Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

10 jul 2020

Lectura en vacaciones

Diario Córdoba / OpiniónIsabel Agüera



Desde hace años comparto vacaciones de verano, sobre todo, con mis nietos. Son días entrañables para todos, pero especialmente para los niños que, durante todo el año, se lo pasan planeando para el mes de vacaciones.No obstante, llegado el momento, la sombra de las tareas es como nube gris que tratan de despejar cuanto antes. Como maestra de tantos años y también como abuela, los comprendo y si bien los padres les ayudan, yo procuro también hacerlo, pero a mi manera. Por una parte, considero que la gran tarea que se les impone, libros determinados de lectura, es una auténtica aberración. La lectura no puede ser tarea y mucho menos castigo y menos aún títulos impuestos sin tener en cuenta gustos e individualidad. En tono coloquial, suelo repetir a padres y maestros que los textos tienen que salir de los libros y andar por casa e incorporarse a la vida. Es decir, tienen que dar frutos, pero para eso es preciso algo más que una mera y rutinaria lectura, obligada la mayoría de las veces. La lectura debe ser trascendida, lo que equivale a considerar y reflexionar sobre todos los valores que conlleve de forma que pasen a engrosar parte del arsenal de gestos y actitudes que hay que propiciar en los lectores, en general, pero sobre todo en los más jóvenes. Para ello se precisan estrategias que sitúen a los lectores en una motivación tal que la lectura se eleve a un nivel de auténtico placer. De forma muy breve quiero apuntar aspectos imprescindibles para lograr tales objetivos. Las historias narradas en los libros se deben comentar sobre todo en vacaciones con padres y mayores en general. Los personajes deberán ser objeto de estudio, evaluación, debate, etc: cuál es el más generoso, cuál el más divertido, cuál el más tímido, etc. Los personajes deben trascender a la vida de forma que, con espíritu crítico y opinión personal, se puedan establecer comparaciones, buscando siempre fórmulas para cambiar, mejorar o aplaudir.

9 jul 2020

Mi beso marinero

Tírale un beso a tu mar! ¡Un beso, marinero!
Mi beso de tierra adentro.  ¡Cógelo! ¡Allá va! 
Quiero al despertar de madrugada
mirar al cielo y soñar que mi beso, 
navecilla sin rumbo,  navega, 
 música en  proa, de soledad
¡Ríe que ríe tras el azul infinito de ese tu bello  mar!
¡Tírale un beso a tu mar! ¡Un beso, marinero!
Mi beso de tierra adentro...  ¡Allá va!
Quiero, entre arreboles de ocaso,
ver que mi beso no encalla, ver que mi beso se salva, 
ver que mi beso se va...
¡lejos, muy lejos, con la luna, con las olas...!
¡Adiós, adiós, beso mío, no mires atrás!
Mi beso, marinero, pongo en tus labios de sal!
Que ice velas sin retorno, que navegue a la deriva, 
que navegue sin rumbo... ¡Qué más da!
Tus labios, ¡qué senda de luz para surcar!     
¡Pero no te lo quedes, marinero!
 ¡Tíralo, sin miedo, a la mar!


30 jun 2020

LAS HUERTAS


Queridos amigos, último día de este caluroso junio. Vamos a despedirlo de lujo porque no volverá; se nos va  para siempre. Ya mañana será historia.
Hoy, con bastante prisa, por lo de resolver temprano asuntos que no faltan, vuelvo a los veranos de mi pueblo.
¿Nos vamos a la huerta? Seguro que todos estáis listos para acompañarme.  En las tardes de verano, mi padre, de vez en cuando, nos llevaba a la huerta del Solo –última residencia del pintor Pedro Bueno-. ¡Qué sueño eran las huertas! Silencio, roto por  el ruidito del agua  al caer por los arcaduces de una noria chiquita que, lentamente, movía un borriquillo, dando vueltas con los ojos vendados, alrededor de una alberca donde se lavaban hortalizas y dónde muchos niños se bañaban. Y qué agradable era pasear por entre las planteras de tomates, pimientos, lechugas, canalillos del riego, olor fresco  que manaba la tierra, árboles frutales y algún que otro perro vagando lentamente  al compás de nuestros pasos. 
La huerta era también nave de canastas, herramientas y muebles destartalados que, no obstante, me provocaban curiosidad y cierta intriga como si algo más se escondiera tras aquellas  ingenuas realidades  que a simple vista se mostraban. 
Lo que más nos gustaba a los pequeños era el espantapájaros que  en medio de la huerta se erguía gracioso. Parecía un hombre de verdad, un hombre de palo: brazos erectos como si fueran  aspas de una maltrecha cruz,  un viejo sombrero de paja, que le caía tapándole un siniestro e inexistente rostro, bufanda de cuadros rechinantes, que le llegaba hasta el suelo, y chaqueta panda como la de un  viejo payaso. Gorriones, bandadas de gorriones acudían a la huerta con el crepúsculo. Recelosos, no se fiaban del espantapájaros, Parecía como si todos a la vez, mirándolo, se comunicaran: ¡cuidado! ¡Hay un hombre!
Y en la huerta llegaba la noche entre cantos de grillos, gruñidos de perros, piruetas de gatos por las viejas sillas esparramadas por una pequeña explanada, acceso al cobertizo de hortalizas recogidas, y el olor húmedo de la tierra. 
¡Cómo recuerdo aquel paraíso que me parecía la huerta! ¡Y cómo puedo degustar todavía el sabor agridulce de aquellas perillas de san juan  que el hortelano nos regalaba! ¡Cuántos recuerdos que no quiero arrinconar porque en su día fueron sueños de niña, fueron vida fecunda en sentires que se iban escribiendo  en la pancarta de mi alma!
Y siempre, al regreso, el alborozo de unos tomates regalados, unos pepinos o un manojo de rabanillos que todavía veo lavar en la alberca. Algunas tardes los paseos a la huerta terminaban en melonares propios o de familiares, y lo primero, casi un sueño, el guarda en su choza pequeñita y casi mágica, que salía al paso. Después, rozando la noche, el degustar aquella deliciosa  fruta que era diestramente elegida y repartida, a corte de navaja, por el diestro guarda.No sé por qué me llenaban de misterio aquellas chozas. Me parecían dibujos de un libro de cuentos, y esperaba que en ellas hubiera algo más que un camastro y el asiento de una vieja silla, realidades que al comprobarlas, una y otra vez, me dejaban triste.
Un día le contaba a mis nietos un cuento que empezaba así: Esto era un hombre que sólo tenía una choza para vivir… ¿Qué es una choza, abuela?  -me preguntaron con curiosidad- Cuando se lo expliqué, a una, exclamaron: ¡Qué guay! ¿Hacemos una? Y en el ardor de la siesta en la terraza, con mantas, telas que buscaron, palos y pinzas de la ropa, lograron lo más parecido a una choza, si bien el calor los espantó pronto. También en el jardín de mi casa y con mi amiga Leo, hacíamos escondites parecidos.Nunca me he parado a investigar por qué a los niños les gusta estar escondidos, tapados, cobijados. 

27 jun 2020

VACACIONES Y NIETOS






Hoy, y dada la proximidad de vacaciones y dada la frecuencia con la que los hijos encuentran un respiro  para dejar  a los hijos con los abuelos, “guardería segura y barata”, me voy a pronunciar de nuevo, RESPETANDO AL MÁXIMO  LA DECISIÓNES PERSONALES:
No, no soy partidaria de que los abuelos se hagan cargo de los nietos, y no es una opinión sin fundamento. Psicólogos y  profesionales de alto nivel opinan que es una opción  que no beneficia ni a los abuelos ni a los nietos.  Por un lado, los nietos, niños, precisan mucha actividad, atención, movimiento, etc. Por otro lado, los abuelos, en su mayoría no pueden dar satisfacción a las vitales necesidades de los nietos. ¿Y qué hacen? En su gran mayoría dejarlos todo el día con el móvil o viendo la tele: sentados y callados. ¿Sabéis cómo se les llama a los niños educados por los abuelos? MAMOTRETOS que significan traste, armatoste, etc. Niños consentidos, por lo general sin que hayan desarrollado capacidades, habilidades, etc.Repito para que nadie se confunda que sé de sobra todo lo que vais a decir , pero no me vale: hay otras soluciones. Y repito con mayúsculas: RESPETO TODAS LAS OPCIONES.En mis obras, en dos al menos, podéis encontrar muchas alternativas  de convivir de forma productiva con los nietos.También para los abuelos hay JAMASES, jajajajaja. JAMASES PARA BUELOS CONNIETOS 1)   Jamás debe sentirte obligado a ser el canguro de tus nietos.
2)   Jamás debes mentir a los nietos. Si no puedes decir la verdad, sencillamente exprésalo así, pero nunca mientas.
3)   Jamás debes desautorizar a los padres. Si opinas que están equivocados, debes tratarlo en privado con ellos.
4)   Jamás, por ningún motivo, debes chantajear a los nietos.
5)   Jamás debes asustar a los nietos para conseguir determinados fines.6)   Jamás debes estar dispuesto a consentirlo todo. Hay que dilatarse pero no derretirse.
7)   Jamás debes hablar de forma negativa a cualquier manifestación sexual natural de los pequeños.
8)   Jamás debes llamar pecado a una palabra soez o grosera, aprendida de los adultos.
9)   Jamás debes hablar demasiado del cielo, de Dios de la Virgen, de la muerte, etc. Puede suscitar preguntas para las cuales no vas a tener respuestas.
10)     Jamás sermonear acerca del pasado como mejor tiempo.
11)       Jamás silenciar la opinión de los nietos. Primero escuchar, despué
12)       Jamás debes disimular tus achaques; tampoco abusar de ellos ante los nietos.
13)      Jamás le prometas cosas que no vas a cumplir.
14)      Jamás permitas que estén todo el día ociosos o pegados a un móvil. Asígnale pequeños trabajos: limpiar el polvo, regar macetas, ordenar cajones, etc.
15)       Jamás olvidar que los nietos son el futuro que pasa, casi milagrosamente, por tus manos, un futuro que debe  culminar en una auténtica obra de arte y que para ello, mucho esfuerzo, preparación y salud ante todo.