiendo, pero se alza gigante en mi mar revuelto de dudas, de preguntas sin respuestas...
Yo, y mi caminar, yo  y mis sueños, y mis desvelos, y mis auroras, y... ¿tan sólo polvo, nada, yo ? ¿punto final de una absurdo, existencia ? ¡No, no puede ser!
Seguro que Dios, ¡qué hermosa palabra!, algo me dice, y yo lo creo, se nos hace luz por dentro, y manantial efervescente que se acuña al rítmico paso de mis pulsos jadeantes...
Seguro que Dios, ¡qué singular palabra!, algo me lo dice, y yo lo creo, no es abandono y olvido, no es  dedo índice,  capricho de nuestras dichas e infortunios. Seguro que Dios no es mi encuentro con luminoso infinito… ¿Qué es? No lo sé, pero Dios, seguro, mi palabra primera, mi primera duda, mi primer descubrimiento, oteó de puntillas un día por  horizontes y  desconciertos en la morada de mis silencios. Y yo lo sorprendí y nada, tan sólo claridad, destello  que se me coló para siempre en el alma

 Seguro, seguro que Dios es… No lo sé, ni me importa demasiado, pero no obstante lo veo en ti, amigo, lo veo en mí, lo veo y lo siento  encada latido de la existencia.

8 feb 2016

Olor a tortilla


DIARIO CÓRDOBA/OPINIÓN
9/2/2016
ISABEL AGÜERA 

Esta mañana, cuando salía de mi casa para tomar café, me encontré con una precoz maravilla, que me cautivó hasta el extremo de que no he pensado en otra cosa en todo el día. El sol, como si fuera el único dueño de la mañana, descendía tranquilamente por los altos de la avenida. A mi derecha, la sierra era ya vida, transparencia, rutilar de los mil colores emanados de la tierra. De pronto, cuando, llena también de luz, me disponía a cruzar el asfalto, mis ojos, fijos en el cielo, preludio ya de primavera, descubrieron la insólita aparición de una bandada de pájaros emigrantes que sobrevolaban la ciudad dormida.
No sé qué sentí. Me dieron ganas de sacar un pañuelo y agitarlo, me dieron ganas de hipnotizar al tiempo y quedarme allí, prendida en aquella visión, Sí, los pájaros regresaban para estrenar vida en sus reconstruidos nidos.
Más tarde, cuando entré en mi casa, con la primavera en la piel, un no sé qué de agobio me invadió: mi casa olía a tortilla, a leche pegada... Me pareció aburrida, vieja: los mismos cuadros, muebles, libros, las mismas paredes, cortinas ¿las mismas cosas para toda la vida? La casa de mi tía en el pueblo, casa, en los mejores tiempos, de "labor", aperos de labranza, animales, gente, flores... los últimos años de su vida, rodeada de paisajes muertos, pasaron sus días.
Mi decisión estaba en marcha: sin romper nada, y conservando lo más valioso, emprender una renovación: más luz, más color, más espacio, más vida... ¿Cómo voy a dejar que mi casa se muera, y yo con ella, oliendo a tortilla? Los pájaros me traían un mensaje, y yo lo he recibido: nada debe ser tan definitivo e inamovible. 
Siempre, sin miedo, se puede enmendar, mejorar o cambiar pero quedarse quieto es dejarse morir o, como dice el proverbio chino, lo que es peor: convertirse en presa de los cangrejos.





5 feb 2016

Piel de Dios

Viernes 5 de enero de 2016
Un relato muy breve, amigos, porque creo que  en este medio es lo que con más facilidad y agrado se lee. Tenemos tanta prisa…

(De mi obra, “Él estaba allí” )
En alboroto de  un mercadillo, perdí mi reloj. Muchas  urgencias que cumplimentar me reclamaban y un elemental recurso: el tenderete de un hombre de piel negra, al paso. Él, joven, robusto, negro azabache con vestiduras orientales, con sumo agrado me mostraba su mercancía en tanto con unas  palabras medio suplicaban: ¿Me deja que se los pruebe?  Con delicadeza extrema, reloj por reloj los ajustaba a mi muñeca y ni tan siquiera sus dedos me rozaban.
Ausente de la hora, de las prisas, de la hora, de los modelos, del precio, eclipsada en una agradable sensación, también mis palabras de medio ruego:  ¿Me deja  que sea yo la que se lo pruebe?  Veré mejor cómo se queda. Extendiendo su brazo, exclamó: ¡faltaría más! Le ajusta la cadenilla  de un pequeño reloj y en mi deliberado cometido, un leve roce, cálido y suave, y  una súbita sorpresa: la piel no tiene color. Es tan sólo piel. 
Me alejé con el reloj en mi muñeca y con una sensación clara de que había rozado la piel de Dios.