Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

9 ago 2014

Luna de agosto

Queridos amigos/as: Unas bellas fotografías y un poema, ni bueno ni malo, pero sí expresión de mis mis más sinceros sentimientos en esta calurosa madrugada del mes de agosto


Yo quiero ser siempre noche,
con luna llena por techo,
con tambores nazarenos de fondo en mis silencios,
con arrullos de ardientes amores ciñendo mi cuello.

Desde mi terraza, horizontes de largos caminos
que me llevan y  traen como frágil vilano,   
a ese mundo de lejanías en el que quiero
seguir encontrando…
 tejados por donde corra la lluvia,
torres catedralicias con carillones de nostálgicas campanadas,
claustros y conventos con rezos de vísperas en coros,
y quiero seguir encontrando molinos de viento,
charcos y alcantarillas, atestadas de chaparrones,
y ese lugar de mis sueños de siempre:
agua, jardines, ríos, canciones, niños…


Sí, yo quiero ser siempre noche,
con sueños irisados de juegos en  en horas de libertad,
con horizontes de brazos abiertos  al purpúreo goteo de la  alborada...
Luna lunera cascabelera.

6 ago 2014

Lecturas de verano: campanas

     (Imagen de Internet)
DOBLAN las campanas y esparcen un halo de muerte que cala a golpes en el alma. Pero no habrá jamás muerte ni vacíos en mi casa porque el amor no muere; es eterno.  Y lo sé porque la vida segada de los que amé se trueca paisaje de amapolas y trigales en las mañanas, nueva luz al unísono de mis pasos. Pero, ¡mejor no dobléis, campanas! Me traéis el recuerdo oscuro, sombrío de aquella niña que fui, escondida al paso de cortejos fúnebres, espantada ante el osario allá, en el cementerio del   pueblo.
¡Mejor no dobléis! Me traéis recuerdos de aquella niña pendiente cada amanecer de vuestra voz siempre madrugadora a entonar himnos de muerte.
¡Repicad a gloria! ¡Entonad, majestuosas, himnos catedralicios a la vida! ¡Cómo se eleva mi alma imaginando el carillón de una plaza cualquiera, al atardecer, cogida por la mano, en silencio de palabras, en complicidad de almas!
Que por el universo se expanda el Aleluya de Händel, el himno a la libertad de Verdi! ¡Necesito oírlos, aquí, ahora! No me asusta la muerte si en ella hay campanas  de gloria, himnos de vida…
¡Qué rojo está el horizonte! Es el ocaso de un día y la alborada del siguiente. 
No, no temáis, queridos míos, no doblan por vosotros las campanas. Tañen, sí, pero tan sólo son remos izados al viento que no escucho. Vuestros pasos, sí, ramillete de sonoros gorjeos por la arena que rompen la niebla espesa de este Ángelus crepuscular.
¡No dobléis, campanas y echad a vuelo la lenta y musical hora de cada día!











2 ago 2014

Lecturas de verano: Atardecer en la sierra



UNA bandada de palomos surcan los cielos de esta sierra, rincón del mundo, silencios entronizados en mi alma. ¡Hace ya tantos años!
Pero los ecos que vagan por el azul pardo de este atardecer se tornan susurros en flujo de vibraciones que me corren por los pulsos y perpetúan la belleza del amor vivido
Un palomo, dos, tres… En arrullo de amores revolotean por mi cielo crepuscular, y mi alma en armonía con la paz de esta sierra, entona canciones, viejas y nuevas. Canciones, sí, al azul del cielo, al azul del mar, al negro oscuro de esta sierra donde mi nada se confunde con los mil olores de la tierra, donde mi nada se iza  también en vuelos blancos, donde mi nada se pierde reverente ante tanta belleza.
Pero mi canción sigue y sigue, plegaria que se aúpa en la copa de esta misteriosa tarde, abrazando la luz infinita de tantas estrellas rotas. No importa el color, no importa mi nada; tan sólo mi canción.  
Y esta bandada de palomos, libertad y brisa, caudal de mi atardecer en esta sierra que ya empieza a ser triste y  oscura.