Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

12 feb 2012

El jardinero del rey



                            Dibujo: Carmelo López de Arce

(Cuento de mi obra "Del hombre que tenía mucho frío y otrops relatos")

Un hombre sencillo y trabajador, nacido y criado en el campo, había dedicado su vida a cultivar la tierra y, sobre todo, dedicaba gran parte de su tiempo a un pequeño jardín donde crecían las más bellas flores de toda la comarca.

Un día, estando el rey de cacería, pasó por aquel lugar y quedó maravillado del colorido y variedad de aquellas flores.

-Quiero que la persona autora de esta maravilla comparezca ante mí en palacio -dijo.

Y aquel hombre sencillo, hecho a los rigores del campo, tras mediar unas palabras con el rey, fue trasladado a palacio donde se le encomendó el cuidado del jardín real, poniéndole a su disposición cuanto iba solicitando para realizar su trabajo.

Pasó el tiempo y una mañana, el rey se dijo: Ya ha llegado la primavera. Quiero pasear por mi jardín y respirar el perfume de las rosas más bellas de todo mi reino.

Sucedió que, al adentrarse por los arriates y caminos de aquel hermoso jardín, en lugar de las rosas que esperaba, y que ya conocía, a diestra y siniestra habían crecido unas raras especies, cuyos colores, aromas y variedades eran por todos desconocidos, excepto por el jardinero que, satisfecho por los resultados, trató de explicar al rey: He querido sorprender a su majestad con estas flores, fruto de muchas horas de trabajo, de investigación, estudio, horas de ilusión hasta conseguir estas inéditas variedades.

El rey, sin entender palabra, airado, exclamó: ¡Yo no te contraté para que pensaras, investigaras! Yo lo único que deseaba de ti eran las rosas de tu jardín. ¡Rosas, sólo aquellas rosas!

El jardinero, orgulloso de su trabajo, se atrevió a contestar: Pero señor este jardín será más admirado por su originalidad que vale más que cualquier repetición e imitación....

Furioso el rey exclamó: ¡Silencio! ¿Qué sabes tú, pobre analfabeto? ¿Cómo pones en tus labios tan altisonantes palabras? ¿Acaso hay en ti algún destello de ingenio? No; sólo eres un vulgar campesino. Te concedo una temporada más -añadió- para que rectifiques. De lo contrario te enviaré a la cárcel por desacato.

Pasó el invierno y de nuevo llegó la primavera. El jardinero, asumiendo el riesgo de ser encarcelado, pasó el año cultivando las más exóticas variedades del mundo y, así mismo se decía: ¡Qué feliz soy! Ya puedo morir tranquilo. He logrado, con mi trabajo y las posibilidades que la naturaleza me ofrece, crear nuevas especies.

Y sucedió que el rey, al regresar al jardín a inaugurar la primavera, y al comprobar que el jardinero no se había sometido a sus órdenes, lo mandó encarcelar, tras un corto juicio en el que la acusación del rey era explícita: Por pensar y desobedecer órdenes.

Pasaron unos años y viejo y olvidado de todos, el jardinero murió en la prisión, pero aquel jardín, que el rey dio orden de clausurar, se transformó en un maravilloso vergel de flores tales que sus pétalos, a la luz del sol, emitían tales irisaciones que los hombres de todo el mundo acudían a presenciar tales prodigios, quedando extasiados ante lo logros de un pobre y vulgar jardinero.

Y el rey, caduco y enfermo, se pavoneaba, no obstante, repitiendo a voces para que todo el mundo lo oyera. Yo puse mi dinero para que fuera posible legar a la humanidad tan preciados descubrimientos. Yo, que soy experto en jardines y flores, puse en manos del jardinero las semillas, el agua, los abonos... ¡Yo, y sólo yo, soy el autooor…!

Pero sus voces se perdían, sin respuesta, por el universo, mientras interminables filas de peregrinos, depositaban ramos de bellas flores sobre un montón de tierra que era la tumba del jardinero.



























5 feb 2012

Mis sencillas reflexiones




ME acerco a mi monte favorito y grito:
¡Eco, eco, eco..!
No me falla: siempre contesta.
No, no contesta: repite, y eso me recuerda que, en este
lugar, no hay más voz que la mía.
¡No puede ser! Buscaré más voces.
No me gusta la soledad en la que solo
se oiga el eco de mi voz.


OFREZCO mi perla, aquella que, tras muchos años de rodar y rodar,
 logré cincelar sin más herramienta que el amor.
Quédate con ella -me contestan unos y otros-. Las perlas brillan demasiado y podrían oscurecer nuestros propios destellos.
Pero mi perla es mía.
Si nadie la quiere la guardaré en el corazón
y su fulgor me sobrevivirá... seguro, más allá de la muerte.




CUANDO recuerdo mi infancia en aquel jardín de mi casa, sé que nada ni nadie podrán borrar en mí la belleza, el amor, la ternura... que me nació y creció entre flores, arriates, arrullos de palomos, juegos, cielo...
¿Testigos? ¡Ahí están!
Papá, mamá, hermanos... FAMILIA
                                                                

UN alto en el camino se me impone todos los días.
Tengo que hacer balance, analizar y rectificar.
Tengo que tomarme el pulso y comprobar si me sigue latiendo la verdad o si, por el contrario, mis latidos se han tornado falsedad, hipocresía y mentiras...
Está todo tan contaminado que...
¡Quién sabe...! Mejor, vigilar             
 
EN mis recuerdos, siempre niños.
Mi vida ha sido un caminar entre ellos.
Es por eso que soy tan niña todavía en el amor.
No he madurado en la picardía de los mayores.
¡Y me alegro tanto de ello!



GRACIAS te doy, mariposa, por venir
a posarte en las florecillas de mi terraza.

¿Dónde podría yo encontrar una mariposa
que libremente eligiera mi casa?

¡Qué feliz me haces, blanca mariposa!

 

23 ene 2012

En el día de mi cumpleaños





¡TAN SÓLO UN DÍA MÁS!


(Una mala poesía en el día de mi cumpleaños para mis hijos y nietos.)


Déjame, Dios, un día más. ¡Uno siquiera!

Para chapotear los charcos en el otoño.

Para sentir la brisa del azahar en la primavera.

Para abrazarme, una vez más, a la maravillosa luz del alba.

Para subir al autobús y acariciarme con  el polvo de la gente

Para recibir a los pájaros emigrantes y entregarles, intactos, sus nidos,

tan celosamente guardados por mí.

Para jugar con los niños a pillar y al esconder.


Déjame, Dios, un día más. ¡Uno siquiera!

Para dibujar el rastro de mi paso en el albero

Para sentir el abrazo de los plataneros en el jardín.

Para regar con una lágrima la muerte de mi rosa en la maceta.

Para escuchar el eco de nombres que ruedan

en la imparable noria de mis recuerdos.

Para seducir a la luna que, coqueta, pasea por mi ventana.


Déjame, Dios, un día más. ¡Uno siquiera!

Para pasar la hoja del almanaque

y darle cuerda a mi reloj.

Para abrir y cerrar con llave la puerta de mi casa.

Para sentir el dolor y mirar hacia atrás su rastro.

Para escuchar campanadas catedralicias

en calles empedradas, en tejados chorreando lluvia...

Para encontrar una moto sin nombre en la espesura de la niebla.

Para escuchar la gotera en mi terraza.

Para ver cómo crece la hierba, cómo caen las hojas, cómo pasa el tren,

cómo sopla el viento, cómo el pum, pum de mi puerta me acompaña...


¡Tan sólo un día más, Dios!

Para decirles a mis hijos, nietos, hermanos,

amigos y enemigosque los quiero.


Déjame, Dios, un día más. ¡Uno siquiera!

Para que siembre mi maceta de albahaca…

Sí, aquella que tengo pendiente, aquella que sueño

en los ojos de cada madrugada.

16 ene 2012

Divisando la meta

OPINIÓN/ DIARIO CÓRDOBA
ISABEL Agüera 17/01/2012




Me quiero referir, hoy, a la meta final, a la meta que se empieza a perfilar por el horizonte, como si fuese la última palmera del desierto (¡suéltalo de una vez!): la muerte. ¿Qué hago yo aquí ya? --me decía un anciano--. No espero nada, no tengo nada que hacer; se me acabó el tiempo.
Y yo lo entendía y me faltaban palabras para quitarle la razón, porque no se puede tachar de un plumazo lo que la sociedad, los seres queridos, los achaques, la vida, en definitiva, van tallando sobre la imagen del ser humano que, inevitablemente, con el paso de los años, va perdiendo facultades a lo que se suma la creencia de la validez en exclusiva de la juventud. Recuerdo, ahora, a una señora mayor que, a cada cambio que se le proponía para mejorar su casa medio en ruinas, exclamaba: ¿Y ya para qué?
Por supuesto que entiendo esa recta final que, sin piedad, va apagando luces de futuro, dejando al mayor prácticamente sumido en el más oscuro túnel. Eso es: no hay futuro a la vista y de ahí el ¿ya para qué? y el ¿qué hago yo aquí ya?
Es cierto que esas interrogantes otean por las mentes de todos sin que a veces tengan relación con la edad, si bien es un fuerte agravante, y es que, las circunstancias, en general, pueden provocarnos cansancio de vida, desilusión, un arrastre por las rutinas de los días que se van tornando horas de televisión, algún que otro paseo y, ¡pare, pare usted de contar! En fin, electro encéfalo plano.
Y ahora voy yo y digo ¡Ya está bien, ya está bien! (¿He oído esto en la tele? Me suena mucho)
Amigo mayor: no te dejes paralizar por los años. Camina al ritmo que puedas, trabaja en lo que te guste, habla con quién sea capaz de escucharte. Escucha a quien desee hablarte. No te sientas joven pero tampoco acabado. Sí, hay futuro, pero no lo midas en años sino en momentos, en minutos porque en cada uno de ellos, hay, sin duda, una razón para seguir viviendo. Descúbrela y en ella tedrás respuesta al ¿ya para qué?



* Maestra y escritora



9 ene 2012

Pensamientos para el nuevo año




La vida, es una página en blanco que se nos entrega en el instante mismo de nuestro nacimiento. Hasta el día que somos capaces de pensar y decidir, son los demás los que escriben en ella, pero llega un momento, que, o cogemos la pluma y nos convertimos en protagonistas, lo cual nos será, paradójicamente, fuente de gratificación y dolor, o dejados llevar por la comodidad, aceptemos la letras que los demás sigan imprimiéndonos al ritmo de nuestros pasos. Esta actitud, antes o después nos exigirá estampar una firma de autenticidad que nos podremos ratificar con la consiguiente frustración.

La vida es un tren que pasa. Si no subimos a tiempo, si lo dejamos ir, nos quedaremos para siempre en la estación de espera. Y el próximo, al único que podremos acceder, será el tren de la muerte.

La vida es tan sólo un corto paseo al atardecer de un bello día. Bueno será volver la vista atrás por si a nuestro paso crecieron espinas.

En cuyo caso habrá que regresar, extirparlas y en su lugar sembrar rosas.

La vida, con el paso de los años, se va transformando en montón de escombros, donde, sin duda, palpitan hermosos retazos de felicidad.

Buscad y veréis cómo encontraréis el árbol al pie de la ladera, el camino de ayer, buscad y encontrareis palabras que, en ecos, os devolverán la memoria perdida de las cosas, buscad y aparecerá el índice del pasado que os remitirá a la salvación en momentos en los que la luz de vuestra "casa" se apague y os quedéis a solas con la silla de anea y el crujir de viejos tejados  

Romper moldes es un riesgo, pero sin comparación lo es más el pasar por la vida, corto paseo, sin colaborar a la creación que somos de un Dios que nos dejó una cuenta sin saldar: la de "recrearnos" con nuestras capacidades individuales, con nuestras cotidianidades... Con nuestro singular proyecto.

Cuenta pendiente que no hay que olvidar porque, al otro lado, se nos espera con sin deudas pendientes.
No, no se hunde la casa por una gotera, pero hay que “taparla”, mientras no sea incontrolable chaparrón, y cuando lo sea habrá que buscarle un buen “paraguas”, pero no se puede detener la vida: habrá que inventarla, habrá que sacarla de la nada, pero jamás entregar las armas.

5 ene 2012

Regalo de Reyes

                                 Mi sencillo, pero ilusionado regalo de Reyes. Un beso y que no dejemos de darle cuerda al reloj de la ilusión. Besos.

2 ene 2012

Cambiar el chip


UN NUEVO AMANECER, CADA DÍA

OPINIÓN/DIARIO CÓRDOBA
ISABEL Agüera 03/01/2012
¡Pues que ya estamos en el dos mil doce! Y parece que fue ayer cuando alguien, un buen día, fue y me dijo: Hoy cumples siete años. Ya tienes uso de razón. ¡Vaya con las barbaridades de entonces! (Y con las de ahora, chiquita, que a bien que no hay descerebrados más que adultos por el mundo)

El caso es que los cumple-abriles corren más que el tío la lista y con el saco hasta arriba de nubarrones que se traducen, primero en goterillas de nada, que van cayendo sin que nos lleguen más allá de nuestra vestidura por fina que sea, pero, ¡ay, ay, que de la noche a la mañana el chirimiri se traduce en fuerte chaparrón que nos cala hasta los huesos! (Que digo, niña, que da gusto leerte tan animosa como empiezas el año.¡Cambia el chip, mujer, cambia el chip!)

Pues, bueno, sí, hay que cambiar el chip y he aquí que se me viene a la mano unos versos de Aleixandre que considero oportunos para la fecha: Siéntate. No mires hacia atrás. ¡Adelante! Es la vida. Es el camino. ¿Que llevas la frente cubierta de sudores, con espinas, con polvo, con amargura, sin amor, sin mañana?... Sigue, sigue subiendo. Falta poco. Qué joven, qué jovencísimo, qué recién nacido eres. (No te autoengañes, chiquita. La poesía es la poesía) Coge tu palo de fresno (mmmm) blanco y apóyate. Un brazo a tu lado quisieras. Míralo, ¿no lo sientes? Yérguete y mira la raya azul del crepúsculo, la raya de la esperanza en el límite de la tierra. (Mal empiezas con demagogia y, por ende, copiada! ¡Corta, corta!)

En fin, amigos lectores, un año es solo un momento, un paso más que debemos ilustrar con las etiquetas amor, paz, esperanza, etc. (¡Vaya! No siempre quién mal empieza, mal acaba. Honradez, niña, que la corrupción os come).

¿Y esto? ¿Se me habrá colado el guapillo hacker morris300? ¡Ea!, pues, ¡que cumplamos muchos más! Y, ¡que viva, viva la marimorena-!


* Maestra y escritora