Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

Mostrando entradas con la etiqueta residencias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta residencias. Mostrar todas las entradas

11 may 2015

Mayores en Residencias

 DIARIO CÓRDOBA / OPINIÓN
 12/05/2015

Una vez más es noticia en los medios de comunicación el mal trato recibido por ancianos en una residencia.
Bien sé, y conozco de primera mano, que esto no es lo normal en centros donde, por lo general, los mayores reciben atención y cariño, pero un solo caso como el mencionado, creo que no debe quedar zanjado en un telediario. Y más que a los centros que de forma tan vejatoria tratan a los ancianos, yo culparía a los familiares que no controlan, visitan, se preocupan, etc., de ellos y de saber cómo son atendidos en cada momento.
Sucede que, a veces, cuando un mayor ya no sirve ni para cuidar de los nietos, nos lo quitamos de en medio como mejor creemos o podemos. Y es verdad que, cuando una persona mayor o joven padece esa tremenda enfermedad del alzhéimer, cuando no conoce, ni sabe, ni entiende, al menos para mí quisiera una residencia porque de lo contrario se esclaviza y hasta se acaba con la vida de los hijos que nos soportan pero que, no obstante, no pueden llegar a suplir todas las carencias y necesidades que, a cada paso, precisa un enfermo.
Mi preocupación por los mayores me ha llevado a concluir que, a veces, nos olvidamos de la dignidad con la que deben ser tratados y que nada tiene que ver ni con años, ni con enfermedades. Los acusamos de egoístas porque se resisten a abandonar sus casas, los tratamos de tacaños porque miran más por el dinero, los calificamos de nostálgicos cuando solo le quedan recuerdos, lágrimas y dolencias.

Y no creo que se trate de egoísmo la resistencia a abandonar el hogar. Es que los mayores precisan un espacio, un ambiente, etc.  y no solo una cama. No creo que se trate de tacañería sino de las muchas necesidades básicas a las que tienen que hacer frente con una mala pensión. 
Callan lágrimas y dolencias, refugiándose en los recuerdos por no crear más problemas, pero ahí siguen con un espíritu joven dentro de un cuerpo que no responde.
Lo dieron todo por nosotros; paguémosle con algo.

8 may 2015

Residencias y mayores

Amigos/as: anoche  en el telediario, una vez más, hablaban del mal trato dado a los ancianos en una Residencia. Se me conmovió el alma. Y busqué y releí capítulos, fragmentos de mi novela titulada Limite de Eternidad cuyo prólogo escribió el gran crítico andaluz Ortiz de Lanzagorta refiriéndose a esta novela como lo mejor que había leído en narrativa andaluza. La edición fue tan corta que el Ayuntamiento de mi pueblo la compró y ahí quedó todo. 
Trata de un maestro mayor que en una Residencia escribe a sus hijos, contándole su pasado y su presente. Es una novela realista,   de gran ternura, compresión, amor etc. por todos, pero es también un estudio psicológico de personajes.
Es por eso que  he dejado  hoy atrás, como paréntesis, mi Álbum de recuerdos, y me refiera a un fragmento de  esta novela


Mi buen amigo y compañero Carmona esperaba hoy a su hija y nietos. Durante todo el día, a pesar de su acostumbrado pesimismo, hoy, desde bien temprano, lo he notado  con un gesto de felicidad que le salía a flor de boca:  ¡Veremos a ver esos pillines de mis nietos que le traen al abuelo! –ha exclamado-. Mi yerno también viene, aunque mi hija es la que dispone  pero  él me quiere, y yo no tengo queja. Lo hace muy bien con mi hija, y conmigo, que cuando paga la Residencia, le queda bien poquito de mi paga.
Pero, a medida que ha ido cayendo la tarde, Carmona, bien arreglado, sentado en un poyete del caminillo de entrada, esperando el coche de la familia, se ha ido poniendo triste, como si, poco a poco, se fuese desvaneciendo su alegría: no han venido –me dijo con lágrimas disimuladas
No obstante saca fuerzas para conservar su humor y disculparlos: ¡no, si yo me estaba figurando que no iban a venir. Me decía que la chica estaba un poco tontilla con las vacunas. Seguro que la tiene mala. De no ser así, ellos hubieran venido por encima de todo.
¡Pobre Carmona! ¡Si su hija lo hubiera visto toda la tarde esperando, apoyado en su marrilla, con la gorra hasta los ojos y su rostro feliz al principio y preocupado después, y su mirada transpuesta  en cada coche   que entraba y salía...!
La madre Marcela tocaba la campana anunciando la hora de la cena, ¡Vemos, hombre! - exclamé-; otro día vendrán. Vete tú, Paco. Esperaré otro poco por si hubiesen tenido algún percance con el coche.
Tarde, muy tarde, la hermana Marcela lo entraba al dormitorio. Al paso lo oí exclamar: ¡Si es que ya somos un estorbo!

Soledad de los ancianos, que hemos aprendido a tragarnos los malos ratos y seguir sonriendo, aunque nuestra sonrisa, bien entendida, sea la expresión de nuestras lágrimas por el olvido y soledad en que nos dejan nuestros seres más queridos.

 Hasta aquí, un relato de esta novela real como la vida, un relato para reflexionad y entended que no es devoción el atender a los padres sino obligación.