Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

20 mar 2015

Mi amiga gitana


Ante todo somos seres humanos
  
En fechas próximas se celebra la fiesta internacional del Pueblo Gitano. Desde muy niña este mundo de misterio, intrigas, de seres humanos que de incógnito llegaban al pueblo como llegaban las golondrinas en primavera y acampaban bajo el Puente Romano, me hacía sentir miedo, curiosidad, pena… Mundo de caminos, de estrellas y soles, musa que me ha inspirado novelas y cuentos. 
Hoy, desde la brevedad de este espacio quiero dedicar un recuerdo a mi amiga gitana. Primero, miradas, después, sonrisas, más tarde, saludos; finalmente sencillas pero fluidas palabras. Sí, ella era gitana. Aparecía cada semana con  el mercadillo y, como si de una reina se tratase, el marido y los hijos, la veneraban. Era de gesto amable, de sonrisa fácil... Las primeras palabras partieron de mí: ¡Vaya trenza que tiene! Mis hombres no quieren que me la corte. Una trenza negra, sedosa, gorda, larga hasta la cintura. ¡Y usted sí que viene siempre guapa! –me repetía-. A partir de aquel día, cada semana, una cita, un café, unas amigables palabras.
Cuando llegó el verano, invariablemente me traía una moña de jazmines, y yo, con ella entre mis manos, sentía que una profunda emoción me invadía. Aquella mujer, sin cultura, pero educada e inteligente, valoraba  y agradecía mi actitud hacia ella. 
Un día  faltó. La buscaban mis ojos, la buscaba mi alma. Sin ella aquel lugar estaba vacío. La gente en tumulto iba y venía. Los pregones se sucedían en vocerío de competencia. La cafetería rebosante de animados clientes, pero yo estaba sola; faltaba, y me dolía en el alma, mi amiga gitana, su tenderete de zapatos, mi moña de jazmines… Desaparecieron sin más.
Esta madrugada, al recordarla, una especie de plegaria me brota del alma: ¡Ojala nadie, nunca margine a un ser diferente, porque no hay diferencias que valgan y porque todos, también los gitanos, al llegar al mundo, encendimos una fulgurante  estrella  en el universo.  

19 mar 2015

Cuento: del padre y el hijo

Para todos los padres y para tantos abuelos que, hoy por hoy, hacen el papel de padres




Un padre, de avanzada edad, y su hijo, en el fragor de la juventud, corrían por un parque.
El hijo, en clara y amplia ventaja, dejó muy atrás al padre que, con grandes dificultades, trataba de  hacer el circuito.
El hijo, que iba delante, tropezó con una gran piedra hallada en medio del camino. Tras un doloroso traspiés, exclamó:  ¡Maldita..!  Y prosiguió su carrera.

Cuando el padre llegó al lugar donde estaba la piedra, tropezó y cayó, lastimándose un tobillo. 
No obstante, medio a rastras, empujó y empujó a la piedra, hasta apartarla del camino. En su interior se decía: No vaya a ser que tropiece con ella mi hijo y se lastime.

16 mar 2015

Me queda amor


Queridos amigos y amigas: con motivo de haber conocido a alguien que creí especial, escribí  páginas que  titulé: Me queda amor. Una de esas páginas es la siguiente que os dedico, por mi parte, sí, con mucho amor.
(No, no se trata del hombre que fue mi marido)

BAILEMOS
¡Qué  noche! ¡Qué sueño! Años, sí, años en una incesante caída de días 
en este  almanaque de olvidos, recipiente, no obstante, donde las flores del amor siguen frescas, lozanas.. eternas, alimentadas por  mieles de amistad y esperanza.
Días, hojas que el viento, arranca, pisotea  y se  empeña en  arrojar sin piedad a este río imparable en crecidas que es mi alma.
Pero esta noche, ¡qué noche, qué  sueño! La pantalla de mi PC, primero irisada en colores y después, en  burbujeo zigzagueante, se tornó líquida, transparente... Y en ella tu voz con mi nombre, con un ruego: bailemos, bailemos –repetías- tú y yo... ¡Anda! ¡Bailemos!
Como en un suspiro, mi cuerpo, rayo de luz fugaz,  llegó a la pista, música etérea, de tu cálida mirada.

Bailemos, bailemos; tú y yo. ¡Anda! ¡Bailemos!
¡Cómo se estremecía mi débil tallo al soplo sutil de tu viento que  conteniendo su furia tan sólo era caricia en mi árido paisaje!
¡Sí, bailemos! Ya tus alas me cobijan, me seducen, me apasionan...
Ya mi cuerpo, y mi alma se pierden en tu regazo, poseídos,  como beso errante,  arrojado al inmenso mar, en un tumulto de olas, gaviotas, nubes...

¡Bailemos, bailemos...!
Sí, en  un deliro de notas que surcan veloces
el azul del cielo, el azul del mar.. ¡Bailemos...!

Y mi carroza de sueños, volvió a ser calabaza, frente a esta  inflexible y fría pantalla... Ya no está mi nombre en tu voz, ya no hay pista ni baile
ya siguen cayendo días que irán  cumpliendo mis años...
Todo se desvaneció sobre mi almohada

Día caluroso de templado de primavera.   
Aniversario de... ¿de qué..?

Aniversario de nada pero la música de mi baile se ha entronizado en mi corazón para siempre. Puedo oírla... Cierro los ojos y oigo tu voz: BAILEMOS

14 mar 2015

Reflexiones fin de semana



Esta preciosa tórtola arrulló mis pasos  durante más de treinta años. 
Cuando murió la enterré en una maceta de albahaca 
que florece cada primavera.


Queridos amigos y amigas: de una de mis obras  transcribo y os dedico unas reflexiones. Seamos felices en la medida que podamos y sobre todo, hagamos felices  a los demás.  Besos.

 El curso de la historia no se cambia a base de cambiar nombres a las calles y plazas, a base de perder o ganar  costumbres tradiciones, etc. sino a base de limar injusticias, equilibrar balanzas y con manos firmes, tomar el pulso a nuestra vida para comprobar si nos hemos contagiado de  alguna “arritmia”.

Un día entoné una nueva canción. ¡Lágrimas de sangre derramé!, pero era preciso que en ellas arrojará lo manido de mi espíritu y diera paso  al nuevo dios, al nuevo mundo que, con urgencia, llamaba a mi puerta. De par en par, las abrí, y hoy, con las aguas de un nuevo bautismo, puedo reconocer sus pasos por muy espesa que sea la multitud, y en ellos una exigencia: seguir caminando por la senda que marca el rumbo de una historia que precisa de humildes, pero constantes reivindicaciones.

Somos criaturas en cuyas miradas asoma el alba; somos corazón y vida por donde fluye el maravilloso ocaso de cada atardecer. Somos himno que entona sueños, mientras tejemos el sutil relámpago que cruza el cielo y lo ilumina en blanca vorágine de altura. Somos belleza y amor. Somos, y ahí radica el milagro, solitario bosque de felicidad. Despejad horizontes y veréis que al final del camino sólo existe una verdad: el amor vivido.

Los valores  que admira el necio  tan sólo son  efímero deslumbrón de una estrella fugaz que se apaga en la tierra.
Pero  la belleza, los valores que admira el sabio son  universal armonía de la que sólo se percibe una suave brisa que deja al descubierto el corazón palpitante del hombre.


Las águilas vuelan solas, y  la majestad de sus alas son, bien, causa de alarma o, simplemente, de admiración. Depende del ojo que las contemple. Pero es hermoso no ser pavesa a merced del viento, sino vuelo firme y vigorosa que se dibuja portando la antorcha ardiente  de la libertad que procede del divino Creador.