Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

21 abr 2018

Entrega de premios Poesía de Niños


Un año más, se celebró en mi pueblo, Villa del Río, 
la entrega de Premios de Poesía par niños.
Fue un acto entrañable de lectura: cuentos, poesía y  tambien, merienda.




17 abr 2018

DÓNDE ESTÁ EL PODER


DIARIO CÓRDOBA / OPINIÓN

Con alumnos de diez años, debatía sobre qué les gustaría ser en el futuro. Por unanimidad contestaron: reyes, princesas, famosos... ¡Cosas así! Una chavalilla, de pronto, me interpeló: y a ti, maestra, ¿qué te gustaría ser? A mí --contesté--, lo que soy: maestra y escritora. Los maestros y los escritores --concluyeron todos-- ¡no tienen poder! Terminó el debate sin más contestación por mi parte. Seguiremos --les dije--. Ahora no tenemos más tiempo. 
En silencio, retomaron su trabajo. De pronto, exclamé en voz alta y como sobresaltada: ¿qué ha sido eso? ¡Qué extraño! ¡Qué cara más rara se ha asomado a la ventana! Voy a echar la persiana. Los alumnos exclamaron: ¡qué miedo, seño! Llame al director. El director --contesté-- no está en el Centro, pero escuchad un momento: en un instante os he dicho una mentira y una verdad. Todo lo habéis creído. Es mentira que alguien se haya asomado a la ventana y es verdad que el director no está en el Centro, pero quería demostraros que el poder, a veces, solo es el arte de engañar a los demás, como he hecho yo. 
Un alumno me interrumpió: ¡sí, mi padre dice que ese es el poder de los políticos! La verdad también es poder y hay políticos que no engañan --añadí--. El mismo alumno exclamo: ¡bueno, pero casi nadie los cree! El poder de la verdad es chico. ¿Cuál es el tuyo? Como todos, ya lo habéis visto --contesté--, puedo tener los dos, pero estad seguros de que solo ejerzo el poder de la verdad. 
El alumno, exclamó de nuevo: ahora nos has mentido. 
Aquel día aprendí algo importante: los alumnos creían en mí ciegamente. No obstante, en aquella ocasión, y aun con la mejor voluntad de que entendieran que el poder no es solo cosa de los «grandes y populares», les había mentido. ¿Seguirían teniendo su total confianza en mí? Jamás, jamás --me dije-- se debe usar la mentira como arma. El verdadero poder reside en la verdad.


9 abr 2018

De la rosa natural y la rosa artificial




  En una casa, y expuesta en un hermoso jarrón, lucía una rosa artificial que la dueña compró en un mercadillo.
Un día, le regalaron a la mujer una hermosa rosa natural de color rojo aterciopelado. La mujer, cogió el jarrón y, quitando la rosa artificial, colocó la natural de la  cual se sentía orgullosa y mostraba a cuantos visitantes llegaban a su casa. Repetía:
-¡Mirad qué pétalos! ¡Comprobad su perfume,  su tersura...! ¡Qué belleza! ¡Tan sólo entrar en la casa se puede percibir su existencia!
La rosa artificial, relegada, sintió envidia y exclamó:
-Pronto volveré al jarrón. Tu vida es tan corta… Pronto, muy pronto, empezarán por ajarse tus pétalos y después, morirás para siempre. Mi vida, por el contrario, es eterna.
La rosa natural  contestó:
-¿Cómo hablas de vida?  Tú no sabes nada de lo que es nacer, crecer, alimentarse, también envejecer... Tú no conoces el lenguaje de los insectos, ni has percibido jamás  los vaivenes del viento, del frío y del calor. Tú, sí, eternamente, naciste muerta.


6 abr 2018

Pan, María



Capillita callejera, en la que una blanca imagen, velas encendidas y flores, 
me invitaron a pedir: Pan, María.

No puedo recordar los días; tampoco el lugar  y mucho menos el por qué. No obstante, lo oí contar tantas veces a mi madre que me veo y me oigo, cuando aún mis palabras eran tan sólo balbuceos, repitiendo, ante un cuadro de la Virgen Milagrosa,  dos, sólo dos palabras: PAN, MARÍA
Sí, ahora lo sé. Corrían los difíciles años de la posguerra. Un hálito de miedo, de miseria, de ausencia total de ilusiones se entronizaban en la rutina de los días, días que, cual río sin  más caudal que la lejana mirada hacia un mar de deseos, se nutría de fe y espinosos recuerdos.
Han pasado años, ¡muchos años! En mí jardín crecieron rosas; también espinas. La vida es eso: caminar por los infinitos laberintos de esta nada o de este todo que somos, rozando, eso sí, rozando siempre una plegaria que se torna suspiro, queja, palabra… La mía, aquella que no abandoné jamás, en la que un día descubrí se escondía la maravillosa ingenuidad de los niños, y la sabiduría del que sabe conformarse, ser feliz con lo básico y necesario, ha sido siempre, Pan, María.
Corren tiempos en los que el ser suele confundirse con el tener. Es decir, queremos ser  a toda prisa, y  ser algo  tan sobresaliente que ante nadie pasemos  desapercibidos, y para eso el mejor coche, el más sofisticado artilugio, la última novedad, las más costosas, voluminosas y  ostentosas celebraciones           
¡Qué necia filosofía! Por mucho materialismo que impere, para mí, al menos, jamás fue verdad aquello de “tanto tienes, tanto vales”. No es más, ni vive mejor el que más tiene, sino el que sabe valorar el “pedazo de pan” que se come cada día, fruto de esfuerzo, superación, conciencia plena del ser.
Por otra parte, todo lo que sobra afea. Sí,  nuestros hogares, nuestras vidas carecen de belleza por casi la absoluta falta de espacios vacíos. Tener exceso de todo nos impide gozar la belleza de la nada. La belleza, lo mismo que un árbol, cobra solamente valor aislada en el espacio (A.M)
Hay un tipo de belleza por la que particularmente me inclino y que tiene por lema: nada en exceso; eliminar todo lo superfluo. Creo, no obstante, que a esa conclusión se llega tras un proceso de madurez, en cuyo camino se ha tratado de construir, reflexionar, interiorizar… 
En este imparable río, que,  en definitiva, es nuestra vida,  lo importante son los arroyos que pueden aumentar nuestro caudal, pero la  hojarasca, la lima, la contaminación… no dejan de ser factores que enturbian nuestras aguas. No por mucho arrastrar es más bello nuestro paisaje.
Amigos, elevaemos la vista al mundo que se muere de carencias, elevemos nuestra plegaria al cielo   y aunque sólo sea por una vez, pidamos de corazón: ¡Pan, Dios! ¡Pan, María!
Y notaremos como al simplificar quedan espacios para soñar y, sobre todo, para amar.