Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

15 abr 2017

Resucitemos cada día


Que la paloma de la paz recorra el mundo 
con el mensaje de no a la muerte y sí a la resurrección

Sí, amigos,  hoy, cuando  la Semana Santa empieza  a pasar página,  dejando ecos  de Pasos, saetas, inciensos, hoy, domingo de Resurrección, quiero dedicaros reflexiones que  me brotan, fluidas  e imparables, al recordaros  y recordad cuánta emoción me produce cada año la celebración de este día que  hoy, entre cielo rosado,  piar de gorriones nuevos, silencio de una Avenida en calma total, me trae memoria más intensa que la imagen o el timbre de miles de voces. Son mensajes profundos que sólo yo conozco y que me provocan incontrolables deseos  de elevarme de esta “playa” a la búsqueda de un eterno abrazo con el universo.
¡Qué paz! ¡Qué amor! ¡Qué misterio! Una leve caricia noto correr por mis mejillas... ¿lagrimas? Pueden ser, pero esta vez de emoción por haber tenido fuerzas para superar momentos difíciles. También  de alegría por estar aquí con todos vosotros, mis amigos, con la luna que también se despide,  con potentes  recuerdos, celebrando esta maravilla que somos, cuando definitivamente nos sentimos resurgir como criaturas nuevas, tras cada noche de lúgubres pesadillas, tras cada evento que nos sumerge en dolor y apatía.
¡Qué felicidad mirar al cielo y comprobar que siguen los astros, y que la Osa Mayor permanece inmutable, juguete eterno de mis sueños. También yo sigo existiendo y saboreo con placer mi constante resurrección, mi decidido esfuerzo de levantar la loza de tan múltiples sepulcros como a veces tratan de ahogar las ilusiones de mi alma. Pero lo importante es la paz que conduce mi barca por las aguas tranquilas  donde la fe amansa tempestades y resucita muertos.. Queridos amigos, asistid conmigo a este maravilloso parto de la vida. Allí donde estéis mirad al cielo, levantaos, caminad,  dejando atrás  los despojos muertos que yacen en nuestro interior;  es domingo de resurrección- El ayer ya no es hoy, y  hoy, nada más abrir los ojos, tuve miedo de haberos perdido, pero no: seguís vivos

Haciendo caminos y rompiendo silencios. Algo me guía por los azules vientos.

13 abr 2017

Nazareno con temblor de cirios



Retazo de mi pregón de Semana Santa en mi pueblo, Villa del Río


 Tañe la campana del convento, y en las calles, en las casas, en las puertas... la tenue luz del alba comienza a desbaratar el  sutil halo de la madrugada.  Es Viernes Santo. Ya Jesús ha sido azotado, coronado de espinas, condenado... Ya,  nazareno que camina roto bajo el peso de la cruz, es sólo mirada que nos sale al paso en agonía y nos lacera el alma y nos silencia en palabras que se tornan suspiros y soledad en el esplendor  de luces en primavera. ¡Qué solos nos sentimos los hombres! ¡Qué grande Jesús Nazareno!
"¿Cómo a los hombres, Señor, sonríes / mientras sollozan tus sentidos / y te azotan los lívidos silbidos / que estampan la columna de rubí..? / ¿Cómo es posible que tu amor confíes / a los hombres, Señor, endurecidos Y cómo de tus labios doloridos / el ámbar dulce del perdón deslíes..?"
Nuestro Padre Jesús se dirige a la plaza. Allí la tradición y la historia  petrificadas en un ancestral castillo, allí, a mano de su túnica morada, las viejas aceñas del río, los tamujares del puente romano, los chispeantes murmullos de los modernos surtidores, allí, ante su Nazareno, puede escucharse  el sobrecogedor silencio de un pueblo  que suspira, que, año tras año, espera expectante el encuentro con el apóstol amado, Juan, el encuentro con la mujer pecadora, María Magdalena, el encuentro, dolor y angustia, con su madre, Nuestra Señora de la Soledad.
Y cuántas lágrimas derramadas al repique del tambor! Son los recuerdos de otros tiempos, y son los años vividos en tradiciones que nos hicieron crecer en amor a nuestro pueblo, y son ausencias de seres  queridos que nos precedieron y que otros Viernes Santo, presencia viva, estaban allí, como están los naranjos, las cigüeñas, como sigue, y nos embriaga, el azahar en primavera.
"Lágrimas hay en el aire / reflejos de luna verde / mi Dios con temblor de cirios / por la calle viene"
Y la sentencia cantada se cumple, y el cuerpo ensangrentado de Cristo, sobre la cruz clavado, a hombros de briosa juventud, recorre las calles del pueblo que se torna alfombras de luto, mantillas, saetas, tambores, trompetas... Lloran el jardín del Lirio y las aceñas del Guadalquivir;  lloran mujeres y hombres; llora el mundo; se oscurece el sol. Dios ha muerto y un toque de queda nos conjura a velar con fervor, con esperanza, con amor, porque al tercer día, Cristo resucitará.

Pero el Viernes Santo es noche, y es silencio y es tremenda Soledad

12 abr 2017

Cuento en el Día del amor fraterno

¡Gran día el de hoy para los católicos! ¡Día del amor fraterno! Aunque en principio, os parezca que me alejo del día con mi cuento de hoy, no es así. Se trata de que hagamos una sencilla reflexión acerca del amor fraterno. Cuento escrito al hilo de una realidad conocida en primera persona.


DEL GIGANTE Y LOS ENANOS
 Había una vez un hombre tan   poderoso y de tan grandes cargos que todos los demás hombres a su lado parecían enanos, por lo que dieron en llamarle gigante. Y el hombre   poderoso, sin proponérselo, hablaba y pensaba, a causa de su estatura y poder, como si de verdad fuese un gigante. Los amigos y conocidos, cuando lo encontraban, corrían de él gritando: ¡que  viene el gigante. Otras veces, obligados a permanecer en su presencia, repetían trémulos y humildes: lo que tú digas. Como tú mandes; somos tus enanos servidores. Y le hacían reverencias, le cedían sitio, lo obsequiaban...
Pero el hombre, tenido por gigante, que era sabio y justo, se dijo: no está bien  que seres humanos como yo. hermanos todos, se llamen así mismos enanos, me teman, me sirvan y me tengan por gigante. Buscaré un remedio para que dejen de sentirse pequeños y me tengan por amigo.
Y el hombre tenido por gigante encontró una especie de coraza que, cubriendo su cuerpo, e invisible para los demás, parecía disminuir su estatura ante la presencia de los demás. Pero sucedió que los hombres enanos, al verlo y compararlo con ellos, lo veían tan igual que empezaron a perderle el miedo y sobre todo el respeto. Un día, uno de ellos gritó: ¡el gigante es enano como nosotros!
A partir de entonces, cuando el hombre tenido por gigante iba por la calle,     los enanos, que pasaban junto a él, le llamaban tonto, se burlaban de su pequeñez y hasta le escupían en el rostro  Así, cuando el hombre gigante descubrió la maldad e ignorancia de aquellos hombres, quitándose la coraza, la arrojó al mar exclamando: ¡prosigamos cómo somos: gigantes y enanos.   


Mi moraleja es la siguiente: A veces  se abusa de la sencillez y humanidad de la gente que siendo grande, se aúna  con los “pequeños” y trata de amarlos y dar la misma estatura.

De mi Diario


Hoy, de nombre, martes; de apellido, santo. Son las veintitrés horas de un caluroso día de abril, y esto quiere decir que el día se ha terminado prácticamente. A punto ya de mis formalidades rutinarias, anteriores a la cama: puerta, enchufes, un poco de orden... ¿Hoy? Notable un poco bajo, pero, ¡ojala esta evaluación no me faltara nunca! Lo primero, mi querido diario, lo siento, pero tengo que decir que todo normal, excepto que, de vez en cuando, oigo tambores de alguna lejana procesión. ¿Normal o rutinario? ¡Vaya pregunta! Creo que nos apegamos a la rutina y que no se nos tuerza un paso. ¿Qué triste, no? Pero es así: la vida, un electro encéfalo plano, a no ser que tengamos el coraje de sublevarnos y coger por la calle de en medio. ¿De dónde que tengamos que cumplir años y más años entre dos paréntesis: vida y muerte? Y lo que llamamos vida, nacer, ser monadas, ser rebeldes, estudiar, trabajar, emparejarse y de la noche a la mañana, ¡venga darle cuerda a la rueda que no se nos pare! Y lo que llamamos muerte… ¡UF…! de eso, nada de nada.  
¿Qué la vida es maravillosa? Eso queda de perlas decirlo o escribirlo. Y se nos llena la boca expresando ilustres pensamientos. Otro gallo canta, cuando la vida nos da un zarpazo del color que sea. Puede que callemos, puede que sonriamos, puede que nos comamos las lágrimas... ¿No sería mejor chillar hasta perder la voz? ¿No sería mejor rebelarnos? ¡Qué tonterías pienso! Nada de eso iba a cambiar nuestra realidad de vida 
Pero bueno, ¿qué hago yo “filosofando”, aburriéndome y aburriendo las páginas de mi Diario? ¡Vamos al día, martes! Por eso de la rutina, las caras de siempre, nos damos los buenos días en nuestra cafetería habitual. Me acompaña, a veces, compartiendo mesa, un hombre sencillo, sensible, educado… Gente que entra, buenos días, gente que contestamos, buenos días: el tiempo,la Semana Santa, los viajes..., y, hasta mañana. No, no quiero palabras cultas, ni quiero sermones formativos, ni quiero piropos… 
¿Qué quiero, entonces? ¡Y yo qué sé! Tal vez quiera un algo que no existe, algo que no muera, que, como mínimo, respete mis silencios y me quiera. ¿Teorías? Nada; no las quiero, no me sirven, me estorban...Vivir de teorías es engañarse y justificarse y no entender las propias... Me miró en un espejito y tengo los ojos lacrimosos ¿y por qué? Las horas que pasan, los días que se mueren, la vida que de este, del otro, la mía, se acaba. Es verdad que en este caminar por entre los paréntesis vida y muerte, podemos encontrar, sin buscarlo, auténticos motivos para dar, para recibir, para ser felices… Y a mí, en particular, motivos para saber que sí, que debí nacer.
¡Hala! ¡Si es que caigo siempre en la reflexión! ¡Y me tocaba dentista! Y no le tengo miedo a las agujas, ni a la anestesia… Le tengo, sí, pánico, al bolsillo. En fin que termino que mi carillón, mi cuco y unos pocos relojes más, están a punto de cantarme; ¡Ayho, ayho a la cama a descansar! ¿Y si no despierto? ¡Venga ya! ¡Y qué tarea me he impuesto con escribir Diario por una semana! ¿Y para qué? A lo mejor para leerme mañana y demostrarme que sigo existiendo. ¡Ayho, ayho! ¡Ah, una gran ilusión! mis hijos nietos y personas que quiero están bien, y la luna que, como siempre, me solivianta con sus coqueteos, cuando pasa por mi terraza. ¡Algo puede ser mucho! Y decepciones, muchas; me olvidaba