Mis pensamientos, poemas, cuentos... de Isabel Agüera

2 ago 2009

NÉCTAR DE LA VIDA

De mi obra, Néctar de la Vida: Sencillas reflexiones sobre lo mucho que tenemos y, no obstante, tan sólo nos preocupa lo mucho que creemeos nos falta.

¡POBRES seres humanos a la caza de la felicidad!
La esperan mañana, pasado, el otro... La esperan regalada, gratis...
Pero la felicidad sólo son momentos, y viven, y están... ¡claro que están!, pequeñitos, raudos, vertiginosos... en el transcurrir de los días.
Para mí, en este atardecer otoñal, en el poyo de este jardín, respirando el vaho mágico de esta hora, tierra mojada de un precoz chaparrón...
Para mí, en la hoja que cae, en el tren que pasa, en el papel que vuela, en el amanecer negro de nubes...
Para mí, en el recuerdo de momentos vividos al rescoldo del amor...
En este, mi momento presente...
En éste mi único momento
¡No puedo esperar a otro!
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UNA noche, con una caracola en el oído, me quedé dormida.
Soñé que era una ola chiquita y que jugaba con niños en la playa.
De pronto, se levantó viento y me transformó...¡sí, sí..! en ola gigante que rugía y espantaba juegos, arrasaba sueños, tornaba la alegría de los niños en árido paisaje de rocas, pedruscos, miedo, noche, frío...

Cuando desperté, me dije: Haré siempre lo posible por ser ola pequeñita; los niños, mi trabajo, mi sueño, mi vida..., jamás tendrán que huirme.

Sí, seré para ellos caricia.
Sí, seré para ellos cuento.
Sí, seré para ellos paisaje de sueños...
Para ellos, sí; también para mí, para todos...
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ME descubro, y guardo silencio, cuando un coche fúnebre se me cruza en el incesante tumulto de tráfico y gente que son las calles de la ciudad.
¡Un minuto de silencio, por favor!
Descubríos, amigos. Respetad a este último recorrido por nuestras calles, camino de sus largos pasos, y entre la gente que, durante muchos años, lo saludaron al paso.

¡Inclinad la cabeza, amigos...!
¡Un minuto de silencio, por favor!
¡Tan sólo un minuto...!
¡SILENCIO...!
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HOY, en este poyete de la plaza, frente a la escuela, quiero recordar al viejo Miguel.
Aquí se pasaba el día esperando a que su nieto, aquel pequeño de babi blanco, saliera del colegio. ¡Sólo un día faltó!
Y el pequeño, con la cartera a rastras, al verme, exclamó: ¡Se ha muerto el abuelo!
Ahora lo recuerdo y, en sus ojos ruinosos, una mirada opaca que no obstante, sonreía.
Y unas palabras siniestras en sus labios secos: Niña, ¿yo qué hago ya aquí?
Sí, comido de arrugas, comido de achaques...
¡Sólo un día faltó!
El día que dejó el poyete y se fue con DIOS.
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1 comentario:

isabel maria dijo...

Preciosos pensamientos. Me gusta todo lo que escribes, Isabel. Deseo conocerte. Un abrazo