Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

26 dic 2013

Ser escritor/a


 (Como paréntesis de fiestas)


Luces y sombras en la vida del escritor, una constante

Sinceramente, no me considero experta en nada de nada, pero sí hay algo que, por los muchos años vividos en observación, lectura y escritura, más que nada, he concluido   y que, solo desde mi punto de vista, son imprescindibles para ser escritor a lo que seguiré aspirando todo lo que me reste de vida.  Y con esto trato  de dar mi respuesta a los muchos email que me llegan pidiéndome orientación para  escribir, algo que suelo contestar desde mi  humilde condición de escritora.
Así que allá voy, respetando, como no podía ser de otra manera, cualquier otra opinión. 
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·      Ser escritor/a no es publicar una obra, pagada por uno mismo o editada por alguna editorial, y colgarse el título de escritor y pasearse con la cabeza alta por aquí y por allí.

·      Hay quién dice que el escritor se hace. Para mí, nace, crece y se multiplica. Tal vez todos  somos capaces de dibujar una casita, pero no nos convierte en creativos pintores. Si acaso en mejores dibujantes.

·      Ser escritor es sentir una constante e inevitable inquietud por, crear,  contar comunicar…  Y esa inquietud no tiene límites, ni horas, ni días, ni circunstancias. Es como una exigencia que conlleva disciplina, perfeccionamiento constante, retiro, soledad, ir por el mundo  observando, interiorizando, conociendo, tomando notas de palabras, gestos, hechos...

·      Ser escritor es sentir y vivir la obra como si se tratase de una segunda existencia: habla con sus personajes, ríe o llora con ellos,  jamás los abandona por cansancio u otros  intereses o hobbies.

·      El escritor  no se contenta con lo primero que se le ocurre: Piensa, madura, elije,  lee, relee, corrige posibles incoherencias en  lugares, personaje, diálogos, etc. Imita  voces, leyéndose en voz alta, presta oído a lo que dicen, piensan, actúan… (Personalmente creo que es  necesario tener buen oído)
·      Ser escritor  es ser  flexible con las exigencias que le va imponiendo su obra sintiéndose obligado   a cambiar su guión cuantas veces sea necesario.  No tiene prisas. Empieza una vez y otra  hasta que encajan a la perfección las piezas de su puzle.

·      El escritor tiene que estar convencido de que su obra no será una más parecida a otras, sino auténtica creación que aporte algo nuevo sin tener que recurrir a modas ni a textos leídos.

·      El escritor no escribe para lectores ni para editoriales. Escribe, sobre todo para él, aunque legítimamente  busque trascendencia.

·      Ser escritor es sentir, que ante cualquier  pequeña observación que de alguna manera lo conmueve, surge el botón creativo que día a día le impulsará a dedicarle tiempo, reflexión, renuncias, posibilidades, etc. como si  dentro de él fuera creciendo una criatura, su obra, que no abandonará  hasta  estar lita, madura para tomar sus propios derroteros.

·      A ser escritor no se aprende en más escuela que la de la vida observada, escuchada o vivida. Tal vez se pueda aprender a escribir, redactar correctamente, pero la creatividad, primer ingrediente del escritor, es una especie de intuición que no admite más aprendizaje que la perfección.

Como anécdota quiero terminar hoy, con algo que me conmovió profundamente: Leía en aquel entonces, un obra inédita de más de mil páginas, cuya lectura, un auténtico plomo,  me martirizaba a pesar de una ortografía, construcción de frases, etc. perfectas. Un chico de unos treinta años, llegó una de aquellas tardes a mi casa: Isabel –me dijo-, quiero pedirle, por favor, que eche un vistazo a esto que he escrito y me diga, con toda sinceridad, qué le parece.
La verdad que me emocionó fue descubrir una bellísima y original historia contada en un desastre de la más  elemental gramática. Sí, allí había un gran  escritor. En las mil páginas había  un gran conocedor de la lengua pero no un creador  

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