Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

18 dic 2016

Rosa sin espimas

No era ni refinado, ni culto, ni poderoso. Era, un  trabajador de la construcción, hombre sencillo que, tras larga y penosa  carrera de obstáculos, me esperaba pacientemente, con la sonrisa a flor de gesto, con una mirada penetrante y serena, en lo más alto de la sierra donde habíamos quedadopara  presupuestar una pequeña obra.
 Circunstancias, ajenas a mi voluntad, me retrasé casi dos horas, Llegué angustiada, pidiendo excusas.         
Él, hombre de manos grandes, hechas a trabajos duros, mediando tan sólo una sonrisa, al verme, se apresuró a mi  encuentro, exclamando: no pasa nada, mujer. Aquí se respira bien y me  entretuve en buscarle una rosa: la mejor rosa encontrada. Cójala sin miedo. Le he quitado las espinas.  
Inmensamente agradecida, le correspondí con palabras del poeta sin sonido: la flor que amas no te hará daño, porque en mi ofrenda, no ha lugar el escozor de las espinas.
Burdo,  hecho a duros trabajos, era, no obstante, belleza, ternura, amor materializados en aquella rosa sin espinas Se llamaba Juan. No sabía nada de poesía.


                                  La vida es como una rosa: hermosa, pero con espinas.
                                   Tratemos de quitar aquellas que vayamos a "regalar"

15 dic 2016

Leyenda de la mulita y el buey

 Amigos, un cuento para leer y comentar con los niños de forma que entiendan cómo a cualquier edad se puede ser útil.


Un hombre que en el campo trabajaba con una mula y un buey se ayudaba pero los dos animales, ancianitos ya estaban y las patas se le doblaban a cada paso que daban. Un día el hombre entró en la cuadra y a los dos animales habló: ¡lo siento, amiguitos! No me servís ya para trabajar, tendré que llevaros al matadero y algo por vosotros me darán. No tengo medios para viejecitos alimentar.
Al ser de día, en la cuadra entró y, antes de salir, de nuevo les habló: queridos animalitos: os debo mucho y lo tengo que reconocer, cada día me habéis ayudado en mi duro quehacer. Podréis por ello comprender qué difícil me resulta esta decisión pero no me queda otra y también sabéis que mal anda mi corazón. No puedo trabajar solo y por eso quiero, necesito, otra solución.
Y dicho esto, a la mula y al buey en un carrito cargó y pasito a pasito a las cercanías de un pueblo llegó y sentándose en una piedra, se hizo esta reflexión: ¿dos animales tan viejos quién me va a comprar? No sirven ni para carne, ni para trabajar. Será mejor que los deje en libertad y que hagan lo que puedan que Dios les ayudará.
Y bajándolos del carro de ellos se despidió: ¡ea, aquí termina nuestra aventura! Tenéis plena libertad que habéis trabajado mucho y de ella debéis disfrutar. ¡Adiós, queridos amigos! Os deseo encontréis algo de felicidad.
Y anochecía, cuando el hombre se alejaba y los dos animalitos uno a otro se miraban. Al fin la mulita habló: ¿y qué podemos hacer? Para nada servimos ya. Tendremos que caminar y buscar un refugio donde la noche pasar. Sí, sí, qué frío hace en este lugar! Pero, ¡qué cansado estoy! Muy lejos no podré llegar. ¡Ánimo, amigo! Despacito vamos a caminar y seguro que encontramos dónde la noche pasar.
Mal andaban los dos cuando, con la luna llena divisaron un portal. Era un abandonado cobertizo con paja y poco más. ¡Vaya! ¡No está mal este lugar -dijo la mulita-, los dos juntitos nos daremos calor y ya buscaremos mejor sitio cuando salga el sol. ¡Vale, vale, no está mal!, me muero de sueño y mis patas no pueden más.
Y acurrucados y adormilados estaban cuando oyeron que un murmullo de pasos se acercaba. Con las orejas tiesas en alarma estaban cuando vieron llegar a un matrimonio que en borriquilla montaban y que despacito entre ellos hablaban.
ÉL: ¿qué te parece, María, este lugar?
ELLA: ¡no está mal, José! En esta pajita nuestro niño nacerá Y estos dos animalitos con su aliento calentarán.
MULITA: (Habla en voz baja al buey) ¿Has oído, hermano, lo que he oído yo?
BUEY: ¡Sí, sí! Creo que he oído bien, que un niño nacerá y que tú y yo con nuestro aliento vamos a calentar.
Y nació Jesús, nuestro Salvador. La mulita y el buey su aliento dieron y el portal se iluminó con estrellas caídas del cielo. Ángeles, pastores y Magos al Niño regalaron y la mulita y el buey, para siempre en el portal con Jesús, María y José para siempre se quedaron.

Y todos cantaron: En el portal de Belén / ha nacido el Salvador / ha nacido nuestro rey / lo calientan con su aliento / la mulita y el buey / ¡Ande, ande, ande, ande, / la marimorena / ande ande, ande que es la Noche Buena. Noche de saber, noche de cantar que, para ayudar a los demás no existe la edad.

11 dic 2016

Depresión

Hoy os traigo, amigos,  un texto, que como otros, ya algunos conocéis. Quiero decir que no es de hoy ni de ayer, pero siempre habrá alguien que lo pase tan mal como lo he pasado yo muchas veces y en esta ocasión especialmente.
DEPRESIÓN
Una vez más, y sin causa aparente, me despierto con una depresión tal, que  el amanecer que tanto me gusta, mi café de las seis de la madrugada, mis artículos pendientes, todo, hasta el pensar, se me transforma en una especie de enorme, de gigantesca bola que se me acerca y me tengo que tragar. En mi interior solo unas palabras: no puedo, no puedo. Me siento impotente para dar un paso, para salir de la cama, para beber un trago de agua, impotente total para todo: no puedo, no puedo  es una voz interior que me paraliza
No, no se trata de un bajón pasajero, de una hora de astenia… ¡Qué va! Me noto taquicardia y un dolor físico inexplicable. Es como si me doliera la piel de todo el cuerpo. Pienso que es mejor la muerte que sentir algo tan tremendo. Me quiero decir que igual que otras veces, pero me digo que no, que es distinto: Me duele la cabeza, tengo ganas de vomitar, me noto como atascados los sentidos. Bloqueada, mareada, con el vello  erizado  por un mal sueño. ¿Qué hago? ¿Qué tomo? ¿Llamar a mis hijos? Estarán durmiendo y en una hora correrán a sus hijos, a sus trabajos… ¡No, no los molesto para esto! ¿Qué me pueden decir ellos que yo no me diga? Además, esta es mi hora; ellos tendrán que vivir la suya. ¿Llamar a un amigo/a? ¡Si tengo la impresión de que nadie me quiere, nadie me acepta, nadie se preocupa para nada de mí! Creo que no tengo amigos; ¡ni uno! ¿Llamar al médico? Ya me sé de memoria sus diagnósticos y tratamientos. No, nos los quiero; me duermen, me inflan de pastillas, me dejan más ausente de todo… ¡Pero si no puedo coger el teléfono, si no puedo ponerme los  zapatos, si no puedo, no puedo…!
¿Y qué hago? ¿Dónde voy así? Tan sola, tan mal…. ¿Quedarme en la cama? ¡Pero si la cama me resulta un tormento! ¿Sentarme y  ver la tele? Me aburre, me cansa… No, no quiero  televisión, no radio, ni libros, ni ordenador… No, no quiero nada. Oscuridad, silencio, quietud, tal vez. La gente duerme engañada de todo lo que le echen, la gente come, baila, se divierte…
Como robotizada entro en el baño. El espejo, ¡siempre el espejo! Me miro y trato de esbozar una sonrisa.  ¡Si tienes buen color! –me dice-. ¡Si estás que no pasan días por ti!  ¡Anda, calla, embustero! Me visto, al fin, decido salir a la calle. Es noche todavía y mi cafetería está aún cerrada. Doy unos pasos de espera. Nubes bajas, negras, gotas gorda… Acelero el paso, abro el paraguas, me tomo el pulso, acaricio al paso la rama de un arbusto: ¡Ayúdame, pequeño árbol! Huelo un jazmín. ¡Ayúdame, pequeña flor! Me dejo caer en el tronco de un gran árbol de mi Avenida: Tú puedes, árbol. Tú estás vivo y eres gigante; ayúdame. Me detengo junto a un perro que vaga por la calle: ¡Hola amigo! ¿Tienes frío? ¿Tienes hambre? ¿Estás solo? Eres guapo y tienes cara de bueno. Entre tú y yo no hacen falta explicaciones. Me miras, me entiendes, te hablo: ¡Pobre! Tú no puedes vivir sin amor; yo tampoco. Tú necesitas compañía; yo también... Vente conmigo; voy a tomar un café; te invito a lo que pueda darte. Y me habla: Sin más, me sigue pegado a mis botas y bajo mi paraguas.
Un halo de mejoría me noto. Sí, estoy mejor.
Y esto no es un cuento literario, es una confesión de la que no me siento, precisamente, orgullosa.  Es lo que hay, lejos de todo tipo de inventos para rellenar entradas y salir del paso. Es la verdad dura y pura a la que se enfrentan, nos podemos enfrentar  cualquiera a diario, millones de seres humanos. Muy poco podemos hacer, excepto ayudarnos a nosotros mismos cuando nos toque.



10 dic 2016

Criterios para la convivencia

Buenos días, amigos: De nuevo aquí, en nuestro común espacio, para desearos un día en paz y feliz en los momentos posibles. Y para conjuraron en ser hoy mejores que ayer. 
Como me suele pasar, a la hora de compartir algo con vosotros, dudo si puede ser algo escrito con anterioridad, pero pienso que ¿si yo no me acuerdo, lo vais a recordar vosotros? Tal vez sí, pero no está de más volver a refrescarnos la memoria. 
Bueno, pues, vamos a ello: amigos: no practiquemos jamás el ojo por ojo, porque de hacerlo así, resultaremos dos tuertos. Por el contrario, si devolvemos bien por mal, resultarremos dos videntes.
Un sencillo cuentecito sobre algo al respecto que fue una realidad:
Dos compañeros de trabajo, hombre y mujer, en una reunión de empresa, discutieron. El hombre, en el fragor del altercado, ofendió gravemente a la mujer que, por respuesta, guardó silencio.
Pasado algún tiempo, y mediante carta, con numerosas faltas de ortografía, el hombre pidió ayuda a la mujer para un asunto familiar urgente para el cual la mujer tenía grandes competencias.
Enterados amigos de la mujer exclamaron: ¡es tu hora! ¡Págale con la misma moneda! 
La mujer dijo: no se trata de “cobrar” sino de enseñar.
Y contestó al escrito del hombre accediendo con gusto a su petición, pero procuró que en su texto aparecieran corregidas las detectadas faltas de ortografía.
El hombre leyó y releyó, muy satisfecho, la carta de la mujer cayendo en la cuenta de cómo en la suya había descuidado sus ortografía. Se dijo: ¡vaya si puse faltas! ¡Qué prudencia la de esta mujer! También en aquella ocasión fue prudente. ¡Si señor! Merece mi respeto y sobre todo merece que no vuelva a equivocarme: he aprendido la lección. 
Qué belleza la del otoño! 
Un paisaje multicolor y armónico y toda una lección: 
los seres humanos, si bien distintos, 
también podemos resultar un tapiz del más hermoso jardín, 
cuando nos aceptamos y respetamos.

7 dic 2016

Ser inmaculado, hoy


Mi querida y  preciosa  parroquia de la Inmaculada de mi pueblo, 
Villa del Río, felicidades

Tras mi habitual mirada al atardecer, que me llega por el color del jardín que ronda mi ventana, organizo mi soledad. Hoy, ante mi vista un almanaque  con el rojo de mañana día de la Inmaculada.   
Pues sí, un año más llega el día de la Purísima. Hay fechas que conllevan un halo de nostalgia. Esta, de forma muy particular, me traslada a mis años de infancia y juventud. Sí, yo quería ser inmaculada, blanca, casi quería ser más azucena que persona Y para ello, ¡madre mía!, nada de ropa por encima de las rodillas ni mangas por encima del codo, nada de escotes, nada de bailes… 
¡Pues no pasé veces por el confesionario, cuando iba, con siete años a hacer la Primera Comunión! Y todo  porque no me atrevía a decir que se me había escapado un pedo en la catequesis, que había dado vuelos con mi faldita de pliegues amarilla, que había mirado carteleras, etc. ¡Qué barbaridad de pecados  relacionados con la sexualidad a la que ni remotamente conocía el nombre, y bueno, así llegué tan pura y tan inmaculada a joven que  a pesar de ser medio azucena le di una torta a un chiquillo que me dio un pellizco en el “sagrado”  trasero.

Agua pasada todo esto, fruto de unos años que me tocaron vivir, pero me hice mayor y caí en la cuenta de que todo aquello era una falacia y que ser inmaculada, blanca, casi azucena, hoy, tiene mucho que ver con ser honrada, sincera, humanitaria, solidaria… Y es por eso que lejos de aquellos absurdos anhelos, mi búsqueda   se encamine por los soleados paisajes del amor. Amor a todos los seres humanos hasta dónde pueda llegar con mi capacidad para construir, luchar, reivindicar..., porque, cuando llegue el sublime  momento del adiós definitivo,  no quiero que me sorprenda de brazos cruzados, contemplando cómo el mundo se hace trizas, y yo me elevo en pureza y hermosura en un paraíso que nunca fue.

5 dic 2016

Mayores y Constitución

 Buenos días, amigos: hoy, Día de la Constitución, he querido  dedicar mi artículo a los mayores, ya que, como os he dicho alguna vez, los niños y los mayores son mi gran debilidad, y en este tiempo casi más los mayores que tras una vida dura de trabajo, se encuentran en lamentable estado, tanto económico como social. Por eso, si os apetece leed mi artículo y opinad.

DIARIO CÓRDOBA/OPINIÓNM

 La Constitución Española en su artículo 50 dice: Los poderes públicos garantizarán mediante las pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos de la tercera edad. Así mismo y con independencia de las obligaciones familiares, promoverán su bienestar mediante un sistema de servicios sociales, que atenderán sus problemas específicos de salud, vivienda, cultura y ocio. 
¡Cuántas veces he leído la Constitución! Ayer mismo fue la última y tras escuchar a un anciano que con resignación se lamentaba de no poder comprar las medicinas, no poder poner algo de calefacción, etc. Llega un momento --decía-- en el que el alma no cabe en el cuerpo porque una cosa es querer aceptar y seguir viviendo y otra poder. Me pareció entenderlo, porque los años, pasito a pasito, nos van segando, o al menos debilitando, facultades a todos, pero si a eso le sumamos, tras una vida de trabajos, sin un mínimo de bienestar, la cuesta arriba se hace imposible. 
Mucho valor hay que derrochar ante tan tremendo drama de los que se van aproximando a la vejez o están ya en ella, y se encuentran y se sienten estorbo en una sociedad que no solo se olvida de este sector, sino que los poderes públicos se pasan por alto lo que constitucionalmente les corresponde: suficiente economía, vivienda, problemas específicos de salud, cultura, ocio, etc. 
Ahí quedan los mayores, soportando amenazas constantes a su reducida pensión, y ahí están sufriendo dolores por no poder comprar medicamentos que se los alivien, ni un poco de calor que los minimice y, muchas veces, demasiadas, en soledad. Llega el momento que todo llega a dar error y hasta de alguna manera, hay que justificarse ante los demás por seguir existiendo. Creo que es día y hora para plantearnos una pregunta: ¿somos justos con los mayores?
¿Dónde vas, amigo mayor ante la indiferencia de todos 
que no caemos en la cuenta de que un día nos podemos ver 
soportando la carga de seguir viviendo? 
Tú no eres un estorbo, tú no eres una carga, tú mereces cariño, calor, atención... 
tú mereces seguir viviendo