Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

1 oct 2018

Día Internacional de las personas mayores


Cuando sólo tenía doce años, por mi cuenta, en silencio y soledad, allá en mi pueblo, me impuse la obligación de cuidar a una anciana que enferma yacía medio inválida en un camastro. Por casa, una buhardilla sucia y abandonada.
Cada tarde, al salir del colegio, corría con mi merienda en el bolsillo. La anciana,   arrugada como una pasa, con lagos y pobres cabellos blancos, desdentada, maloliente... me inspiraba tales  contradictorios sentimientos que, en mi enorme impotencia, ni entendía ni sabía encauzar.
No obstante, le hacía la cama, la peinaba, le daba algo de comer -siempre de lo que yo llevaba - y la acompañaba.
Me pregunto siempre cómo pude hacerlo. Era tan sólo  una niña. Y la respuesta creo que no es otra que ésta: a pesar de mis pocos años y de mi gran inexperiencia intuía una urgencia: atender a los marginados y, en aquel caso, entonces, y en muchos, ahora, los mayores son objeto de marginación y olvido. Y si es verdad que tal vez el problema de la pobreza no lo sea actualmente tanto, sí lo sigue siendo, y en buena parte, la poca atención que se les presta.
Un mayor debería ser un lujo para la familia, porque nada más tierno, más entrañable, más acogedor que los padres, los abuelos...Por desgracia, más bien son un estorbo, un problema y a veces, como decían ayer en la televisión, objeto de malos tratos por los propios familiares. Es cierto que las capacidades disminuyen y el mayor pierde oído, vista, memoria, agilidad .... , etc. Y se siente solo en su deseo de no molestar, de no importunar, pero, qué pena, cuando, sin entender  la impotencia y soledad que sufren, les recriminamos sus deficiencias: no oyes, no ves, se te olvidan las cosas, etc. etc. Quiero creer que no somos conscientes de que con esas cosas reforzamos sus inevitables achaques.
Reflexionemos y no olvidemos que nos dieron la vida, nos dieron su tiempo, su total atención, nos dieron alimentos, educación, pasaron noches, muchas, velando nuestras enfermedades, privándose de todo por darnos lo mejor, trabajando sin descanso para que no nos faltara lo necesario...
Por favor, ayudémosle a superar sus horas tan bajas, haciéndoles subir la autoestima, haciéndolos útiles para algo,  visitándolos, regalándoles, llamándolos por teléfono, prestándonos a suplir sus muchas necesidades, prestando atención a lo que dicen, contando con ellos en todo lo posible... Nadie en el mundo nos  querrá como nos quieren ellos.
Amigos, como los vemos, nos veremos, y será tarde para hacer aquello que dejamos de hacer por ellos.



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