Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

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24 jul 2014

(De mi obra "ÉL ESTABA ALLÍ)


Un árbol gigantesco le dijo a una sombrilla que, colocada bajo él, proyectaba una pequeña sombra en el césped: ¡Hay que ver lo inútil, lo ridícula, la poca cosa que eres bajo mis frondosas ramas de frescas sombra!
La sombrilla no respondió, pero, cuando llegó el mediodía, un sol rabioso caía sobre el césped sin sombra alguna del árbol.
Unos caminantes, al descubrir la sombrilla, se colocaron bajo ella, manipulándola hasta lograr la sombra deseada.
Y se quedaron allí a descansar.
El árbol y la sombrilla se miraron. El árbol guardó silencio. La sombrilla sólo dijo: Soy pequeña, ridícula, absurda..., pero, ya lo has visto: soy adaptable; mi sombra no tiene horas.
POSTAL DE VERANO


4 mar 2012

De Cartas a Lucrecia


                                     Encontré este zapatito y lo coloqué en lugar visible, por si alguien lo buscaba.
Hoy traigo a mi blog esta sencilla historia de vida, por si laguien busca o encuentra  otro "pequeño objeto perdido"



¡Vaya susto, Lucrecia! ¡Claro que pensé en todo! Y lo que te decía: se me disparó el corazón, se me aflojaron los nervios... ¿Llamar a la policía? ¡Ni me pasó por la cabeza! Unos instantes, y un chaval, porque se trataba de casi un niño, se incorporó sobresaltado:

-¿Es suyo...? Perdone, es que...Como hacía mucho frío...Como vi. la puerta abierta... Ya me voy perdone...

Con la poca ropa que llevaba puesta, llena de pasto, con los ojos entre desorbitados y soñolientos, me miraba suplicante.

-¿Cuántos años tienes? –fue lo único que se me ocurrió decir.

-Estoy metió en los quince

-¿Y tus padres...?

-Problemas. En mi casa hay muchos problemas Mi padrastro le pegó ayer a mi madre. Es por mi culpa, pero, sino me voy, lo mato.

Un bar cercano, donde todos los días desayuno, abría sus puertas. Lo invité a tomar un café. Consintió, pero una cierta desconfianza lo separaba de mí. Y en un descuido, mientras yo hojeaba el periódico, como un animalillo asustado, corrió entre la riada de coches que era ya la Avenida.

-No se preocupe -me tranquilizó un cliente-; son raterillos.

Esta tarde, cuando he limpiado mi coche, en el asiento trasero, el papelito de un chicle y restos de pasto. No, Lucrecia, no era un raterillo, no era un drogadicto, ni un gamberro, ni… Bueno, me da igual lo que fuera. Lo que esta noche me quita el sueño es precisamente lo contrario: lo que no era: Un chaval feliz, alegre, confiado, seguro... Aquí guardo un poco de su pasto, del que dejó en el coche. Lo único que poseo de un ser humano que ha volado por mi vida.

!Ojala, chaval, encuentres muchos coches con las puertas abiertas!¡Ojalá encuentres la casa, la familia que necesitas! ¡Ojalá todos despertemos mañana un poco más humanos!, y tú con menos frío, con menos miedo y con muchos menos motivos y deseos de matar.

20 jun 2011

Homenaje a la Palabra

DIARIO CÓRDOBA

ISABEL Agüera (21/06/2011)

¡Pues resulta que también para la palabra hay homenaje! Aunque en esta ocasión sí que merecido porque, ¡hay que ver cómo se han devaluado y hasta vulgarizado el afortunado término que, por cierto, en mis tiernos años, decir homenaje era sinónimo de tal grandeza que uno se sentía así como a años luz del homenajeado!

Pero, bueno, a lo que iba, ahora le toca el turno a la palabra y en los medios cunden las encuestas: ¿cuál es la palabra más bella del castellano? Y ahí están los resultados: Amor le saca la cabeza en mucho a todas. Y le siguen, tolerancia, libertad, etc.

Hace tiempo escribí un cuento en el que un hombre vendía palabras. La gente, enloquecida, quería comprarlas todas. No obstante, mi filósofo vendedor pedía por cada palabra un alto precio. Por el amor, por ejemplo --decía--, no puedo pedir nada, porque el precio del amor es amar sin precio. ¿La tolerancia? ¡Uy! No está en venta. De cualquier forma, si alguien la desea, la regalo, pero tened en cuenta que, si la necesitáis, jamás seréis tolerantes.

Cosas así que, poco a poco, iban subiendo los humos de la clientela, hasta que alguien, más que cabreado, exclamó: ¡Fuera de aquí! Tú no vendes nada. El vendedor dijo: Así es: las cosas que yo proclamo no son mercancía de compra y venta, porque son dominio del alma.

¡Vaya con mi mercader! ¡Qué desfasado andaba el pobre! Hoy día, con un tenderete en cualquier mercadillo y con palabras como, dinero, poder, fama etc. ¡se hubiera forrado! No obstante las encuestas proclaman como ganadora la palabra amor, y no por lo bien o mal que suena sino porque... ¡Todos queremos más, pero mucho más! Y yo, tal vez ingenuamente, me pregunto: ¿Amor para dar, amor para recibir o amor para votar una tonta encuesta?

Mi voto, si hay que votar, mi homenaje, aunque me salte las reglas del juego, es para la palabra Blanca: era el nombre de mi madre.