Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

27 dic 2014

Día de la Sagrada Familia: Carta a mis hijos




Mi gran familia: abuelos, padres tíos, primos, mi hermana Blanca y la "bebeta", como dice  mi amigo Felix, en brazos de mi abuela, soy yo. Faltan mis hermanos, cinco, que aún no habían nacido

Queridos hijos: Como decía Henry Miller, No hay que ordenar el mundo, porque el mundo es la encarnación del orden. Somos nosotros quienes debemos ponernos al unísono con ese orden. Y esto os lo escribo una madrugada de espesa niebla de este mes de diciembre que a dentelladas va finiquitando lo que nos queda de año y cuando acabo de ver a un indigente durmiendo a la intemperie y cuando el primer autobús, como me sucede todas las madrugadas, me emociona su paso. Sí, es el día que vuelve, la vida que empieza con luces y sombras, con desigualdades, injusticias, con desastres… Cansada ya, sí, de muchos trabajos, pero con las manos extendidas siempre al amor, a la ilusión y a la esperanza, os digo: ¡Adelante, hijos! Sois personajes de excepción de este provisional escenario que es la vida. Representad, con la mayor perfección posible, vuestro papel, porque en ello encontraréis la recompensa. Nacimos con un proyecto debajo del brazo: colaborad a que este nuevo Día sea como un luminoso arco iris que, de extremo a extremo del universo, luzca fecundo para todos los seres humanos. No hay, pues, tiempo que perder. 
Somos, hijos, criaturas en cuyas miradas asoma el alba, somos corazón y vida por donde fluye el maravilloso ocaso de cada atardecer. 
Somos himno que entona sueños, mientras tejemos el sutil relámpago que cruza el cielo y lo ilumina en blanca vorágine de altura. 
Somos belleza y amor. Somos, y ahí radica el milagro, solitario bosque de felicidad. 

Y es que la felicidad radica en ese saber encontrar, a solas, la magia de los momentos. 
A vuestra edad, con jóvenes afanes, con la maravillosa familia que cada uno habéis formado, con incesantes problemas, naturales incertidumbres, prisas... se os puede escapar la magia que llega a través de la ilusión, del placer íntimo que, en definitiva, casi siempre queda reducido a ese gran valor: la familia en peligro de extinción, hoy. 
No os dejéis engañar, hijos. El periodista estadounidense H. Carter dice: Sólo dos legados duraderos podemos dejar a nuestros hijos: uno, raíces; otro, alas. Creo que son realidad en vuestras vidas. Que nada, ni nadie os separe jamás y que sepáis usar vuestras alas e izad vuelo cuando la mentira, la vanidad, el orgullo, la envidia, etc. quieran recortarlas y haceros caer. 
No puedo, ni quiero dejaros perecederas riquezas que envilecen a los hombres. Mi única herencia es haberme defendido de los compradores de valores, si bien sus aguijones hacen daño y pueden provocar lágrimas. No obstante, os aseguro, que hoy por hoy es mi mayor felicidad, mi patrimonio, mi herencia. Ya sabéis cuánto os quiere vuestra madre.

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