Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

7 may 2017

Día de la Madre


¡Mamá!
Feliz día, amigos y amigas: os deseo a todos y de corazón felicito a todas las madres por ser hadas del amor a los hijos. El filósofo francés Ernest Bersot dice: Muchas maravillas hay en el universo; pero la obra maestra de la creación es el corazón materno.
Hoy, tan solo una muy breve anécdota de mis  muchas  fantasías. 
Bueno, pues, mi primer pensamiento al abrir los ojos fue para mi madre, aquella gran señora de jazmines y violetas, de rosarios, pañuelitos de seda, lecturas, caridad, mala salud y nueve hijos. 
Al salir al salón a oscuras, un resplandor entraba por los cristaleras, como si un gran foco  de luz luciese por mi Avenida. Cogí el móvil y corrí a la terraza. Sí, era un maravilloso amanecer. 
Con esa magia del cielo y el fresco de la hora sentí un inenarrable bienestar. al tiempo que una palabra salía, literalmente, de mis labios: mamá.


4 may 2017

De usted y por favor


DIARIO CÓRDOBA
ISABEL AGÜERA
Nunca podré olvidar aquella madrugada de un día de marzo del año setenta y cinco. Mi madre, con  asunto grave, la ingresamos por urgencias  en un hospital de nuestra ciudad. Uno de los camilleros que la transportaban -eran dos hombres  de mediana edad, hechos de rutinas a sueldo -,  por decir algo, entre ruidosos bostezos, exclamó: ¡Vaya nochecita que llevamos! Y después, dirigiéndose a mi madre continuó: ¿Y a ti que te pasa, agüela? Mi madre, auténtica señora, delicada, exquisita, de espíritu increíblemente joven, a pesar de su mal estado, abrió los ojos y mirándolo como si quisiera fulminarlo, contestó, dándole toda una lección de urbanidad: eso, señor, se  lo pregunta el doctor.  
Y hoy me siento especialmente sensibilizada por el tema. Resulta que en organismo público, al que me he visto obligada a ir bien temprano, una limpiadora, que fregaba, con un tono desagradable, airado...  ha exclamado al verme: ¡niña, no me pises! ¡No te digo! ¡que no miráis dónde ponéis los pies! Y siguió refunfuñando, mientras yo, comiéndome las palabras, me dirigí al tema que me había llevado allí. 
Tan sólo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es nada más que lo que la educación hace de él. I. Kant. Bueno, pues resulta que la educación, la vergüenza, la razón de ser hombre o mujer, la hemos perdido, y no me estoy refiriendo tanto a las palabras como a los gestos, a los tonos, a los modos... Hoy día, los chavales, a cualquier edad, desde la escuela, acusan ya una falta total de educación, sobre todo, con respecto a los modales y al trato que deben a los mayores: contestan a todo con arrogancia, y desafío. 
"Las palabras deben ser vestidas como diosas y elevarse como pájaros" Para eso hace falta tener algo de dioses, algo de pájaros y mucho de educación. De usted y por favor; cuesta poco y dice mucho.
Pero sucede que los sentimientos y las costumbres que constituyen la felicidad pública, se forman en la familia. Y, claro, ¿qué se puede esperar de los pequeños, cuando los mayores protagonizamos la más absoluta falta de educación a lo largo y ancho de las veinticuatro horas del día? ¿Acaso no es mala educación las pitadas que se organizan en el tráfico? ¿Acaso no es mala educación bostezar en público, desperezarse, comer a "barba regada", exigir, protestar sin razón -que con razón, ¡qué poco protestamos! -, atropellar, si podemos, los derechos del otro, criticar, fomentar el cabreo ante todo y por todo?
La buena educación no está reñida con la familiaridad, confianza, cercanía

1 may 2017

Mes de mayo en el recuerdo

MES DE MARÍA

Parroquia de Villa del Río. Años de la posguerra 

El colmo de los colmos en el mes de mayo era la celebración del Mes de María. Debo recordar, sobre todo de cara a los más jóvenes, que en el altar mayor de nuestra parroquia, había una preciosa imagen de la Inmaculada, cuya fotografía, ofrecida en la página Web de Villa del Río, me ha parecido un gran hallazgo
Todos los días había oraciones específicas para este mes, dedicadas a la Virgen, más, como era costumbre diaria, el rezo del  Santo rosario, pero los jueves y sábados se hacía el ofrecimiento de las flores que consistía en que un grupo de niñas, ataviadas de blanco, con ramo de flores, más canastilla de pétalos, más largos velos de tul blancos también, en lugar preferente del presbiterio, llegado un momento del acto religioso, y con el coro entonando el  célebre, Venir y vamos todos con flores a María, de dos en dos se acercaban al altar y arrojaban los pétalos a la Virgen, depositando el ramo de flores en el suelo.
Horas antes del acto, a lo largo de la tarde, lo usual era que estas niñas, de puerta en puerta, pidieran “para el culto de María”, y era muy frecuente escuchar, más bien de mala manera: En la iglesia. Y es que llegaba un momento en la iglesia, en tanto se entonaba la Letanía, que el grupo de niñas se dispersaba con sendos cepillos pidiendo, igualmente, para el culto de María.
Por supuesto, no sé cuantos años fui una de esas niñas que con enorme entusiasmo ofrecía las flores a María, y recuerdo que, ingenuamente,  pensaba: la Virgen me lo tendrá que tener en cuenta y, por cierto, una anécdota que a mis hermanos y a mí nos hace reír siempre que la recordamos, Por indicación de mis padres, y dada mi gran timidez, más mi sosería, acompañada de un velo  hasta los ojos y que no era de tul sino de organdí por lo que se me quedaba rizado, mis hermanos Rafael y Benito, me acompañaban al acto de pedir por las casas. Llamaban a las puertas y,  cuando alguien contestaba, me daban un empujón y salían corriendo, de forma que me tenía que enfrentar,  y sin saber qué decir, con personas malhumoradas que me tachaban de no tener educación siendo hija de quien era.

Pero aquel olor a celinda, sobre todo, y a azucenas, que tanto cariño y esmero yo preparaba en el jardín de casa, se quedó como impregnado en mi vida para siempre, y es por eso que a lo largo de todos los años, mayo resucita, con aquellos olores y aquel, Venir y vamos todos..., la historia de mi vida en el pueblo,  mi querido pueblo, y en mis años de niña