Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

27 may 2012

Fin de feria


Pues, sí: Se acabó la feria.

Esta madrugada, como cada, día salí a mi terraza. Lejos, muy lejos, ya no era posible esta foto. Las luces estaban apagadas.
Solo la noria gigante seguía y seguía sin cesar dando vueltas.
La perdí de vista con las luces del día, pero  me hizo pensar que, aunque  todo se nos quede a oscuras, la vida sigue, como mínimo, hasta que amanezaca nuevo día.
¿Por qué no subirme en ella y seguir viviendo con ilusión y esperanza?

24 may 2012

Felicidad del creador


En un solitario paseo por los alrededores de la mezquita, descubrí a esta chica que, sin público alguno, tocaba el violín. Sinceramente, me emocioné y pensé que  para el verdadero creador, el público, el aplauso son añadidos, pero que su mayor felicidad radica en crear y soñar.
Le añadí el montaje de la izquierda porque, más o menos, era lo que en mi fantasía añadía.

23 may 2012

Recordando una anécdota




Andaba yo en ignorancia radiante por haber logrado mi primer premio literario. Corrí en busca de un amigo y exclamé:
-¡Lo conseguí! ¡Ya soy escritora!
Y él, con displicencia, contestó:
-¡Estás loca de remate! Por ahí no vas a ninguna parte.

Busqué entonces a un escritor y repetí:
-¡He ganado un premio!; ya soy escritora.
Y él, casi volviéndome la espalda, exclamó:
-¡Uf..! ¡Mala cosa! ¿En qué te has metido?

Y me fui a un familiar:
-¡Soy escritora! -volví a repetir.
-De eso nadie se muere rico - contestó fríamente.

Y me fui entonces a un niño:
-Soy escritora -susurré, temiendo que no me entendiera.
-¡Bien! -exclamó radiante-. Escríbeme un cuento, escribe muchos cuentos.

 
Y yo, con lágrimas en los ojos, me dije:

Sí, los escribiré. Los niños son mis mejores destinatarios. Ellos merecen mi tiempo, mi creatividad, merecen mi vida porque en sus corazones no anida el aguijón de la envidia.

21 may 2012

Salvad al maestro

DIARIO CÓRDOBA/OPINIÓN
Agüera 22/05/2012


Colegio Público Averroes de Cór
¡Si es que soy una empedernida sentimental! ¡Pues no que voy y siento pena de mis maestros! Yo creo que es por eso de que "alma sola ni canta ni llora", y al magisterio, bendito cuerpo al que amo, respeto, valoro y al que pertenezco, ¡ni hablar de dejarlo solo! Bien merece, al menos un dúo que le permita cantar o llorar.
Y la verdad es que más que llorar, lloriquean ante su actual situación, tras largos años en los que no solo han opositado, luchado, soportado y, al fin, con mucho esfuerzo, conquistado, un sueldo, como mínimo, digno, y que hoy por hoy, recorte va y recorte viene.
Este amanecer fresquito de feria, mi cabeza es como noria gigante que repite a cada vuelta: ¡Ya está bien! --¡cómo se aprende en la tele!--.
No soy experta en nada y me da igual fulanito menganito o zutanito, políticamente hablando, pero yo creo que no es igual pelar que trasquilar ni recortar que podar. A lo que iba: Que sí, que que los árboles han crecido tanto que ya nos impiden ver el bosque y no hay más remedio que echar mano a las tijeras, pero, ¡vaya si se precisa aprendizaje para su manejo! No basta con, tris-tras, tris-tras. Fue, exactamente lo que yo hice, metida a barbera: trasquilé a mis alumnos, allá en un pueblecito lejano.
Lo suyo, y es mi modesta opinión, sería podar, palabra que según la RAE significa cortar o quitar las ramas superfluas que las hay ¡así, así! ¡Madre mía cómo han proliferado! Todos las conocemos y todos a regañadientes las hemos abonado. Podarlas nos permitiría ver, al menos, un rayo de sol por dónde retomar el camino perdido y continuar creando, produciendo con esperanza porque las cosas dejan de existir cuando se deja de creer en ellas. Recortar es hacer algo más pequeño. Al magisterio habría que ¡ni tocarlo! No se le puede disminuir un ápice la esperanza, porque, aunque el mundo se acabe mañana, hoy tiene que seguir sembrando.



* Maestra y escritora





20 may 2012

Momentos únicos

Para mis amigos.
Ayer tarde, el cielo de mi Avenida posó de gala para mi cámara y, sobre todo, para hacerme sentir una muy profunda emoción. Momentos de felicidad únicos: La lejana campiña, la ciudad, mi bloque,mi terraza... ¡Qué rica soy y cuántas gracias doy a la vida, a Dios por ser  consciente de ello!
Viajé poco pero vi tanto que mis ojos se cerrarán, un día, cansados de tanto mirar y ver.






16 may 2012

Noticia


Nuevo enlace:

http://www.mayoresudp.org/portal/noticias_dir/main_noticias.aspx?idnoticia=%20357

Cómo envejecer con elegancia (y sin molestar a nadie)


Cómo envejecer con elegancia (y sin molestar a nadie)


El Confidencial

... día de nuestro nacimiento”, explica la escritora y profesora jubilada Isabel Agüera, autora de El arte de envejecer. Guía práctica para mayores felices.

13 may 2012

¡Aquel espantapájaros!




Hoy, no sé por qué, he recordado al espantapájaros del huerto de Lorencito, allí en el pueblo. 
Era gracioso. Parecía un hombre de verdad, un hombre de palo: brazos erectos como si fueran las aspas de una cruz, un viejo sombrero de paja, que le caía tapándole un presumible rostro, bufanda de cuadros rechinantes, que le llegaba hasta el suelo y chaqueta panda como la de un viejo payaso.
Había silencio en el huerto. Sólo el ruido del agua, al caer por los arcaduces de una noria chiquita que, lentamente, movía un borriquillo, dando vueltas con los ojos vendados.
Resultaba agradable el olor de la tierra mojada por el riego de aquellos finos chorros de agua que corrían por los surcos.
Se notaba, en un preludio de primavera, el verdor de la hierba y el largo y anaranjado cielo de los atardeceres.
Manadas de gatos saltaban por encima de los cestos de verduras y de los cuatro trates que eran toido el mobiliario de Lorencito
Unos gorriones piaban inquietos en los cables del teléfono, en los árboles frutales, en los postes de la luz. Recelosos, no se fiaban de bajar al lechugar. Parecía como si todos a la vez, mirando al espantapájaros, se comunicaran: ¡Cuidado! ¡Hay un hombre!

Si yo hubiese sido gorrión, también habría sentido miedo del hombrachón del sombrero: Sí, del espantapájaros.

Si los pájaros me hubiesen entendido, yo les habría gritado:  ¡Si sólo es un palo vestido! ¡No temáis! ¡Podéis bajar tranquilos!

¡Cuántos "palos vestidos" andan por el mundo!, y yo, ¿por qué a veces siento miedo de ellos?
¿Seré, por ventura, un gorrión? Al menos, aprenderé a volar, por si acaso.