Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

12 ene 2013

A mis hijos: Somos lo mejor que tenemos




El hombre cultiva mil rosas y no encuentra en ellas lo que busca, y lo podría encontrar en una sola rosa. Saint-Exupery


Queridos hijos:

No cerréis los ojos al fabuloso escenario del mundo. Si os decidís a abrirlos, tendréis la sensación de que habéis eliminado una enorme cortina que os impedía ver la luz del sol, el auténtico color de las cosas, el exiguo valor de tantos afanes, de tanta fastuosidad innecesaria que, como mínimo, os provocan ansiedad, angustia, depresión....
--------------------------

En vuestra voluntad está el querer y en vuestro corazón la ilusión y el amor.
Ingredientes para vivir en paz, sin miedos, sin ataduras y siempre remontando nubes de polvo propias tan sólo del camino.

-------------------------

Hace ya muchos años me decidí a ser, en lo posible, mi mejor amiga, mi propio médico, psiquiatra... psicólogo. Me decidí, en definitiva, a ser adulta.
Y aprendí algo importante y transcendente para mi futuro más inmediato: en soledad se busca mejor la verdad, sin que ello conlleve despreciar la compañía, aunque no debemos poner en ella todas nuestras expectativas.
-------------------------

Buscar en soledad la verdad es caer en la cuenta de que el hombre es un ser solitario que necesita la presencia de los demás para creerse acompañado, comprendido y amado. A veces esta ciega creencia nos puede hacer caer en la frustracción más absoluta. ¿Acaso somo snosotros para los demás comprensión, compañía, amor...?
-------------------------
Pero no ha lugar a tal en un mundo duro de oído a la calidez de la palabra, porque son demasiados los ruidos interiores y ellos nos ahogan en una especie de indiferencia absoluta hacia el otro que se nos aleja frustrado, maltratado... abandonado.
-------------------------

Somos, hijos, lo mejor que tenemos. No debemos, pues, ignorarlo ni desaprovecharlo de cara a nosotros mismos y de cara a lo que podamos aportar a los demás.


Que así os lo creáis será fuente de felicidad ya que os privara de inútiles dependencias.




















1 ene 2013

Un cuadro que me mira




Sí, un cuadro, este, un cuadro herencia de abuelos y padres. Siempre presidió el mejor sitio en la casa de mi infancia. Y desde que falleció mi madre, y por expreso deseo suyo, aquí está, por encima de mi escritorio. Me mira, siempre me mira. Años y años mirándome. También mis ojos, a diario, buscan su mirada.
Y no es un sentimiento religioso lo que me guía, no. Podía ser una fotografía de mi padre, de mi madre, de un marginado, de un niño… Podía ser la mirada de cualquier ser humano… Pero en este cuadro que me mira, la imagen, la fotografía, el icono… hay un algo que me transmite serenidad. Es como si en mis peores momentos, su mirada fija en la mía, me repitiera: No pasa nada.

Y esta madrugada, cuando el mundo eclosionaba con estruendos festivos, su mirada me decía: No te preocupes por los años. El tiempo es un reloj parado. Tú si tienes cuerda; no dejes que se te detenga.

Y yo, como sumergida en un mar de miradas calmas azules, blancas, rosas…escribía:

Ante el orgulloso, mejor rendirse. Será la única forma de que pueda entender la grandeza del orgullo.
Dale siempre al otro oportunidad de quedar bien, aunque tengas que adelantarte improvisando una falsa pero mejor interpretación.

Si sabes, no lo digas porque te arrinconarán. Si no sabes, proclámalo y te lloverán amigos, maestros, propuestas.

Si acaso crees que te olvidan, piensa, porque tal vez ese olvido sea una excelente memoria.

Cuando hablamos de la gente, pensamos en los demás, y los demás, cuando se refieren a la gente, piensan en nosotros. Algo, mucho, casi todo tenemos en común.

Hay que coleccionar momentos. Cuando los sumemos comprobaremos que el total puede ser la única felicidad posible.

Dónde pongamos nuestros pasos, procuremos crear o mejorar caminos. Dónde pongamos nuestras manos, sembremos una cadena de manos. Dónde pongamos nuestras palabras, tratemos de que sean semilla de frondoso árbol. Dónde pongamos nuestros ojos, robemos lágrimas ajenas. Dónde pongamos nuestro corazón… ¡Ah! Dónde pongamos nuestro corazón estaremos nosotros marcando la hora definitiva, la mejor, siempre.


       Y tú Gioconda, que también me miras, no me transmites nada. ¿Es indiferencia tu mirada? ¿Es desprecio? ¿Es superioridad? ¿Es ironía? No sé qué es, pero tu mirada está, para mí, vacía. No te quejes.  Solo eres una pintura de pincel, un cuadro; nada de mirada.
Ahí te quedas, esta noche, mañana siempre fría, indiferente, ¿enigmática dicen? ¡Anda, anda! Descruza tus manos y pinta "mejor cuadro"
 No me sirves.  Adiós.

23 dic 2012

Jesús nace el 2012



EL SOL SALE Y SE PONE CADA DÍA SIN ETIQUETAS.
  CALIENTA, ALUMBRA Y DA VIDA A TODOS POR IGUAL

Aconteció en estos días. Se promulgó una ley de extranjería por la que los sin papeles tendrían un plazo entre siete y treinta días para retornar voluntariamente a su país de origen. Un matrimonio de extranjeros, José y María, con la mujer en avanzado estado de gestación, llegados en patera, hacía unos días y que buscaban trabajo en España, caminaban sin rumbo en la noche.
Encontraron refugio en una chabola abandonada a las afueras de una gran ciudad. Sucedió que el segundo día de pernotar en aquel lugar una grúa municipal los desahució, dejándolos a la intemperie en noche muy fría de un veinticuatro de diciembre del año dos mil doce.
Abrazados, retomaron el camino en medio de la noche, cuando se vieron obligados a detener y buscar nuevo refugio ya que la mujer presentaba síntomas de eminente alumbramiento. El hombre llamado José, divisó a lo lejos los arcos de un centenario puentecillo. Allí, María –dijo-, allí podrá nacer nuestro hijo.
Y el niño nació y la mujer lo recubrió con su propia ropa y lo recostó en un cálido montón de pacto, junto al fuego preparado por José.
Aquella noche, trabajadores de una fábrica cercana, al cambiar de turno en la madrugada, los encontraron y compadecidos le ofrecieron lo poco que llevaban: se despojaron de algunas de sus ropas, les dieron algo de comida y prometieron dar cuenta a los Servicios Sociales para que les ayudasen.
Así, al día siguiente, se personaron, tres mujeres provistas de todo lo necesario para atender al niño y darles cobijo durante el tiempo preciso para que retomaran camino a su país.
La gente de aquella ciudad, enterados del acontecimiento, gritaban. ¡Fuera, fuera, que se vayan a su pais!

Hasta aquí el relato de cómo podía haber sido aquel acontecimiento, hoy día. La patria no es propiedad heredada sino cielo, dicha y dolor de todos. Solidaridad, responsabilidad, empatía, etc. mejor que caridad. La caridad es humillante porque se ejerce desde arriba; la solidaridad, responsabilidad… es horizontal e implica, total compromiso, respeto mutuo, ayuda y colaboración sin importar el color, la condición, ni el sexo. 
Todas las razones, las respeto, las quiero comprender, pero algo me dice que si el derecho a ser persona, ser humano, es cuestión de papeles, yo no quiero tampoco tenerlos: prefiero ser peregrina en busca de un mundo, que tal vez no exista, donde negros, blancos,  amarillos...  compartamos el maná  que  hoy llueve sólo para unos pocos afortunados por haber nacido en un aquí y en un ahora
Ése, y no otro, entiendo yo, es el espíritu de la Navidad. Porque tuve hambre y me diste de comer… Sí, son las palabras del Jesús, de la Navidad que celebramos.

 

10 dic 2012

Mi ataque de pánico


¿Lo cuento o no lo cuento?
La verdad es que me da algo así como yuyu, volver a sentir, recordar, lo que me sucedió hace unos días. Sí, lo cuento, aunque es la primera vez que lo hago. Hay quien piensa que a mí no me pegan esas cosas, que estoy por encima de ellas. Pero no, yo soy un ser humano y como tal, carne de debilidades, de problemas, depresiones y, como en este caso, presa de algún que otro ataque de pánico.
Llevaba días con la agorafobia a tope: miedo a salir, a pisar el umbral de mi puerta. No obstante me dije: ¡Venga, levántate y anda! Una tarde de tanto sol y aquí hasta que llegue la noche, viendo, como en un coche parado pasar la vida sin formar parte de ella, ¡no, no y no! ¡A Carrefur a comprar o mirar, pero a escapar de esta especie de agonía!
Y, nada, cogí el coche y allá que me fui. Agarrada a un carrito de la compra, me armé de valor y me dispuse a ver libros. De pronto, un vahído y me parece que veo nublado. Sí,  ante mí  una espesa  niebla.
Me limpio las gafas, pero todo sigue igual. Pienso: algo me ha dado y estoy perdiendo la vista. De pronto, noto el corazón en las sienes: tengo taquicardia, y me noto manos y pies helados. Me pregunto: ¿Qué me está pasando? No debe ser nada.-me digo-. Respiro hondo y trato de seguir. Un fuerte vértigo medio me tira a una estantería. Me ahogo. Me siento un fuerte dolor en el pecho. Casi no puedo respirar. Me detengo unos instantes, pero, queriendo dar normalidad a lo que me está sucediendo, sigo caminando. Llega un momento que casi no veo, que tiemblo, que no me puedo sostener en pie, que no me puedo concentrar, que me siento una tremenda ausencia, impotencia...
Más bien robotizada busco a dónde sentarme. Noto que se me va descomponer el vientre. Me escondo la cabeza entre las manos para ocultar unas lágrimas y pienso que me muero, que nunca más volveré a mi casa, que nuca más volveré a oír en las madrugadas el piar de los pájaros ni ver la salida del sol, ni veré a mis hijos...
Lloro sin consuelo. Alguien me pregunta: ¿Le sucede algo? A punto estoy de pedirle que llamen a una ambulancia, pero estoy tan sumamente bloqueada que solo digo: no. Gracias. Allí, haciendo como que busco algo en el bolso, apenas pienso. Siento, eso sí, que me muero, que no puedo moverme, que por más que lo desee no podré llegar a mi coche….Parece como si de pronto se me hubieran multiplicado los años, hubiera envejecido tanto que nadie me va a reconocer.
Me suena el móvil y cuando, como un alivio trato de sacarlo del bolso, la llamada se corta. Solo puedo leer: desconocido. En la pantalla del móvil la imagen de mi nieto de tres añitos. No lo veo bien. Vuelvo a limpiarme las gafas, pero nada cambia: la niebla que me envuelve me está asfixiando. Se me ocurre hacerme una foto con el móvil para comprobar mi estado.
Me sorprendo al verme de buen color, favorecida con mi camiseta azul, y, eso sí, algo despeinada. Me animo un poco. Me digo: No estoy tan mal. Debo respirar hondo y tratar de tranquilizarme. Alargo la mano y cojo un libro. Disimulo hojeándolo pero lo que en realidad hago, y es lo único que puedo hacer, es mirar y mirar la carita de mi nieto en el móvil, tan inocente, tan sonriente… Y sigo respirando hondo, despacio…
Saco un caramelo y un pequeño terrón de azúcar que llevo siempre en el bolso. Casi que me trago las dos cosas, pero la supuesta niebla se me empieza a disipar. Sí, empiezo a ver más claro. Me tomo el pulso y me cuento las pulsaciones: noventa. Me digo: Estoy ya mejor. Me pongo de pie y agarrada al carrito llego, al fin a mi coche. Antes de entrar, un amigo me sorprende: ¡Hombre, Isabel, cuánto tiempo! ¡Y qué bien te veo! Por ti no pasa el tiempo, etc.
Llego a mi casa. Una de mis hijas al teléfono: Mamá; dentro de un rato voy. El chico no para de decir: “¡A casa de la abela”!
Mi alegría es inmensa. No, no contaré nada de lo sucedido. Mi chiquitín, el de la pantalla del móvil, me devuelve la alegría y casi, casi, la vida.

Amigos: Como en el caso de la depresión, os aseguro que no invento nada. Más bien me quedo corta, pero la vida sigue en un constante vaivén de altos y bajos; es lo normal para todos.
Desde mi poca cosa, te animo y te digo: No, no eres tú solo el que padece estos ataques feroces de pánico. Hazte, al menos, una foto y verás que lo que te sucede no está en tu rostro sino en tu mente. Levántate, pues, “agárrate” a lo que puedas y camina. Seguro que "un nieto" , alguien te está esperando.

¿Le doy a publicar? Sí, le doy. ¿Para qué si no un blog? ¿Para contar bonitas historias? Mejor, creo yo, y como digo en mi mensaje de saludo, para contar las  creaciones de cada instante. También un ataque de pánico se puede contar como creación. Así que, ¡hala, publicar!

26 nov 2012

A Dios rogando

OPINIÓN/DIARIO CÓRDOBA
SABEL Agüera 27/11/2012

¡Eso es! A Dios rogando y con el mazo dando. También queda de lujo la otra versión: Reza pero sigue remando. Dichos populares que hoy por hoy se pueden verbalizar de forma mucho más eficaz y práctica, sobre todo si uno busca ser famoso, triunfar o simplemente que te digan: ¡Tú sí que vales!
Hace unos días, presencié esta conversación entre dos amigos. Le decía uno al otro: Si no estás en Internet, no existes. El otro exclamó: ¿Cómo que no existo? ¡Mira mis manos cómo las tengo de trabajar!
Y yo que escuchaba me decía: mucho ha remado y dado al mazo este buen hombre, pero su amigo lleva razón: no existe.
En realidad no existimos casi ninguno por mucho que recemos, rememos o demos con el mazo, porque hoy, para existir hay que estar en Internet, sí, pero sobre todo en la tele. ¡A bien que no existen y se pavonean de su existencia los presentadores, periodistas, etc. que, por ejemplo, se han metido a escritores! ¡Dos ediciones en un día!
¡Claro, la gente se da tortas por la curiosidad de saber qué dice este buen señor o señora que a diario convive en nuestra casa desde la pantalla del televisor! ¡Y publicidad y ediciones a porrillo!
Y digo yo, y por seguir con el ejemplo: ¿el escritor, nace, se hace, se inventa o se compra? Porque, claro, donde menos se espera, surge triunfador un flamante escritor, firmando libros que se le caen de las manos. ¿Y qué más le da al editor? ¡El nombre, sí, el nombre es lo que importa! Si ha remado, rezado... lo ha escrito él o un "negro" es lo de menos. Si es mediático, que no se hable más.
Cuando el curioso público haya caído en la cuenta, de lo cutre, que posiblemente sea la obra, las ediciones se contarán ya por cientos.
De modo que  el popular dicho queda mejor así: Si quieres triunfar, búscate un lío, hazte mediático y ya está. Si no, ya sabes, a remar, a dar con el mazo... (¿Habrá todavía remos y mazos?).

4 nov 2012

Depresión..

 Queridos lectores que tal vez tropecéis con este blog en el  gran océano de Internet, un ser humano, esta mujer, vuelve con nueva depresión. Lo hago porque, ¡hay tantos y tantas que saben de qué hablo! Tal vez mi sinceridad, mis recursos puedan servirles. No son nada, pero son mucho para quién no se siente capaz ni de beber un trago de agua.

Una vez más, y sin causa aparente, me despierto con una depresión tal que, el amanecer que tanto me gusta, mi café de las seis de la madrugada, mis artículos pendientes, todo, hasta el pensar, se me transforma en una especie de enorme, de gigantesca bola que se me acerca y tengo que tragar.
En mi interior solo unas palabras: No puedo, no puedo. Me siento impotente para dar un paso, para salir de la cama, para beber un trago de agua, impotente total para todo.
No, no se trata de un bajón pasajero, de una hora de astenia… ¡Qué va! Me noto taquicardia y un dolor físico inexplicable. Es como si me doliera la piel de todo el cuerpo. Pienso que es mejor la muerte que sentir algo tan tremendo. Me quiero decir que igual que otras veces, pero me digo que no, que es distinto: Me duele la cabeza, tengo ganas de vomitar, me noto como atascados los sentidos…
¿Llamar a mis hijos? Estarán durmiendo y en una hora correrán a sus hijos, a sus trabajos… ¡No, no los molesto para esto! ¿Qué me pueden decir ellos que yo no me diga? Además, esta es mi vida; ellos tendrán que vivir la suya.
¿Llamar a un amigo/a? ¡Si tengo la impresión de que nadie me quiere, nadie me acepta, nadie se preocupa para nada de mí! Creo que no tengo amigos; ¡ni uno!
¿Llamar al médico? Ya me sé de memoria sus diagnósticos y tratamientos. No, nos los quiero; me duermen, me inflan de pastillas, me dejan más ausente de todo…
¿Y qué hago? ¿Dónde voy así? Tan sola, tan mal….
Como robotizada me visto, decido salir a la calle. Es noche todavía y mi cafetería está aún cerrada.
Doy unos pasos de espera. Nubes bajas, negras, gotas gorda… Acelero el paso, abro el paraguas, me tomo el pulso, acaricio al paso la rama de un arbusto: ¡Ayúdame, pequeño árbol! Huelo un jazmín. ¡Ayúdame, pequeña flor! Me dejo caer en el tronco de un gran árbol de mi Avenida: Tú puedes, árbol. Tú estás vivo y eres gigante; ayúdame. Me detengo junto a un perro que vaga por la calle: ¡Hola amigo! ¿Tienes frío? ¿Tienes hambre? ¿Estás solo? Eres guapo y tienes cara de bueno. Entre tú y yo no hacen falta explicaciones. Me miras, me entiendes, te hablo: ¡Pobre! Tú no puedes vivir sin amor; yo tampoco. Tú necesitas compañía; yo también... Vente conmigo; voy a tomar un café; te invito a lo que pueda darte. Y me habla: Sin más, me sigue pegado a mis botas y bajo mi paraguas.
Un halo de mejoría me noto. Sí, estoy mejor.

Y esto no es un cuento literario, es una confesión de la que no me siento, precisamente, orgullosa.  Es lo que hay, lejos de todo tipo de inventos para rellenar entradas y salir del paso.

1 nov 2012

Carta a mis hijos en este día




Sed conscientes, hijos, más de lo mucho que podéis perder
que de lo mucho que deseéis tener,
porque ahí radica el secreto de la felicidad.


En la madrugada de cada día, vosotros, mi mejor obra, estáis presentes, aquí, en esta vuestra casa, como los niños que fuisteis, como los adultos que sois.
Pienso en vosotros y un sentimiento me pena por el alma: tendréis que madurar y ser sabios, a fuerza de golpes que casi siempre son duros para el que los recibe, si bien, en definitiva, son, no sólo duros, sino nocivos y germen de putrefacción para quienes los propician.
Y es que los seres humanos, en general, se olvidan de su provisionalidad y buscan, ansían, a cualquier precio, el poder, el protagonismo, ahogando, en su absurda escalada, cualquier valor superior que pueda ensombrecer su mediocre actuación en este gran teatro que es la existencia.
De ahí que la mejor manera de alertaros, sobre tales usurpadores, por si en algo podéis sacarle ventaja, sea ésta que hoy, con todo mi amor, os quiero transmitir, al hilo de lo que voy aprendiendo de mi ya largo rodar, sacudida siempre por una corriente que, no obstante, jamás logró arrastrarme, porque, en mi debilidad, tuve coraje de ser roca que, golpeada, sí, sólo fuera demolida por el oleaje de las mareas: jamás por el chantaje, la mentira, la adulación...
No le tengáis miedo a nada, ni tan siquiera a la muerte, si habéis vivido como lo que sois: seres humanos. Tended vuestras manos a todos aquellos que las necesiten, sin mirar el color de su piel o el rótulo de su nombre. Miradlos, sí, a los ojos y encontraréis dentro de ellos un indescriptible misterio que no es otro que aquel con el que todos fuimos timbrados al nacer: vida y muerte.
Vuestra madre, un día ya muy lejano, miró y vio… ¡tantas lágrimas! Oyó y escuchó ¡tantos rumores clamando la piedad de una mano, de una palabra, de un gesto!
Sí, vuestra madre eligió, como única arma para caminar, el amor.
Y no, no me arrepiento porque siento que en mi alma, aún en los momentos de mayor dolor, de más intensa soledad, emerge un haló de paz infinita.
Pero algo más hijos: Conviene, de vez en cuando, volved la vista atrás por si a nuestro paso crecieron, sin ser conscientes de ello, espinas. Habrá entonces que regresar, arrancarlas y en su lugar sembrad rosas.
Y esta madrugada del Día de todos los Santos, con una luna que se esfuma entre nubes, con olor a tierra que me transporta a no sé dónde, con miles de recuerdos, arcaduces de esta noria pequeñita que es mi vida, mis manos quieren teclear el mejor mensaje que pueda escribiros, hoy:
Sed conscientes, más de lo mucho que podéis perder que de lo mucho que deseéis tener, porque ahí radica el secreto de la felicidad.
Y, hoy y mañana, días de cementerios, porque así  han crecido con la tradición, unas palabras más:

No le tengáis miedo a la muerte que, como decía papá, es un "mebrillajo", tenedle,  mejor miedo a la vida indigna, gastada, arruinada  como las ruedas de un carro. Vividla como bola de nieve que se crece y crece al rodar. Os quiero  tanto...