Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

19 nov 2014

Día Internacional del Niño


 Queridos amigos/as: Día de reflexión y análisis acerca del gran valor que es un niño.
Transcribo un párrafo de una de mis obras: Es de suma importancia que el niño sea contemplado en sus primeros años  y en el  reducido, pero riquísimo escenario que son los ámbitos por excelencia de su educación y  aprendizaje: hogar y escuela. Sí, a ese pequeño  gran ser humano, desconocido por los mayores, al que hacemos objeto de nuestras anticuadas manías sobre la práctica educativa,  al que manipulamos, chantajeamos,  al que tantas veces, sin saberlo, humillamos, al que ignoramos y en el que  solemos ver más al adulto que deseamos que sea que al niño que en realidad es, y al que, siguiendo modas actuales, en muchas ocasiones, explotamos con total irreverencia a su derecho a vivir en plenitud la infancia.
El niño es el gran valor que debemos custodiar. Seamos conscientes de nuestra gran responsabilidad y de la  gran trascendencia que para ellos supone.
"Dame los primeros siete años de vida de un niño y te diré lo que será el hombre del mañana".


 Esta es la casa, la ropa, la comida, la cama...,de un hombre. Dicen que es drogadicto. Dicen que es borracho. Dicen que es ladrón. Dicen y dicen tantas y tantas cosas... Yo, sinceramente, solo digo una: tuvo siete años. Y solo me hago una pregunta: ¿dónde estábamos, dónde estamos todos?

17 nov 2014

Escalofríos/ Último capítulo


(Final del Capítulo anterior: Tengo contactos y voy a ver si me entero de algo. Quédate tranquila e incluso te diría que si reconoces la llamada, no descuelgues el teléfono)

 Hacia las once, hora del café de media mañana, llamé a María Luisa para anunciarle mi visita: Tengo cosas importantes que contarte –dije notando cómo me reconfortaba aquel contacto-. No serán más importantes que las que yo tengo preparadas para ti. Iba a llamarte. Me intrigas. ¿De qué se trata? Mejor lo hablamos. Te espero…
Llevaba dos días que tenía abandonado a Eolo. El pobre animal, creo yo, que percibía mi estado de ánimo porque ni tan siquiera mostraba impaciencia por salir a las horas que eran habituales que lo hiciéramos.  Aquella tarde, haciendo hora a la visita de María Luisa, lo acerqué al jardín, pero aquel lugar en otoño y una vez que se ponía el sol, resultaba frío y oscuro. Tan sólo aquel pobre viejo, sin dientes y casi sin boca, operado de un tremendo cáncer, apoyado en un aristocrático bastón, por lo que yo le llamaba El señor del jardín,  me salió al encuentro por entre las sombras fantasmagóricas de una hilera de cipreses. 
 María Luisa me esperaba entre sonriente y misteriosa. ¿Qué es eso que tienes que decirme tan importante? No he podido dejar de pensar en ello. Dime una cosa, ¿cómo estás después de la experiencia? Qué te pareció aquello? -me preguntó como si en mi respuesta estuviera el contenido de su pregunta-. ¡Un horror! –exclamé- Estoy aterrorizada.  No sé qué es aquello ni qué pinto yo allí. Pues, eso es: yo lo sé ya todo. Tengo amigos que andaban tras la pista y este fin de semana se han confirmado las sospechas. Ese lugar y esas personas tienen los días contados… Pero, ¿qué me dices?  ¿Qué tú sabías y no me avisaste? ¿Quiénes son? ¡Traficantes de droga, Daliana! La policía los tenía localizados pero quería cogerlos con las manos en la masa y… ¿Y qué? ¡Qué horror! ¡No me lo puedo cree! Pues créetelo y quédate tranquila porque no habrá próxima vez. Esta noche tu amigo Iván, su líder y otros dormirán en la cárcel...  No puedo entender  que me hayas dejado ir…Precisamente, siguiéndote los han podido sorprender.  Todo estaba controlado… Ah, y otra cosa! Tu amiga Teresa  está   implicada, hasta las trancas, y fue ella la que les dio tu nombre, la que los puso al corriente de tu vida…  ¿Teresa? Dime que todo es un sueño. Creo que me voy a volver loca. No sé distinguir entre lo real y lo ficticio. Todo es como una tremenda pesadilla de la que no sé si voy a despertar. Tranquila. Estás bien despierta pero has estado sometida a alucinógenos. Ese hombre debió esparcir algo por tu casa. Tranquilízate y pronto será todo como siempre. Se acabó. Vive tranquila. No habrá más.
EPÍLOGO
Y aquí sigo, años ya, sin saber qué hacer, a dónde ir, con quién hablar... Deprimida, casi siempre, agorafóbica, con dolores de columna, con goteras que me chorrean por todo el cuerpo, un día y otro con mis cartas marcadas: a las ocho paseo con Eolo; a las diez  compras casi siempre innecesarias. Y una corta visita a María Luisa. El resto de la mañana, desganadas y rutinarias faenas de la casa. A las cuatro, la hora del chocolate. Sí, eso, la hora de  coger un trozo de chocolate y regodearme ante Eolo de lo bueno que está. A las cinco, la hora de la telenovela. A las seis la hora de la tónica. Pues, eso,  una simple tónica. El resto de la tarde, la hora de los autodefinidos. A las ocho en este tiempo, la hora de sacar a Eolo al jardín. Y después, nada, o escribo o nada de nada: mirar por la ventana cómo pasan los trenes o cómo pasan las horas que para el caso es lo mismo: ver la vida pasar como paisaje. Súbitamente, esta media noche, el teléfono: hola, Aurora; soy Iván. ¿Me recurdas?

16 nov 2014

Toca, "boca cerrada"


Hoy, queridos amigos/as, toca silencio: descanso, lectura, escuchar música, hacer balance de la semana pasada, y crear proyectos para la próxima y todo, a ser posible, “a boca cerrada”. Para los que nos la conozcáis, o recomiendo, precisamente, este video. Es una preciosidad, al menos para mí que casi siempre escucho, mientras trabajo. Y punto. Un gran beso para todos/as y a pasar un día de relajación. La verdad elige el silencio para transmitir sus significados a las almas amantes. Porque quiero vivir en la verdad, hace años elegí el silencio como mi mejor voz y música.

https://www.youtube.com/watch?v=4rV0y4syKvQ

11 nov 2014

Escalofríos/ Capítulo XVIII


(Final capítulo XVII: Temblaba, cuando entre en mi casa. Eolo me recibió con saltos de alegría pero, al entrar en  el baño y mirarme al espejo, ¡qué horror!, una especie de mariposa  gigante aleteaba sobre mi cabeza…)

Mi primera intención, tras aquella extraña visión del espejo, fue llamar a María Luisa. Deseaba contarle todo lo vivido. No podía seguir ni un momento más sin hablar con alguien. Apresuradamente marqué su número. Nada; no contestaba. Recordé entonces que, posiblemente, no estuviera en el pueblo. Solía irse los fines de semana. Aquella noche cerré la puerta con especial énfasis como si algún maleficio pudiera colarse. No me sentía segura a pesar de llaves, y cerradura
 Tenía miedo a la oscuridad, al silencio, miedo a mí misma como si me hubiese contagiado algo diabólico. Y mis pensamientos discurrían por cada paso dado desde que subí al coche de aquel hombre. Mi cabeza hablaba y hablaba sin que encontrara forma de silenciarla y mi cansancio era tal que me sentía sin fuerzas hasta para respirar. Casi vestida me dejé caer en la cama, convencida de que era mi última noche de vida.
Pero sucedió algo. No puedo precisar si despierta o a dormítela me noté rodeada de hombres gigantes con cuerpos de orugas y grandes alas que agitaban envolviendo  mi cama en una calidez tal que el sueño, al fin, venciendo miedos y cansancios me llegaba en total relajación. Mantuve, no obstante, los ojos abiertos y vi cómo aquellos gigantescos seres desaparecían  por la ventana de mi habitación en rigurosa  fila.
Al día siguiente me sentía más tranquila. A las diez llamé por teléfono a Teresa. Quería interesarme por el estado de su padre, al tiempo que me apremiaban ciertas preguntas relacionadas con aquella experiencia vivida y de la que ella, sin duda, tendría exacta información. No está; ha salido –me contestó la voz de una mujer mayor. Dígale que la ha llamado Daliana. Que se ponga en contacto conmigo, por favor.
Teresa no sólo no me llamó sino que a mis repetidos intentos, la mujer mayor me repetía: No está; ha salido. Ganas me dieron de trasladarme a Córdoba y buscar a Teresa, pero mi agorafobia era tal que apenas si podía andar por la casa. No obstante, le anuncié una visita a María Luisa que, preocupada por el tono de mis palabras, me contestó amablemente: No te preocupes por nada y quédate tranquila en tu casa. Tan pronto como cierre la farmacia, me paso a verte.
Llevaba dos días que tenía abandonado a Eolo. El pobre animal, creo yo, que percibía mi estado de ánimo porque ni tan siquiera mostraba impaciencia por salir a las horas que eran habituales que lo hiciéramos. Aquella tarde, haciendo hora a la visita de María Luisa, lo acerqué al jardín, pero aquel lugar en otoño y una vez que se ponía el sol, resultaba frío y oscuro. Tan sólo aquel pobre viejo, sin dientes y casi sin boca, operado de un maldito cáncer, apoyado en un aristocrático bastón, me salió al encuentro por entre las sombras fantasmagóricas de una hilera de cipreses. Con mucha dificultad entendí que me decía: Pasan cosas niña; es tarde.
María Luisa escuchó atentamente mi exhaustiva narración de aquella aventura de mi tarde del sábado con el Hombre de humo. Si te soy sincera –fueron sus primeras palabras- no me gusta nada lo que me cuentas. No quiero asustarte más de lo que ya estás, pero eso pinta mal. Debes poner tierra de por medio… ¿Qué quieres decir? ¿Qué puede pasarme? La verdad es que no lo sé, pero quiero decir que no debes aparecer más por allí. Esa gente te quiere utilizar y, ¡sabe Dios para qué! ¿Qué puedo hacer? Por supuesto, no pienso ir más por allí, pero Iván parece conocer hasta mis pensamientos. ¿Cómo me deshago de él? María Luisa, como si no hubiera escuchado mis palabras, y bebiendo a pequeños sorbos, el wisquí que le había servido, y que era bebida muy habitual en ella, añadió: Y lo que más me preocupa es la desaparición de tu amiga Teresa. La verdad que es todo muy extraño: ¡ángeles de luz! Si quieres, puedes decirle a ese hombre, cuando te llame, que vienes conmigo a un viaje y que estarás ausente unos días. Tengo contactos y voy a ver si me entero de algo. Quédate tranquila e incluso te diría que si reconoces la llamada, no descuelgues el teléfono.