Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

20 may 2020

EMPEZAR D ENUEVO

DIARIO CÓRDOBA / OPINIÓN
ISABEL AGÜERA

   

El, escuálido, enfermo, con deslucido uniforme de soldado, abrazando a un tiempo a mujer y cuatro hijos, empuja con rabia contenida una puerta y exclama: ¡Al fin estamos en nuestra casa! Ella, cobijada en el abrazo, casi niña de un día, vivido en los horrores de una guerra, lloraba y repetía: se lo han llevado todo; no tenemos nada. Pero él, con los soliviantos de bombas y trincheras golpeando todavía sus sienes, levantó la vista al cielo y exclamó: ¡Pero estamos vivos! Demos gracias a Dios. Tendremos que partir de cero y empezar de nuevo. 
Y un rosal de exuberantes rosas amarillas, una mesa, un aparador, hierba crecida y nada. La vida por delante y la fe como bandera. 
Se trata, sí, de un relato de una de mis obras, pero es real y no con intención de juzgar el pasado que como dijo Churchill sería perder el futuro, sino como dijo otro premio Nobel, Anatole France, solo con el pasado se forma el porvenir.  Super adversa augere . Es decir: Hay que sobreponerse siempre a las dificultades y eso es lo que ahora nos toca. Una articulista catalana, Pepa Masó escribe refiriéndose al catalán algo que yo extrapolo  a los tiempos que vivimos.  El fuego –dice- quema el papel pero también templa el acero. Quiere decir que ante la adversidad tenemos dos caminos: el primero, el más fácil es el de la lamentación y crítica, el de creernos que todo está perdido. El segundo es el camino del optimismo. El ser conscientes de que estamos vivos y podemos   y   al igual  que nuestros padres dijeron aquello de tendremos que partir de cero, empezar de nuevo, nos toca crearnos y crear, con el potencial  más grande que tenemos, la vida. Yo suelo decir que la  vida es tan solo el breve relato de un día, relato que hoy estamos escribiendo en un rojo subido como si nada hubiera ya que hacer, pero cojamos el pincel verde esperanza por bandera y nuestro relato será  un empezar de nuevo.


17 may 2020

DÍA INTERNACIONAL DE INTERNET



         

Una de la madrugada. En Córdoba. Desde mi terraza

Feliz día, amigos internautas.

16 may 2020

BESOS


                  AVENIDA DE CARLOS III. CÓDOBA

En manantial de sueños desperté...
Remolino de tonos rosados, grises, anaranjados, violetas…, mas bien húmedos por el cielo.
¡Qué mágica luminosidad en tierra, cielo, horizontes...!
¡Qué suave el aire que noto palpitar en mis mejillas..!
¡Qué bella diosa blanca esta mañana de primavera!
¡Qué colmenar de azahares mi alma, éxtasis de madrugada!
Algunas nubes surcan mis cielos amanecidos tan de mañana... Día y hora de lejanos ecos, de rosas quemadas, de sueños rotos..., de palabras silenciadas.
¡Qué poca cosa yo, estrella fugaz en brazos de alas calmas! ¡Qué niñas mis lágrimas, sin destino, desbordadas..! 
¡Qué ardor en mi sangre, pulmón de lúcidos pálpitos, soplos de amor errantes!
Me izan aires y me ensamblan a un inédito, extraño, fantasmagórico futuro. 
¡Me crecen remos en el mar de tan larga travesía!
¡Me seduce y conjura, no obstante esta multiplicada resurrección de días! 
Nubes que llegan, trenes que pasan, hojas que reverencian mi paseo... recuerdos que me arrullan en los adentros... 
Y yo que sigo.
¡Qué mañana, qué ola, qué amor..!
¡Cuántos, cuántos besos perdidos sin destino!
¡No los dejéis pasar; son para vosotros, mi gente del mundo!
Son besos sinceros, bañados, tal vez, en lágrimas, unas veces; en sonrisas, otras.
Son besos de madre, hija, hermana, amiga, amante...
Son besos que saben a deseos de caricias y ternuras.
Son besos que no piden nada a cambio...
¡No los dejéis pasar; son para vosotros, mi gente del mundo!
 .

12 may 2020

ORACIÓN DEL MAYOR





FOTOGRAFÍA DEL DIARIO CÓRDOBA
DIARIO CÓRDOBA / OPINIÓN ISABEL AGÜERA

Desde mi fe, camino de dudas, esta madrugada me dirigí a ese Dios que no comprendo pero cuyas huellas descubro, cuando vuelvo la vista atrás en mi difícil caminar, y le formulé mi particular oración. Y la repito para todos, ya que esta pandemia que nos azota ha hecho visibles la situación de muchos mayores, y a mi me conmueven, tanto los que han muerto como los que no, pero que sus limitaciones son objeto de muchas controversias: Padre mío que estás en los cielos: en este día, atardecer ya de nuestras vidas, en este día en el que la enfermedad, la muerte nos acecha como sus mejores presas, quiero pedirte el pan que más necesitamos.Tú que siempre de la mano de nuestros padres no lo diste, sé generoso en esta hora de orfandad, y soledad y escucha nuestros ruegos: no permitas que los años, las circunstancias nos hagan insensibles, egoístas a la realidad presente de nuestro mundo, hoy. Solos o en residencias, en sillas de ruedas o arrastrando pasos, cargados de dolores y tantas cosas queremos prolongar, hasta dónde nos sea posible llegar, el mensaje que por experiencia conservamos: la esperanza. Sí, mientras nos quede un hálito de vida seguir siendo referencia de paciencia, trabajo, moderación, servicio, ejemplo vivo de lo que fueron nuestros padres, y también nosotros, tras aquella cruel guerra civil donde perdimos tantos seres queridos, pasamos hambre, enfermedades, miseria..., pero la luz de un mañana nos alentaba y guiaba.
Por eso desde nuestra nada que somos hoy, queremos pedirte ‘pan’ de ilusión, sensatez, paciencia, esperanza para este mundo que ha paralizado proyectos de jóvenes, economía de padres de familia, esperanzas y sueños de todos. Esta pobre humanidad busca culpables y remedios, sin caer en la cuenta de que gran parte de culpables somos nosotros mismos, y los remedios están en manos de la ciencia que no es un dios, precisamente, sino hombres como todos. Dale, Dios, un bocado  de ese pan, de esa luz que precisan:  sabiduría,   y entretanto da   fuerza, talento, entereza  a nuestros niños y jóvenes para  que encuentren de nuevo el camino de sus sueños. Para nosotros, el cariño de nuestros hijos y nietos porque ellos son el mejor, el único pan que necesitamos.
 

 

7 may 2020

CAPÍTULO DE BUSCANDO EN LA VIDA

                                          
ANOCHE 6 E MAYO DE 2020
AVENIDA CARLOS III CÓRDOBA

Tengo frío. El invierno  ha llegado sin hacer ruido, y a mí me gusta  sentir esta necesidad de acurrucarme, de buscar el cálido confort de mi sillón junto a la mesa estufa, mientras noto cómo la noria de la vida ha parado sus arcaduces, y el mío, este séptimo de la Avenida de Carlos III, casi colgado del cielo, se mece apacible y soñador.
José, mi marido, duerme desde hace un buen rato, y dormirá sin interrupción toda la noche, y se levantará descansado, sin sobresaltos de pesadillas porque José tiene blanco de complicaciones el  subconsciente. Mi pequeño Jaime resuella de vez en cuando y balbucea  palabras; después vuelven las respiraciones lentas y profundas. Luisa, la chica asistenta, con la luz encendida, deletrea en voz alta la carta de su Antonio y escucha las estridentes músicas de un transistor. Mañana me pedirá que le conteste y que le ponga muchas cruces y muchos ceros, sí, una hoja entera, besos y abrazos –dice que son. ¡bueno!
Frente a mí, la ciudad, Córdoba, salpicada de torres que en la media luz de la noche, resultan fantasmagóricas, y bloques, muchos bloques en los que la hora ha impuesto silencio, soledad. Alguna que otra ventana se ve encendida y en mi imaginación surge la película: un enfermo, alguien que lo cuida, esperan al médico... José dice que soy peliculera. Cosas de mi imaginación que en un instante, sí, me monta la película.  Cielo cubierto, nubes bajas que amarillean, aire fresco con fragancia todavía de mi generosa dama de noche que tanto me recuerda el jardín de casa, el maullido de gatos, ladridos de perros en las eras..., asfalto negruzco y brillante de la Avenida, espejo de semáforos, letreros luminosos y faros de coches que van amainando a medida que avanza la noche, y el runrún de CEPANSA que se mete en los oídos y, como polillas, se escucha dentro de la cabeza.
Siempre me ha gustado la noche. Es apasionante vivir cuando la gente duerme, cuando, sin ruidos, sin testigos, puedo perderme en mi nada, contemplarme y confundirme como sombra más con los espectros nocturnos. Para mí la noche es como un baile de átomos vaporosos, irisados y burbujeantes, y es como un gigantesco flash de luz blanca que zigzagueara en el aire, y mis ojos, que sólo conocen el mundo en fotografías, pueden ver grandes, luminosas, abarrotadas salas de juego, y  orgías de sexo, alcohol, y parejas entregadas en carnales frenesís, y puedo sentir el dolor de moribundos, y los primeros lloros de recién nacidos…
¿Y el silencio? ¿No es cómo el murmullo del rezo de un claustro? ¿No es como un  toque  largo, templado y nostálgico de campanas?  ¿No es cómo el susurro de una fina lluvia sobre la hierba fresca del campo?
Mi  corazón bombea acelerado, bulle en rítmicas efervescencias, mis nervios se relajan, mis pulmones se  sienten anegados de aire oxigenado… ¡Estoy viva!, y estoy despierta para escuchar ese repique de campanas, esa oración que llama a Dios, esa lluvia que empapa la tierra y refresca mi alma de emoción y añoranza de un no sé qué perdido en el más allá de los tiempos pasados y futuros.
La asistenta ha silenciado y apagado la luz. Los ceros y las cruces vuelan de su cabeza a las manos de su Antonio que en la mili le dice que vaya cartas bonitas que le “escribe”. La mujer del cuadro y yo frente a frente. Gioconda –dice que se llama-. ¿y a mí qué? Yo quisiera salir de esta jaula y..., y nada. Es muy tarde y no tengo sueño: el mundo, la vida, la ventanita encendida todavía de enfrente, un día más que se apaga, y yo   no quiero apagarse con él. Si tuviera a quién mandarle cruces y ceros... No, no tengo carta que escribir, nadie la espera, nadie sabe, nadie me ve en este arcaduz que roza el cielo y sueña