Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

9 abr 2018

De la rosa natural y la rosa artificial




  En una casa, y expuesta en un hermoso jarrón, lucía una rosa artificial que la dueña compró en un mercadillo.
Un día, le regalaron a la mujer una hermosa rosa natural de color rojo aterciopelado. La mujer, cogió el jarrón y, quitando la rosa artificial, colocó la natural de la  cual se sentía orgullosa y mostraba a cuantos visitantes llegaban a su casa. Repetía:
-¡Mirad qué pétalos! ¡Comprobad su perfume,  su tersura...! ¡Qué belleza! ¡Tan sólo entrar en la casa se puede percibir su existencia!
La rosa artificial, relegada, sintió envidia y exclamó:
-Pronto volveré al jarrón. Tu vida es tan corta… Pronto, muy pronto, empezarán por ajarse tus pétalos y después, morirás para siempre. Mi vida, por el contrario, es eterna.
La rosa natural  contestó:
-¿Cómo hablas de vida?  Tú no sabes nada de lo que es nacer, crecer, alimentarse, también envejecer... Tú no conoces el lenguaje de los insectos, ni has percibido jamás  los vaivenes del viento, del frío y del calor. Tú, sí, eternamente, naciste muerta.


6 abr 2018

Pan, María



Capillita callejera, en la que una blanca imagen, velas encendidas y flores, 
me invitaron a pedir: Pan, María.

No puedo recordar los días; tampoco el lugar  y mucho menos el por qué. No obstante, lo oí contar tantas veces a mi madre que me veo y me oigo, cuando aún mis palabras eran tan sólo balbuceos, repitiendo, ante un cuadro de la Virgen Milagrosa,  dos, sólo dos palabras: PAN, MARÍA
Sí, ahora lo sé. Corrían los difíciles años de la posguerra. Un hálito de miedo, de miseria, de ausencia total de ilusiones se entronizaban en la rutina de los días, días que, cual río sin  más caudal que la lejana mirada hacia un mar de deseos, se nutría de fe y espinosos recuerdos.
Han pasado años, ¡muchos años! En mí jardín crecieron rosas; también espinas. La vida es eso: caminar por los infinitos laberintos de esta nada o de este todo que somos, rozando, eso sí, rozando siempre una plegaria que se torna suspiro, queja, palabra… La mía, aquella que no abandoné jamás, en la que un día descubrí se escondía la maravillosa ingenuidad de los niños, y la sabiduría del que sabe conformarse, ser feliz con lo básico y necesario, ha sido siempre, Pan, María.
Corren tiempos en los que el ser suele confundirse con el tener. Es decir, queremos ser  a toda prisa, y  ser algo  tan sobresaliente que ante nadie pasemos  desapercibidos, y para eso el mejor coche, el más sofisticado artilugio, la última novedad, las más costosas, voluminosas y  ostentosas celebraciones           
¡Qué necia filosofía! Por mucho materialismo que impere, para mí, al menos, jamás fue verdad aquello de “tanto tienes, tanto vales”. No es más, ni vive mejor el que más tiene, sino el que sabe valorar el “pedazo de pan” que se come cada día, fruto de esfuerzo, superación, conciencia plena del ser.
Por otra parte, todo lo que sobra afea. Sí,  nuestros hogares, nuestras vidas carecen de belleza por casi la absoluta falta de espacios vacíos. Tener exceso de todo nos impide gozar la belleza de la nada. La belleza, lo mismo que un árbol, cobra solamente valor aislada en el espacio (A.M)
Hay un tipo de belleza por la que particularmente me inclino y que tiene por lema: nada en exceso; eliminar todo lo superfluo. Creo, no obstante, que a esa conclusión se llega tras un proceso de madurez, en cuyo camino se ha tratado de construir, reflexionar, interiorizar… 
En este imparable río, que,  en definitiva, es nuestra vida,  lo importante son los arroyos que pueden aumentar nuestro caudal, pero la  hojarasca, la lima, la contaminación… no dejan de ser factores que enturbian nuestras aguas. No por mucho arrastrar es más bello nuestro paisaje.
Amigos, elevaemos la vista al mundo que se muere de carencias, elevemos nuestra plegaria al cielo   y aunque sólo sea por una vez, pidamos de corazón: ¡Pan, Dios! ¡Pan, María!
Y notaremos como al simplificar quedan espacios para soñar y, sobre todo, para amar.

2 abr 2018

Religiosidad Popular


DIARIO CÓRDOBA / OPINIÓN
Hace unos años  conté la conversación con un amigo chileno, tras pasar en España una Semana Santa. Me comentaba ¿cómo es posible que en un país aconfesional, las cadenas televisivas, las emisoras de radio, tanto públicas como privadas, se conviertan en portavoces de películas religiosas, retransmisiones de misas, procesiones y la vida se paralice a todos los niveles? Y añadía, si la televisión es el reflejo de la sociedad en que vivimos, no cabe la menor duda de que en este país, España, sois cualquier cosa menos aconfesionales.
Para empezar le aclaré que la aconfesionalidad implica la neutralidad del Estado en cuestiones religiosas es decir, la libertad de manifestaciones dentro del ámbito legal. Ahora bien, una cosa son los ciudadanos y la religión y otra el show que se monta, que lo mismo da que sea Carnaval, Feria que Semana Santa.
Sí, la gente se tira a la calle a comer, a beber, a divertirse. La clave reside en mi opinión, en que la Semana Santa es más cultura popular y espectáculo que religión y desde esta óptica se trata de promocionar el turismo, la hostelería, el consumo, etc. La Semana de Pasión debería ser para los católicos, profunda reflexión, sobre todo en los tiempos actuales, acerca de las causas por las que condenaron a Jesús, entre las cuales cuenta mucho su proclamación de un Dios que acogía a los pecadores, a las prostitutas, a los leprosos, a los esclavos, a los «emigrantes»...
Le condenaron porque exigió autenticidad en el templo, porque arremetió contra el tinglado montado alrededor de la fe, porque se rebeló contra la hipocresía y manipulación religiosa. En una palabra, por su condena de tanta falsedad.

 Yo creo que son días estos de termómetro bajo el brazo y comprobar qué temperatura hemos alcanzado en estos puntos. Ya finalizada dicha semana, empecemos, no obstante, vida nueva por caminos de luz, paz y esperanza.

1 abr 2018

DOMINGO DE RESURRECCIÓN EN EL PUEBLO


En mi línea  de ser fiel a mis recuerdos, tengo que confesar que, cuando el Resucitado –perdido en la guerra- volvió a ocupar su lugar muy bien definido en la  Semana Santa de nuestro pueblo, yo andaba, entre estudios y otras cuestiones, algo alejada del pueblo, pero sí conservo de algún año, la grata percepción que me producía el saber que muy temprano Jesús Resucitado estaba en las calles de nuestro pueblo, enarbolando la bandera de la paz, del triunfo de la vida sobre la muerte. Y las tradiciones se renovaron, y año  tras año.se han ido mejorando, progresando....   porque la historia de los pueblos no la puede borrar la barbarie; siempre quedarán  ecos que nos reconducirán al camino de ayer con renovadas ilusiones para mejorarlo.
Y con los años tuve la suerte, como he dicho, de ser pregonera de esta singular y hermosa Semana Santa de mi pueblo.
 Cito, muy resumidas, algunas de mis propias palabras, salidas más del corazón que de mis labios, entonces, y de mis recuerdos, hoy, y que resumen de alguna manera el fervor de todos los tiempos.
"...Semana Santa que viene a ser como la reencarnación de todos los tiempos, de todos los hombres y mujeres de Villa del Río que, con su peculiar personalidad, fueron perfilando esta original, esta singular forma de entender y celebrar, entre nosotros, la Semana Santa".
 Jueves Santo con espléndidos oficios, monumento, horas de vela, jubileo, etc.
Viernes Santo, con nuestro peculiar Sermón  de la plaza:  Nuestro Padre Jesús se dirige a la plaza. Allí la tradición y la historia petrificadas en un ancestral castillo, allí, a mano de su túnica morada, las viejas aceñas del río, los tamujares del puente romano, los chispeantes murmullos de los modernos surtidores, allí, ante su Nazareno, puede escucharse  el sobrecogedor silencio de un pueblo que espera, que suspira, que, año tras año, espera, sueeña  el encuentro con el apóstol amado, Juan, el encuentro con la mujer pecadora, María Magdalena, el encuentro, dolor y angustia, con su madre, Nuestra Señora de la Soledad.
¡Y cuántas lágrimas derramadas al repique del tambor! Son los recuerdos de otros tiempos, y son los años vividos en tradiciones que nos hicieron crecer en amor a nuestro pueblo, y son ausencias de seres  queridos que nos precedieron y que otras Semanas Santas, presencia viva, estaban allí, como están los naranjos, las cigüeñas, como sigue, y nos embriaga, el azahar en primavera.
"Lágrimas hay en el aire / reflejos de luna verde / mi Dios con temblor de cirios / por la calle viene"
Y la sentencia cantada se cumple, y el cuerpo ensangrentado de Cristo, sobre la cruz clavado, a hombros de briosa juventud, recorre las calles del pueblo que se torna alfombras de luto, mantillas, saetas, tambores, trompetas... Lloran el Paseo del Lirio y las aceñas del Guadalquivir;  lloran mujeres y hombres; llora el mundo; se oscurece el sol. Dios ha muerto y un toque de queda nos conjura a velar con fervor, con esperanza, con amor, porque al tercer día, Cristo resucitará.  
Sí, hoy es Domingo de Resurrección y todo es alegría, fiesta, vida nueva para un pueblo de “lutos” y rigores. No obstante, este soleado domingo bien podría ser un punto final a lo vivido bajo el signo del desánimo, pereza, rutina, cansancio... Hoy es día de resurrección, día de elegir el camino  de luz a seguir, luz que nos conduzca a la esperanza serena de vivir, haciendo vivir cosas nuevas: una rosa, unas palabras, una canción, un te quiero, una mirada, una sonrisa, también una lágrima-
Ánimo, amigos, empecemos ya y no dejemos que esta Semana resulte una anécdota, un cuento de pasos, tambores, inciensos, etc. sino que tras ella, salgamos cantando el aleluya en una nueva vida. 

Yo estreno  ya esta semana de Pascua con lo que ahora tengo más a mano solo dos palabras: os quiero