Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

13 oct 2010

Minicuento: El árbol de hoja caduca


EL ÁRBOL DE HOJA CADUCA

Un árbol de hoja caduca fue sembrado en un hermoso jardín. A su alrededor crecían viejos árboles de hoja perenne.

Cuando llegó el invierno, el árbol de hoja caduca, ante la expectación de todos, perdió sus hojas. Con sorna, los demás árboles se dirigían a él: ¡Qué pena nos da verte ¿Acaso estás muerto?  -exclamaban-. Tus ramas secas resultan, viejas, desapacibles. Las nuestras, en cambio, siguen siendo frondosas, verdes... El árbol de hoja caduca, reservado y silencioso, resistía las heladas, protegido, no obstante, por el cálido rescoldo de la savia que le alimentaba en sus adentros.


Cuando llegó la primavera, poco a poco, comenzaron a brotarle yemas, hojas, ramas espléndidas que de un verde tierno se izaban al cielo, alargando sus brazos en frescas sombras y refugio de cuántos avecillas acudían al jardín.

Los árboles de hoja perenne lo miraban y se decían: ¿Qué milagro es éste? ¿Acaso ha resucitado de la muerte? ¿Acaso pretende darnos lecciones de hojas y ramas?

El árbol de hoja caduca, adivinando sus pensamientos, y con gran humildad, les dijo: Siento, hermanos, vuestra torpeza al juzgarme en mis aparentes horas bajas. ¿No veis cómo sale la mariposa del capullo y alza sus vuelos en irisados colores, cuando llega la primavera? Así, durante el invierno, mis hojas viejas me abandonaron, pero mi sangre siguió regando lo más profundo de mi ser. De esta manera cada año, puedo estrenar ropajes nuevos. Yo no sabría qué hacer con las mismas vestiduras que me nacieron el día de mi alumbramiento.

Como el árbol de hoja caduca, yo digo: ¡Fuera todo lo viejo e inservible! Tengo que amanecer cada día con vestiduras nuevas para celebrar el milagro de la vida.

10 oct 2010

Un beso para ti



En mi terraza. Seis de la mañana.


Una vez más, me sorprende, ¡siempre me sorprede!, la lluvia

Primero fue el viento doblando álamos y plataneros de la avenida;

después, a mi derecha, la sierra negra, rasgada por el centellear

relampagueante en tormenta que avanzaba.

Y como preludio de tal milagro, efluvios que impregnan

el ambiente de húmedos olores.


Y yo, con sabor a cálido retorno, de no sé dónde

y el alma abierta a esta magia que rocía el amanecer,

recibo la llamada de la vida, y aspiro la fragancia de cada recuerdo

que se me filtra furtivo y se torna palabra sobre esta fría pantalla

donde mis dedos escriben, dedos y manos

que saben tanto de caricias rotas,

de amores, paraísos que nunca fueron,

manos que pretenden eternizar la soledad de los momentos.


Quisiera ser naufrago del viento, enloquecido por la luz del alba,

filigrana de sueños que me lleve, lejos, ¡muy lejos de este mundo

                                                           que no es el mío!


Miro al cielo y percibo el color de la paz en esta indescriptible hora:

Sí, el amor excite; sigue el amor...

                                               ¡Llueve...! ¡Sí, ya llueve!

Y mis manos y mi rostro desafían la tormenta desde esta séptima planta,

desde esta soledad que me transmuta en cósmica y etérea.


Quiero empaparme de lluvia, como las mieses de sol en las eras.

Quiero que por mis ojos corran torrentes

que como arroyos desbordados busquen la mar inmensa

donde encontrar su destino.

Quiero que de mis labios chorreando pura ilusión y amor,

se aviente un beso y llegue, sereno y reverente, a los tuyos, amigo.

2 oct 2010

Día Internacional de las Personas Mayores

Queridos amigos:
El pasado día uno del presente mes fui invitada por una Asociación de Mayores, al fin de tener con ellos una convivencia. Se me ocurrió obsequiarlos con algún texto mío escrito expresamente para ellos. Lo titulé Padre Nuestro del Mayor.
Con respeto, por supuesto, a cualquier fe y dada la libertad que tenemos de leer o no leer aquello que nos guste o deje de gustar, lo voy a transcribir aquí porque pienso que de alguna manera recoge el espíritu de lo que, en definitiva, queremos o debemos desear todos en nuestra mayoría de edad


PADRE NUESTRO DEL MAYOR

Padre mío que estás en los cielos:
En este día, atardecer ya de mi vida, quiero pedirte el pan que más necesito como alimento. Tú que siempre me lo diste, sé generoso en esta hora y escucha mis ruegos:No permitas, Señor que los años me hagan insensible a mi realidad presente. Quiero seguir siendo canción, ilusión, beso para cada ser humano, sin que me importe el color de su piel, su nombre, su país... Sólo, sí, sólo su mirada fija en mis manos de padre, de madre, ayer, de abuelo, abuela, hoy.


Padre mío que estás en los cielos:
Quiero santificar cada hora que el reloj implacable del tiempo me vaya recordando mis achaques y deterioros.Quiero aceptar en paz la soledad y el dolor. Quiero ocultar lágrimas y repartir sonrisas.Quiero tener las manos tendidas en la dirección del amor.


Padre mío que estás en los cielos:
Venga a mí tu reino, aquel dónde yo pueda seguir siendo zahorí del jardín maravilloso del mundo... No me importa que la parcela sea pequeñita. ¡Déjame, al menos, una flor!Venga a mí tu reino, aquel dónde la injusticia no me sea indiferente, dónde la ilusión siga alumbrando este camino que me va acercando a grandes pasos a ti, al tiempo que me va alejando de mí.Venga a mí tu reino de paz, sí, la paz del deber cumplido, con fallos, con errores, con olvidos... ¡Soy humano, Señor!, la paz que, hoy, minuto a minuto, quiero crear, compartir... Quiero vivir. La paz en la que deseo morir.

Padre mío que estás en los cielos:
Hágase tu voluntad, sin que me revele, sin que me asuste, sin que te reniegue., sin que deje por ello de luchar.Líbrame, Señor, de la arrogancia, de la hipocresía, de la envidia...Líbrame del egoísmo y de caer en pesimismos y lamentos...Dame. Señor, cada día, el pan que me torne a mi realidad de hoy para que sin nostalgias, sin temores, siga construyendo, caminando...Y no permitas, Señor, que ciego a mi realidad, me proclame joven y virtuoso; tampoco viejo y necio. ¡Dame, Señor, tu pan..!Tú pan, Señor, es el bocado que necesito para que mi AMEN definitivo sea un cántico de gloria que te haga sonreír por los siglos de los siglos...

25 sept 2010

Sombra de ciprés


Sombra de ciprés


Todas las mañanas en mi paseo al jardín, me detengo unos instantes debajo de unos cipreses.

Alguien, al cruzarme, ha exclamado: ¡Vaya gusto, niña! ¿Por qué no eliges otro árbol más alegre?

Una sonrisa por respuesta.

¿Cómo explicar que mi ciprés tiene la voz que un día no tendré oídos para escuchar?

¿Cómo explicar que mi ciprés tiene el color y el olor que un día no podré percibir?

¿Cómo explicar que mi ciprés será la única sombra amiga que me cobije, cuando para todos sea olvido?

Hoy, a tiempo en mis paseos, quiero acostumbrarme a su sombra, a su olor, al sonido del viento al
encaramarse en la cúspide de sus ramas

¿Cómo entender tan variopinto lenguaje, tan maravillosos sinfonías después, si no los conozco ahora?

Árboles

¡


DECIDME algo, árboles silenciosos! Quiero entender vuestro lenguaje. Quiero comunicarme con vosotros, mis amigos.


Tal vez vuestra voz sea este soplo de aire fresco que corre entre ramas y tanto me reconforta.

Tal vez vuestra voz sea la bravura de estos leñosos troncos que me sirven de apoyo en mis fatigas.

Tal vez vuestra voz sea el silencio que hace posible la transparencia de vientos, pájaros... pasos.

Tal vez vuestra voz sea la mía. ¡Quién sabe!

¡Gracias, gracias, árboles amigos! No profanaré vuestra voz de silencios; dejaré, eso sí, que otras voces se hagan sonidos en el jardín de mi vida.

¿Me entendéis? Yo creo que sí.

Siempre en mi vida árboles, y yo notando por mis pulsos el estribillo alborozado de su savia virgen, alimentando con su mejor néctar el manantial hirviente de mi sangre.

Siempre árboles en mi vida, y yo queriendo acariciar su misterio, siempre.

23 sept 2010

Llega el Otoño


Querido amigo/a: Esta madrugada pensé en ti. Una extraña sensación de mi nada, confundida con la grandeza y nada de todo y de todos, me extasiaba en mi terraza. Es el otoño que llega, es el autobús que pasa, es el perro que ladra, la hoja que cae. el papel que vuela, mis jazmines en flor, la luna llena que, en filigranas de nubes, se despide de la noche...

Es la vida que sigue en sus vaivenes, pequeñas y grandes olas, que nos marean, unas veces, que nos refrescan y reconfortan, otras. Emociones en las que encuentro huellas que no pertenecen a calzado humano y me provocan mareo de interrogantes que acallo con un darle cuerda a la creatividad, al amor... Y seguir.
Feliz otoño y un gran beso. Isabel

17 sept 2010

Él estaba allí



Queridos amigos: Un nuevo curso y muchas nuevas tareas para seguir caminando siempre de cara al sol, Mis deseos de que nada nos sea indiferente, de que el hastío, las rutinas, los desengaños y las pequeñas o grandes luchas de cada día, tan solo sean motivo para comprobar que seguimos vivos, y la vida viene a ser eso: lucha diaria y constante con los elementos. No obstante, en el bolsillo llevamos una carga de herramientas para componernos y seguir adelante.

Quiero empezar, y tal vez seguir, con un breve texto de mi obra titulada Él estaba allí, con mi resspeto absoluto al que sea creyente y al que no lo sea. Yo me confieso expectadora del mundo donde descubro huellas que no coinciden con calzado de hombre alguno, y me pregunto: ¿No será que hay un Dios? Y entonces voy y escribo.


Aquella noche lejana, ¡muy lejana!, él y yo cómplices de años, historias y proyectos, aguardábamos en silencios, rotos en dolor, miradas y suspiros, el autobús que nos separaría para siempre.

Era negra noche de truenos cabalgando en mil rayos por el cielo.

En un tris, la hora de partida. Una plaza. Sólo una. Sube él. Un ardiente beso como despedida y un adiós sin palabras que apaga, en un tris, el universo de sueños de un abrazo ininterrumpido en tantos años… Muchos años.

A pie de tablas, sola, acariciaba en vilo y en nostálgica sonrisa, la cálida huella de aquel beso, mientras caía definitivamente el telón.

El autobús se alejaba y la lluvia persistía.

¡Qué torpeza la mía, al creer que, con la muerte de aquel hombre, compañero, amigo, amante, aquel hombre bueno, mi marido, el reloj había detenido sus agujas dejándome en punto muerto para siempre!

Ahora lo sé: los arcaduces de mi pequeña noria seguirían vertiendo agua en amaneces y ocasos. Él estaba allí.