MI AVENIDA: CARLOS III, CÓRDOBA
Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera
14 jun 2020
11 jun 2020
Voces
MI salita, esta solitaria biblioteca, bosque de felicidad, tiene voz que entona canciones de amor a mis sueños de niña que hoy como ayer sigue empeñada en bordar la sutil luz del amanecer.Aquí, como entonces, bajo la fotinia, ayer, de aquel jardín que fue mi casa, de cara al frailecillo loco de la veleta, frente al arrullo del palomar, cobijada hoy en un sillón que me acoge en cálido abrazo sigo empeñada en descifrar misterios, perdida entre malvas, perdida en el inmenso prado de la vida, perdida en cientos de libros salidos al tecleo de viejas máquinas de escribir, ayer, y de mi ordenador, hoy Dime viejo fraile loco, veleta de tantos vientos, ¿Por qué no cesas en tus devaneos con todos los aires que soplan y pactas con la hora calma? ¿Por qué te empeñas en hacerme creer que vives? No, no me asustas. Tú tan sólo eres un muñeco a merced de tu amo el viento. Un grotesco fantasma, marioneta de soplos caprichosos. Sí, ya lo sé: así también nos movemos los humanos, con amos que no0s hacen girar hacia sus conveniencias. No, yo no me moveré.Decidme, vosotros personajes de mis obras, vivos, a pesar de los años, cuál es el misterio que os mantiene eternos. Lucrecia, amiga del alma que tantas veces me la jugaste, pero me querías. No, no éramos tan distintas. Te esigo queriendo, viviendo... ¿Y tú Francisco, Paco, resignado en la Residencia a que te hablaran de tú, algo que en tu exquisitez considerabas casi un insulto, pero sin olvidar a tus hijos, nietos, alumnos..., escribías y enseñabas a aquello pobre anciano de manos secas por el trabajo y que te decía: nunca fui a la escuela? ¿Y mi querida Manuela? ¿Y Carlacas con sus sueños? ¿Y Carlota en lucha por deshacerse de aquellas vestiduras que la aprisionaban? Y tú, mi querido José... Tantos personajes como me rodeáis, me habláis de vida; también de muerte: mi querido Sergio, Rafael, Juan... Yo os escucho, os quiero, os siento... No os borraré de mis recuerdos, amigos sacados de mi nada pero con vida propia. Ya sois ecos de la vida, de la canción que cada amanecer me susurra por el alma y que un día entoné hechizada por el azul crecido en la plenitud de mi soledad y os prendisteis en mí para siempre.Allí, entre enredaderas, miraba, sonreía, soñaba… escribía. Y yo era niña de cuentos, niña de magia y secretos, niña de cristalitos y pétalos de rosa, niña de pajaritas de papel y muñecas de trapo… Yo era niña, entonces, y ahora, crecida, más que por años, por momentos agridulces de la vida, me siento caminante solitaria, me siento soledad y olvido… ¡Poca, muy poca cosa!
Yo creo, veleta de mi infancia, que
aquella niña sigue hoy, cantarillo que, sin rencor se llena de esperanza, de
emoción infinita al oler la rosa, al oír el viento, al ver cómo pasan las
nubes… Emoción y esperanza que me nació allí, entre enredaderas y flores, en un
bello jardín, acariciando siempre un mágico
sueño, sueño que seguirá vivo en mi mientras viva y seguirán viva esa multitud
de personajes que descasan en mis libros con los que puedo comunicarme
porque saben de mí, y ellos me deben ser un presente escondido pero que esperan
ver un día la luz.
No, no estoy sola, soy multitud.
8 jun 2020
4 jun 2020
2 jun 2020
CUANDO RUGE LA MARABUNTA
DIARIO
CÓDOBA / OPINIÓN
ISABEL
AGÜERA
La
madrugada del sábado me desperté con un programa de Radio Nacional sobre los
mayores y el coronavirus. Un ligero escalofrío me corrió de pies a cabeza, y no
solo porque los ancianos han sido siempre una de mis debilidades sino porque se
me representó en una viva moviola la historia vivida hace unos años. Al cruzar
la zona ajardinada de un bloque, camino de mi colegio, me encontré con Jacobo,
un día de junio. Sentado en un poyete, con la barbilla apoyada en una prosaica
marrilla, con la mirada turbia, con labios pastosos, con manos temblorosas, con
voz lejana me susurró: ¿me puede decir la hora? Las tres -le contesté,
sentándome a su lado- ¿Espera a alguien? Como si en su mirada no hubiera más
caminos que constatar las manecillas de mi reloj, tras unos segundos, sumergido
en un reflexivo silencio, exclamó: ni espero ni me esperan. Ya lo tengo todo
hecho y lo único que hago es estorbar. Aquí vengo y espero a que mi nieto salga
de la escuela. Así me quito un rato de en medio.
Pasó el verano y, al regresar
al jardín, esperé encontrarme con Jacobo, pero entre la espesura de arbustos
escuché la voz de un niño que me decía: El abuelo se ha muerto. Noté que se me
rompía el alma, y esta madrugada, cuando daban la cifra de mayores muertos, me
estremecí de pena, de rabia, de impotencia porque no era Jacobo, era nuestro
querido Parlamento, donde los políticos parece que lo único que les interesa,
antes tan terrible pandemia, mientas ruge el número de muertos, de contagiados,
maltratados, etc, es tirarse trastes a la cabeza y a ver cual más ingenioso, más
ofensivo, más descalificador y humillante.
Como ciudadana que oigo, veo y
pienso, no puedo comprender que no haya un olvido político, y sí un consenso
para entre todos buscar soluciones que atañan a la salud del pueblo y no a sus
intereses políticos, que nos tienen hartos. A veces leo cosas en Facebook que
no contesto, pero qué poca responsabilidad, qué poca vergüenza, mientras ruge
la muerte alrededor de todos, lo único, quítate tú que me ponga yo.
MAESTRA Y ESCRITORA
1 jun 2020
EL ENCUENTRO
En el jardín lo recordaba en
cada paso, en cada árbol, cuya sombra habíamos
compartido, en bellas poesías que elevaban nuestro espíritu a dimensiones de
amor y belleza, y lo recordaba en cada
mirada de horizontes y sueños perdidos.
No soportaba el peso de aquella
ausencia, que me dolía en el alma, ni el vacío de aquellas florecillas que él
cada día depositaba en mis manos, ni el silencio de la hora que sólo rompía el
súbito y fugaz paso de trenes...
Pero él, en un soplo de palabras que aventaba el suave fresco de la
mañana, me dijo un día: la tristeza es un muro entre dos jardines. Si alguna
vez te sientes triste, sola... derriba el muro y volveremos a encontrarnos.
Solo nos puede separar el muro del olvido.
Y, apartando la hojarasca de
pensamientos negros, golpeando fuerte en el muro de los recuerdos, en un soplo
de palabras que aventaba el suave fresco de la mañana, encontré respuesta: No, no estoy sola en el jardín; he vuelto a
encontrarte. Dejaste huellas en el albero de estos caminos. Sí, la
poesía sigue viva en el mundo. ¡Ya, ya
pongo mis pasos sobre ella! ¡Ya, ya vuelvo a caminar ligero! Ya te he recuperado
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