Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

18 sept 2015

Preludio de otoño


A medida que se disipa la niebla, crece el día. Y mis ojos se reencuentran con el árbol al pie de la ladera,  con el camino de ayer, con la memoria perdida de cosas que fueron el presente feliz de mi infancia: crujir de viejos tejados, goteras en palanganas y cubos, humo blanco, humo negro a borbotones en fríos amaneceres de ancestrales chimeneas.
Gatos, palomos, voces, patios, sillas de anea en el atardecer del jardín...
Y papá, y mamá, y mis seis hermano, y yo...
Índice del pasado que, si bien  me remite a la salvación, mi presente, este hoy de casi otoñal en mañana de niebla densa, luz, aliento, rayo que me sostiene en surcos donde todavía es posible la sementera de un gesto, de una palabra, de una semilla...
No, no hay fecha de caducidad. Hay, cada cosa una vez; sólo una vez.
No podemos exiliarnos, porque, mientras en nuestra frente notemos el aliento de Dios, la vida sigue.
Sacudíos, amigos, la niebla, y un sol poderoso diluviará sobre nuestros áridos sueños.
Sí, así lo creo, anclada en la plácida orilla de un mar que, dejando atrás las tempestades, sólo levanta brisas y entona himnos a la belleza oculta de las cosas en esta hora de quietud, en esta hora de visajes e interrogantes,
de profundas reflexiones, de contrastes... En esta hora de vida y muerte.


17 sept 2015

Jamases para los abuelos

Buenos días a todos: hoy, turno para  abuelos y en gran parte también turno para   padres. A todos nos queda mucho por aprender y mucho por enseñar. Buen fin de semana, ya.



1)   Jamás deben sentirse obligados a ser canguros de sus nietos.
2)   Jamás deben mentir a los nietos. Si no puede decir la verdad, sencillamente expresarlo así, pero nunca mentir.
3)   Jamás deben desautorizar a los padres. Si opinan que están equivocados, deben tratarlo en privado con ellos.
4)   Jamás, por ningún motivo, deben chantajear a los nietos.
5)   Jamás deben asustar a los nietos para conseguir determinados fines.
6)   Jamás deben estar dispuesto a consentirlo todo. Hay que dilatarse pero no derretirse. 
7)   Jamás deben hablar de forma negativa a cualquier manifestación sexual natural de los pequeños.  
8)   Jamás deben llamar pecado a una palabra soez o grosera, aprendida de los adultos.
9)   Jamás deben hablar demasiado del cielo, del infierno, etc. Pueden suscitar preguntas para las cuales no van a tener respuestas.
10)  Jamás sermonear acerca del pasado como mejor tiempo.
11)   Jamás silenciar la opinión de los nietos. Primero escuchar, después opinar.
12)   Jamás deben disimular sus achaques; tampoco abusar de ellos ante los nietos.
13)   Jamás olvidar que los nietos son el futuro que pasa, casi milagrosamente, por sus manos, un futuro que debe  culminar en una auténtica obra de arte y que para ello, su granito de arena es imprescindible, porque paso a paso se hace el camino.




14 sept 2015

Leer por leer

 De mi novela Buscando en la Vida –Blasco Ibáñez-, de la que solo se hicieron  quinientos ejemplares y que fue catalogada por el fallecido Ortiz de Lanzagorta, como excelente, hoy, sin más objetivo que “leer por leer”, os transcribo un párrafo.



La voz estridente de Juana me solivianta aquella tarde otoñal de vacación vespertina de jueves: ¡señora! -voceaba- suba y verá dónde está Carlota!  ¡Si cuando yo digo que esta niña es tonta...! ¡Menos mal que me ha dado  por subir a dar una vuelta a la pava!
Sí, allí estoy, en aquel trastero que llamamos  palomar, donde la pava clueca, echada en un cajón rebosante de paja, encuba  sus huevos y dónde la gata romana esconde sus crías entre tarimas y somieres viejos. Este rincón es mi refugio en las tarde de vacación del jueves y en los olvidos como el de madre María, la monja gallega que, con altivez, me pasa de largo  en cada mirada. 
Aquí, en este rincón, perdida  en el palacio que es mi casa, acomodada en una vieja canasta llena de retales, me siento bien, y unas lágrimas corren por mis mejillas de niña cuando la luz del sol declina y se pierde por detrás de la torre de la iglesia, descuartizándose por las cristaleras esmeriladas llenas de polvo y telarañas que son las ventanas. De vez en cuando la pava clueca  estira majestuosa el cuello y picotea ruidosamente en este suelo de cemento. También de vez en cuando, la gatita romana se me acerca remolona, arquea su lomo y se  acaricia con mis calcetines de lana.
Pensamientos que, precozmente, me llevan a interrogarme sobre mi corto pasado, sobre mi incierto futuro. Amor sin destino que me nace a torrentes y que, sin cauce, se desborda. 
Oigo el arrullo del atardecer que va cayendo sobre mis pupilas  de niña absorta en un vaivén de notas que, cual  maga mariposa al néctar delicado y gentil de su flor, buscan partitura donde solfear su primera, ingenua y  bella canción de amor, y son voces por patios lejanos, y es el clamoroso piar de pájaros que, en bandadas, van llegando al arríate grande del fondo del jardín, y es la veleta, frailecillo inquieto, que me habla de vientos huracanados y suaves brisas y es una sutil y vaporosa nube que camina por el azul rosado de la hora crepuscular...

9 sept 2015

¿Dónde vas, pequeño?

Amigos que tan generosamente leéis y comentáis mis sencillas cosas, hoy, en esta carta que dedico a mi nieto, una vez más, me revelo contra sistemas de enseñanza que tan solo son aparentes cambios, pero que pasan los años, la vida, pasamos todos y todo se mueve hacia valores del progreso; la escuela, la educación, sigue inamovible. 


DIARIO CÓRDOBA/OPINIÓN 
  10/09/2015
A mi nieto Gabriel

Difícil, pequeño mío, expresar en estas breves líneas tan profundos y variados sentimientos como los que me violentan cuando te veo preparando tu primer día de clase en un instituto. Sí, ¡claro que he llorado!, pero de rabia, de impotencia y hasta de miedo, porque, ¿dónde vas con tus doce años recién cumplidos, cargado, que caminarás encorvado, con unas mochila sobre tus débiles espaldas que pesa más que tú? ¿Dónde vas, camino de un instituto que te viene demasiado grande para tus pocos años? ¡Si fue ayer cuando grabábamos tus primeros balbuceos, cuando te llevábamos de la mano al paseo, cuando con tu precoz intuición protagonizaste anécdotas que jamás he olvidado! 
Rabia e impotencia y no porque hayas crecido, sino porque, nervioso, aturdido y reflexivo irás y vendrás entre tu grupo de compañeros y amigos, tan nerviosos y aturdidos como tú, a un escenario cuya pasarela no debería ser todavía tu destino porque, a pesar de tus rabietas, tus aparentes precocidades de adolescente, no eres más que un niño que, abrumado por tantas responsabilidades, vas perdiendo tu espontaneidad y perenne sonrisa. 
Rabia e impotencia, sí, porque no somos capaces de inventar una enseñanza más acorde con tus gustos, tu edad, una enseñanza más creativa e ilusionante y porque no somos capaces de crear un mundo mejor donde te sientas seguro y puedas crecer siendo tú sin tener que ceder jamás ante el miedo o la intimidación por parte de los "gigantes" que acecharán tu bondad e ingenuidad para hacerte su presa. 
Con todo a punto para tu asistencia a ese centro, quiero decirte algo: la vida es para todos una gran aventura, y tú has comenzado ya a protagonizar la tuya. Demasiado pronto, sí, pero trata de rotular a tu manera dos palabras que no dejen en blanco ni una sola página de tu existencia: ilusión y amor. 
¡Venga, mi niño, y adelante! ¡Que no te asusten ese mar al que miras y hacia el que caminas! Como las gaviotas que veíamos este verano, no te ahogarás en la tempestad, porque, por altas que sean las olas, tú también tienes "alas" y podrás remontarlas siempre.

3 sept 2015

Mi relato de verano

Buenos días, amigos: hoy, mi relato  del verano. Han sido muchos pero hoy os traigo, a propósito de la actualidad, el que más  me impactó, el que no podré olvidar jamás. Sí, es doloroso, pero es real y esta madrugada lo escribo para vosotros.
En sus ojos estaba el mar y en sus labios palabras sin sonido que se adivinaban  en un leve parpadeo de sus labios. Noventa y dos años, vestido de negro, desdentado,  de andares fatigosos y un sombrero de muchos soles que le colgaba por el cuello. Llegó un día, al poyete donde yo me tomaba un largo respiro.  Buenas –dijo-, con su permiso. Casi codo a codo una especie de mutua cortesía nos mantenía en absoluto silencio. 
Se levanto aire y un remolino de papeles fue el detonante de mi intromisión en aquel hermético hombre que, eclipsado, con la mirada fija en el mar, era ausencia y lejanía.   Parece que va a cambiar el tiempodije-. El color del mar es casi negro. 
Fue entonces, cuando tras humedecerse los labios que parecían sellados por alguna mala historia, exclamó: señora, yo siempre lo veo negro, muy negro. ¿Cómo es eso? ¿tiene algún problema de vista? -pregunté ingenuamente-. No, señora, no; la vista, como los años que tengo, vieja. Tragó saliva, unos instantes de  silencio y al fin exclamó:  ¿Ve aquellos criaderos de mejillones? Están lejos pero se ven bien. ¡Sí, si los veo! Son como dos franjas negras… ¡Eso es –me interrumpió-, Muy negras. Un poco más adentro se ahogó mi hijo de veinticinco años… Suspiró y volvió a exclamar: desde entonces el mar se  vistió de negro, como mi vida, como todo lo que me rodea… Se fue hace cinco años y hasta hoy. ¡Sabes Dios!
 No volví a verlo, pero en sus ojos estaba el mar. Desde aquel día, en los míos, un joven, un niño… ahogados en la playa y no culpa del mar, culpa de un mundo que no podemos o no queremos administrar mejor.
Miro al cielo y  no sé qué pedir; tampoco hay un dios responsable. Por eso os miro a vosotros, amigos, y os pido solidaridad, amor con todos aquellos que, como el anciano de negro, lleven un drama en su mirada. Seguro que el mundo cambiará, cuando cada uno de nosotros  tiña sus ojos de  esperanza.
Y hoy no tengo más imagen que aquella que todos llevamos prendidos en la retina: la del pequeño muerto en una playa.

Mi álbum de fotos

Mira, a ver si te gusta, mi Álbum de Fotografías

Mis fotos de verano