Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

21 sept 2016

Ya estamos en el otoño

Buenos días, amigos: Quiero estrenar años, estaciones, días, quiero celebrar, especialmente, este otoño y compartirlo con mis amigos. No quiero  eternizarme en una portada, ni en un perfil…, en nada. No soy la de ayer ni seré la de mañana.
Ya  estamos en el Otoño. Doblan de nuevo las campanas.
Empieza el mes de Ánimas. Llega un año más el día de los Difuntos...
Y hojas que vuelan, y pájaros que emigran y tormentas, chaparrones... recuerdos, nostalgia,  música, sí, regazo  de agua clara, latidos cálidos que se escapan de la lira que es mi alma.
Y en este mi solitario bosque de felicidad un puñado de diáfanos paisajes, nevada colmena que late por las celdillas, mieles de mi corazón, que se avientan y  tornan ecos que se funden con el negro... negrísimo yermo.
Estamos en el Otoño... Chirriar de pozos, voces y ladridos lejanos, soledad, murmullo del viento en las polillas de mi cabeza, sierra que se va quedando sola y oscura,  cóctel de nostalgias y recuerdos que se  me hacen presentes, que me paralizan en el tiempo, que me llevan…¡no sé a dónde!, pero…, no, tengo que seguir este otoño, tengo que sentirlo, vivirlo… Unamuno me lo dice: jamás desesperes, aún estando en las más sombrías aflicciones, pues de las nubes negras cae agua limpia y fecundante.

Y la puerta de mi lavadero, ya ha vuelto a su pum, pum… Es la llamada del otoño; voy a recibirlo, voy a darle un abrazo.  

En mis ojos, una lágrima, en mis labios, nada.    

18 sept 2016

Amanecer

HOY, DOMINGO, TAN SOLO  UNA "POSTAL"

                                             
             ¡QUÉ MARAVILLA EL AMANCER!

12 sept 2016

Un canario, por favor


DIARIO CÓRDOBA / OPINIÓN
Isabel Agüera Espejo-Saavedra


Silencio y balbuceo de los mayores en las plazas, silencio y murmullo del agua en las fuentes, canto que embelesa en sonoros trinos, la paz de los pueblos. De mi pueblo, Villa del Río.


 Animada tertulia matinal en la radio. Bla, bla, pactos, independentismo, corrupción, agresiones verbales, voces, etc. Y claro, los asiduos radioyentes o televidentes, en este vaivén de opiniones encontradas y, sobre todo, tan repetitivas, tan exacerbadas un día y otro, oímos pero no escuchamos. Lo cierto es que estamos asfixiados de tanto más de lo mismo, y las tertulias se tornan ruido más con el que convivimos y en el que las palabras, en el mejor de los casos, se perciben como letanía sin más respuesta que «ora pronobis» o la indiferencia y apagón del aparato.
Pero he aquí que uno de estos días, cuando intervenía un oyente, los trinos de un canario irrumpieron arrolladores por las ondas. ¿Novedad, belleza, gracia, sorpresa? Tal vez un poco de todo enmudeció y hermanó en un escaso minuto a contertulios y oyentes.
El don precioso de la palabra –dice Barón de Holbarch-- debe servir a los hombres para comunicarse sus pensamientos, para socorrerse mutuamente, para transmitirse las verdades útiles, y no para destruirse y engañarse recíprocamente. Es cierto que vivimos en una época de evolución sorprendente en el área de los medios de comunicación, reduciéndose así las distancias, las ideas, los tiempos… A pesar de este avance prevalece un factor que ha sido siempre catalizador de las relaciones humanas: la palabra y el comunicarse a través de ella es la más primitiva pero la más efectiva forma de formar, informar socializar…
Pero la palabra hoy está devaluada, y ha dejado de ser camino que conduzca a la verdad, para transformarse en vehículo de radicalismos encontrados. Tal vez precisemos la voz de un simple canario para sorprender, aunar y embellecer nuestras trilladas rutinas.
No hay espejo que mejor refleje la imagen del hombre que sus palabras. L. Vives. H

* Maestra y escritora


11 sept 2016

ESPESA NIEBLA

Cualquier día puede ser otoño o invierno en nuestras vidas. No importa la fecha, que no es nada, importa nuestra actitud al amanecer cada día y encontrarnos que siguen en pie nuestras grandes dificultades, nuestros "gigantes" problemas, espesa niebla que quiere eternizarse en ellos.

MONÓLOGO

No te saldrás con las tuyas, espesa niebla que todo lo blanqueas esta mañana. Crecerá el día, ya lo verás, devorando el blanco sopor que esparces como sábana de un absurdo fantasma.
No, no te tengo miedo, nube-niebla que osaste borrar de mi vista paisajes de mar, tierra. cielo… Llegará el sol, apagando tu reinado, y mis ojos se reencontrarán con el árbol al pie de la ladera, y con los pájaros emigrantes que surcarán mi cielo crepuscular,
y encontraré el camino de ayer, memoria perdida de las cosas que fueron, el presente feliz de mi infancia. Crujir de tejados, aullidos de perros, goteras en palanganas y cubos... Humo blanco, humo negro, humo a borbotones en fríos amaneceres, en ancestrales chimeneas: gatos, palomos, botijos, sillas, voces...en el atardecer del jardín.
¡Anda, niebla, vete ya! Me hiciste revivir historias que son índice del ayer, historias que no me sirven como capítulos de mi hoy otoñal en tu mañana de niebla densa.
¡Anda, niebla, vete ya! Mi vida seguirá persiguiendo, luz, aliento, rayo que busco, que me sostenga, luz, aliento, rayo , surco donde todavía sea posible la sementera de una sonrisa, de una palabra, de un beso, de una lágrima…
¡Venga! ¡Aúpate a tu reinado, sábana blanca! ¿No ves que mi vida, más que te pese, sigue y sigue, tonta niebla? Sí, hasta que mi arcaduz se pare definitivamente, hasta que el pozo se seque para siempre…, pero. ¡mira, mira; te disipas, sí, ya, ya apunta el sol!
Hola, sol, te esperaba porque soñé contigo y los sueños no son sueños; son la realidad que fuimos, que somos y puede que hasta realidad que seamos o ¿tal vez un cóctel de todo...?




4 sept 2016

Abrazos y pipas

Buenos día de domingo, amigos. Mucho, mucho calor en Córdoba, cercanos a los 44 grados, aire que quema, literalmente. Pero supervivimos los cordobeses: abanicos, aire acondicionado, quién se  lo  puede permitir, agua fresca y, ¡a vivir!
Ayer fui testigo de la siguiente anécdota que hoy comparto con vosotros.


Diez de la  noche. Terraza de un  típico  bar cordobés.  En corta separación un matrimonio de avanzada edad, con una botella de agua por delante, comen pipas y de vez en cuando se abrazan.
Dada la cercanía, los miro y exclamó: ¡sana envidia!  La mujer, bajita, pasada de kilos, con poco, canoso y acaracolado, cabello, pegado al casco, me mira, sonríe y dice: ¡cincuenta aniversario, cincuenta años, señora, eso que le llama bodas de oro,  hace que nos “casemos”; lo estamos celebrando.

Y sí, me emocioné, y no por los cincuenta años de  matrimonio, que me es indiferente lo que cada uno quiera hacer en su vida, mientras  no  haga daño a los demás, me emocionó  y envidié aquellos cincuenta años de amor, aquella humilde, muy grande para ellos, celebración de  abrazos y pipas.

1 sept 2016

Caminos rotos

  

Buenos días, amigos. Vamos por otro viernes caluroso, primer fin de semana de este septiembre que no volverá. Vistámoslo de gala con las mejores pinceladas que podamos dar al lienzo de nuestras vidas.
Hoy, un breve, muy breve relato. Espero que os guste y, sobre todo, nos sirva para ser un poco más solidarios con los mayores, enfermos, etc.

Esta  fotografía fue autorizada por este hombre, 
expresión de bondad y amor.

CAMINOS ROTOS
Él, anciano de pelo muy cano que le rebasaba el ala de un destartalado sombrero,  mirada grande, palabras pacientes, tiernas, murmullo de caricias infinitas. Pasos cortos, torpes, macilentos, viejos… Manos agarrotadas por una galopante artrosis.
Ella, rebosante de carnes blandas, en un sillón de ruedas, apenas hablaba, apenas se movía, apenas rastro de ser humano, bulto vegetal que, de vez en cuando, en un  galopante alzhéimer, mascullaba ininteligible y agrios,  sonidos.  .
Él y ella, inquilinos, por caridad, de una mísera habitación por casa. Matrimonio de toda una vida, cargados de hijos, en soledad y abandono, convivían.
Ella, estática, eclipsada, perdida… ¡Sabe Dios! 
Él, amor a flor de piel, escuchaba y respondía a sus exigentes silencios e incansables urgencias: sí,  ya te voy a dar de comer, ya te voy a lavar, a peinar, a poner guapa. ¡Ya voy! ¡Ya mismo voy!
Él y ella, a veces, en silencio, se miraban, como queriendo reverberar, con fervor de lágrimas, migajas de recuerdos, voces ahogadas, silencios de años, caminos rotos…